La mafia se cobró el trabajo de un comerciante de barrio Ludueña Sur
Luego de tres violentos episodios en una semana un comerciante decidió cerrar las puertas de su negocio de Solís al 300

Viernes 10 de Diciembre de 2021

La mafia se cargó otro comerciante. Se trata de “Bigote”, que llevaba 18 años de antigüedad al frente de una carnicería en barrio Ludueña Sur, se hartó, cerró su negocio y se fue. Luego de involucrarse para evitar que una banda mafiosa le usurpara sus departamentos a algunos vecinos de los monoblocks, el hombre comenzó a ser hostigado de manera extorsiva hasta que ayer le prendieron fuego el frente del comercio.

La saga de ataques contra el comerciante había comenzado el domingo con una balacera contra el frente de la carnicería, pollería y granja de Solís al 300 a la que bautizó con su propio apodo. Las esquirlas de los vidrios estallados le lastimaron los brazos a Bigote. El lunes un ladrón entró al negocio y le robó el celular a una de sus hijas en un hecho que terminó en una golpiza a la manera de linchamiento contra el delincuente que no pudo escapar porque no arrancaba la moto.

Y luego del ataque del jueves Bigote entendió que se encontraba solo ante un rival con poder de daño incalculable. Llamó un flete. Cargó las heladeras, las estanterías metálicas y exhibidores de mercadería, la sierra de carnicería y se fue. Y sus vecinos lo vieron irse, con lágrimas en los ojos, en medio de un velatorio a negocio cerrado. Muy pocos de los comerciantes y vecinos quisieron hablar con la prensa. Sólo quedó el mensaje: “Que alguien nos ayude, porque después seguimos nosotros”.

En ese marco la tarde del jueves fueron imputados de robo el asaltante golpeado el lunes y también un hombre sindicado como quien habría disparado contra el negocio el domingo pasado.

Lógicas

Ludueña sur no escapa al contexto que predomina en los barrios periféricos de raíz obrera de la ciudad. Lugares donde se vive y se sobrevive a lo guapo. Una especie de supervivencia del más apto en el que matones de bandas de extorsionadores manejan la sensación térmica de una barriada. Y el vecino que no tiene el temple o no cuenta con la solidaridad de sus pares no sobrevive. Pierde. Así se pasa de nivel, como si se tratara de un juego en red. Se cambian los nombres de los protagonistas, pero el juego sigue a pie puntillas.

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Durante las últimas dos décadas Bigote tuvo su carnicería en Solís entre Navarro y Tucumán. Con el correr de los años le metió horas de trabajo y además le sumó pollería y granjita. Sus vecinos lo definieron como “un buen vecino” y “solidario: un tipo que colaboraba como los comedores barriales de la zona y con los vecinos que a veces no tenían para pagar toda la cuenta”.

Pero hubo algo que hizo el comerciante que molestó a quienes pretenden manejar la vida cotidiana del vecindario. “Se metió a asesorar a un par de vecinos a los que les querían usurpar sus casas y chau, lo marcaron y lo expulsaron del barrio”, explicó uno de los pocos vecinos que habló con la prensa con algo más que frases cortas.

“Estaba claro que no lo iban a dejar trabajar. Y lo hicieron cerrar”, describió el mismo vecino una situación que visibiliza una lógica perversa que parece circular con rango de ley por las calles del barrio.

Semana de terror

El domingo pasado desde una moto dispararon varias veces contra el frente del negocio de Bigote, que resultó lastimado en los brazos por las esquirlas. Sin embargo el día siguiente parecía transcurrir sin novedades hasta que pasadas las 20 del lunes un hombre de 27 años identificado como Marcelo R. llegó hasta la puerta del comercio a bordo de una moto Honda Twister 250 blanca con detalles naranja metalizado y negro.

R. estacionó en la vereda e ingresó al local donde, a punta de pistola, le sustrajo el celular a unas de las hijas de Bigote. El plan parecía funcionar hasta que volvió a sentarse en la moto para emprender la huida y la Twister —luego se establecería que ese vehículo había sido robado— nunca arrancó. El asaltante hizo algunos disparos al aire para cubrir su escape a pie pero los vecinos lo alcanzaron y no sólo se lo impidieron sino que le dieron una golpiza de antología que lo dejó internado en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca).

Esa acción permitió a la hija de Bigote recuperar su celular, que tuvo que ir a buscar a la comisaría 12ª. Mientras la chica se dirigía a hacer ese trámite se topó con la persona que el domingo había llegado hasta la carnicería en una Honda XR 250 Tornado negra y comenzó a disparar contra el frente.

La muchacha no dudó: alertó a efectivos del Comando Radioeléctrico que estaban en la puerta de la seccional 12ª y así fue detenido Raúl Gustavo C. Pero, desafiando las leyes de lo razonable, al ser requisado el sospechoso intentó sacar un arma de su cintura para agredir a los uniformados. “Por eso hubo que hacer un disparo con munición antitumulto”, explicó una fuente policial el día de la detención.

Mudanza a ningún lugar

Con Marcelo R. y Raúl C. a disposición de la Justicia para ser sometidos a sendas audiencias imputativas, el frente de la carnicería de Bigote amaneció el jueves con las marcas del tizne de un ataque incendiario del que también daba cuenta un bidón chamuscado hallado sobre la vereda. El comerciante entendió que era suficiente: llamó a su esposa y a sus hijas, pidió un flete y comenzó con una mudanza hacia ningún lugar.

Algunos comerciantes de la cuadra donde hay media docena de locales lo ayudaron en medio de palabras de aliento y lágrimas de indignación. “Da mucha tristeza porque son buenos vecinos. Honestos”, explicó una vecina.

“Ustedes no se ven. Pero para el que vive acá es sencillo saber quién habló con la prensa, es muy fácil: «habló el que se puso a charlar con uno que no era del barrio». Y acá todos están mirando todo el tiempo. Siempre uno te ve. Y entonces te pasa la de Bigote”, explicó una vecina con la voz tomada por la bronca.

Así, a la misma hora en la que el flamante subsecretario de Seguridad Jorge Bortolozzi contaba los proyectos de la relanzada cartera en distintas radios, la vida comercial de Bigote en Ludueña Sur comenzaba a ser historia. Y en el interior del local, un cartel rezaba: “Dios siempre nos da fuerzas para el próximo paso”.

Dos imputados

En ese contexto el jueves a la tarde Marcelo R. y Raúl Gustavo C. fueron imputados por el fiscal de Flagrancia Adrián Mac Cormack. El primero fue acusado por los delitos de tentativa robo agravada por el uso de arma de fuego; amenazas doblemente agravada por uso de arma de fuego y por tener como propósito compeler a la víctima a hacer abandono de su residencia; intimidación púbica y portación de arma agravada por tener antecedentes con el uso de armas de fuegos. Y el segundo, por portación de arma de guerra; abuso de armas; amenazas calificadas por uso de armas de fuego e intimidación pública. El juez Gustavo Pérez de Urrechu le dictó a Marcelo R. prisión preventiva por el plazo de ley de hasta dos años. En tanto, Raúl C. quedará tras las rejas en principio por una semana hasta que se haga una rueda de reconocimiento.