La muerte se volvió a florear, esta vez a metros del barrio Toba
Desde un auto dispararon contra un muchacho que estaba en un carrito de comidas de Maradona y Rouillón. Recibió 6 balazos. Una nena herida.

Jueves 11 de Febrero de 2021

El martes, alrededor de las 21.30, la muerte se volvió a florear por las calles de Rosario. Esta vez fue en el barrio Toba. Desde un auto blanco, un VW Suran para los vecinos, partieron al menos media docena de disparos calibre 9 milímetros que buscaron hacer foco en Nicolás Michel Gauna, un muchacho que supo vivir en el barrio pero hace un par de años se mudó. Al momento del ataque Gauna estaba en el carrito de comidas rápidas que uno de sus amigos puso a funcionar el jueves de la semana que pasó. Recibió media docena de heridas en el tórax, el brazo izquierdo, los glúteos y la región lumbar. Su amigo y vecinos lo trasladaron al Hospital de Emergencias en un auto particular y en estado desesperante. Los médicos nada pudieron hacer por él. A la hermana de su amigo, una nena de 8 años, un disparo le atravesó el muslo de su pierna izquierda. Sus familiares la llevaron al hospital de Niños Víctor J. Vilela donde quedó internada sin que su vida corra peligro.

“Lo que se dice en la calle es que el pibe muerto había tenido algún problema con gente muy cercana a Los Monos. Lo estaban buscando. Él lo sabía pero lo encontraron antes de darle chances”, indicó un conocedor de la zona. La investigación quedó en manos de la fiscal Georgina Pairola, quien comisionó a efectivos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) para que trabajaran sobre el territorio recabando testimonios y relevando cámaras de videovigilancia en las inmediaciones.

A la altura de calle Maradona, Rouillón es una avenida que divide en dos a la zona sudoeste, sus barrios y sus problemáticas. Al oeste quedaron el barrio Toba con su población de pueblos originarios, el Fonavi de Rouillón y Seguí, Bolatti y La Lagunita, entre los más conocidos. Al este, el Hipotecario, el Policial y más allá Avellaneda Oeste y la Vía Honda.

Cada barrio con sus problemas específicos pero todos atravesados, como una moneda de uso común, por una violencia desmesurada que tiene como combustible a la droga en diferentes exposiciones. Droga como detonante, como cultura, como venganza, como rivalidad, como ajuste por deudas, como moneda de pago o de intercambio. La droga, siempre la droga atravesando el diario vivir de los vecinos de la zona sudoeste, territorio que desde hace un par de años no deja de presentar nuevos focos de violencia.

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El sello detrás del asesinato de Nicolás Michel Gauna dejó mudos a la mayoría de los familiares de los protagonistas del hecho. Y también a sus vecinos más inmediatos. Al menos media docena de vecinos consultados por este diario en el cruce de calles puesto bajo la lupa respondieron con una sonrisa y un “yo no estaba” a la pregunta sobre “si conocían qué había pasado el martes a las 21.30 en esa esquina”.

Otro vecino, el séptimo en el mismo sector parado ante uno de los dos o tres manchones de sangre en menos de diez metros, dijo: “Esa sangre es de dos perras que están alzadas e indispuestas y se agarraron a mordiscones. De lo que pasó anoche no sé nada”. Estos testimonios llevaban a inducir que la noche del crimen, en un radio de 70 metros del lugar del asesinato, todos los vecinos habían salido o no estaban en sus casas.

En el carrito. El jueves pasado un carrito de comidas rápidas comenzó a trabajar en la esquina de Maradona y Rouillón, frente al taque de agua, que le suele prestar su nombre a la feria también conocida como “La Saladita de Rosario” que desde esa esquina se extiende a más de 20 cuadras y funciona los sábados, domingos y miércoles por la mañana. En esa esquina también tienen parada los coches de la línea 110 del transporte urbano. El carrito, íntegramente pintado de blanco y con ruedas, todas las noches estaba colocado dándole la espalda al centro de salud “Toba”, ubicado en Taraguec (calle paralela a Rouillón) 4320, sobre el lado del barrio de población originaria.

“No hace mucho que el carrito está ahí. Empezaron a trabajar el jueves pasado. Es del hermano de la nena baleada, que a su vez es amigo del muchacho asesinado. El pibe muerto antes era del barrio. Vivía por calle Liniers. Hace un par de años se mudó. Pero siempre venía al barrio a ver a sus amigos”, describió una de las vecinas de la zona, fuera del radio de mutismo, a unos 50 metros de la escena del crimen.

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Según se pudo reconstruir del diálogo con vecinos de la zona, el martes a las 21.30 en el carrito había al menos cinco mayores, entre ellos Gauna, y dos pequeños: la nena de 8 años y un nene de 4 años, hijo del pibe asesinado. Y en los alrededores del carrito había entre 20 y 30 vecinos realizando distintos trámites y mandados de cierre de día. Los vecinos coinciden en que a la hora señalada un auto color blanco, posiblemente un VW Suran, se aproximó desde el norte por Rouillón y al llegar a Maradona aminoró su marcha mientras doblaba al oeste.

“Yo escuché los disparos y vi que el auto doblaba por Maradona al fondo. Dicen que más adelante casi atropelló a una mujer. Al llegar a la esquina de la placita (altura de Garzón), dobló y tomó por Aborígenes Argentinos hasta la colectora de Circunvalación. Por esa zona hay cámaras”, explicó un residente. “Nosotros estábamos fumando unos metros atrás del carrito y cuando vimos que el auto doblaba y empezaban a tirar, nos cagamos todos”, agregó otro muchacho de la zona.

El fuerte de los disparos hicieron blanco en Gauna. “Se notaba que estaba muy mal herido. Todo ensangrentado _comentó uno de los vecinos mientras se señalada el costado izquierdo del cuerpo_. Cuando lo cargaron para llevarlo ya estaba muerto”, indicó. Uno de los proyectiles perforó el muslo de la pierna izquierda de Lola, de 8 años. “A la nena los familiares la cargaron en un auto y se la llevaron al hospital de Niños”, explicó otro vecino.