Domingo 28 de Febrero de 2010
La decisión política del gobierno santafesino de pasar a retiro a 80 oficiales superiores de la
policía provincial por haber cumplido 30 años de antigüedad en la fuerza, deparó un verdadero
tembladeral en las filas, principalmente en la Unidad Regional II. Y eso se debió no sólo a las
intrigas palaciegas que toda renovación genera, y que son legítimas por las aspiraciones de
aquellos con cualidades de ocupar los máximos peldaños de la gestión, sino por el nuevo entuerto
cometido por las autoridades del Ministerio de Seguridad cuando desde sus despachos echaron a rodar
un nombre que, al tomar estado mediático, fue severamente cuestionado. Entonces hubo que hacer
marcha atrás, barajar y dar de nuevo. Así, el comisario Oscar Barei tendrá mañana su último día al
frente del edificio de Ovidio Lagos al 5200 y dejará el lugar a quien hasta ahora es su segundo, el
comisario mayor Marcelo Casajuz, un hombre de perfil bajo y buena aceptación entre los uniformados.
Su designación se conoció extraoficialmente el viernes y, aunque ayer ningún funcionario del
gobierno quiso confirmarlo, nadie lo negó. La asunción se realizaría la mañana del martes.
“En Rosario los policías vivimos el día a día. No sabemos cuándo
te va a tocar perder”, dijo ayer un alto oficial ante la consulta de La Capital sobre el
estado que se vive en la Jefatura ante los inminentes cambios. Es que el miércoles pasado se
conoció la decisión política del gobierno provincial de jubilar a 80 comisarios, entre ellos Oscar
Barei, quien asumió el pasado 20 de diciembre sabiendo que su gestión tenía fecha de vencimiento.
Entonces, los corrillos para conocer a su sucesor no pararon de generar ecos. Así se llegó al
jueves, cuando se conoció desde los mismos despachos del Ministerio de Seguridad que el hombre
elegido para hacerse cargo de la Unidad Regional II era Hugo Fornero, jefe de la División
Judiciales de la Jefatura.
Pero apenas se conoció el nombre de Fornero y frente a la puerta de la
División Judiciales hacían cola para felicitarlo, a las redacciones de los medios comenzaba a
llegar una denuncia del concejal Alberto Cortés (Partido Socialista Auténtico) basada en una
investigación del periodista Carlos Del Frade. Allí se desnudaba el pasado del comisario elegido y
se hablaba de su vinculación en tres episodios ya resueltos por la Justicia: facilitamiento de
prostitución de menores (archivada), uso de combustible oficial en su auto particular (sobreseído)
y apremios ilegales en una comisaría de la zona oeste (archivada). Así, sólo bastó un día de
exposición mediática de Fornero para que el gobierno reviera la decisión y lo mandara al
cadalso.
El elegido. ¿Cómo llegó a ganarse un lugar Fornero en la sucesión del comisario
Osvaldo Toledo, hoy número uno de la provincia? El 22 de diciembre pasado el Ministerio de
Seguridad anunció que el comisario Oscar Barei, hasta entonces jefe de la Unidad Regional con
asiento en Cañada de Gómez, iba a encabezar la fuerza en Rosario. El subjefe sería el comisario
Marcelo Casajuz, quien estaba a cargo de Orden Público, es decir la repartición de la cual dependen
las 8 Inspecciones de Zona en las que se divide el departamento y que concentran todas las
seccionales y subcomisarías de la unidad.
Pensando en un orden de mérito para llegar a la Jefatura, dicen los que
saben que Orden Público está en un plano de igualdad con Unidades Especiales (Homicidios,
Investigaciones, Leyes Especiales) y Cuerpos (Comando Radioeléctrico, Patrulla Urbana e
Infantería).
Una semana después del nombramiento de Barei, era vox populi en las
calles y pasillos de la ex Fabrica Militar que el nuevo jefe tenía fecha de vencimiento para marzo
de 2010. “Hay que esperar hasta marzo, cuando estén los cambios”, decían por lo bajo
los uniformados con aspiraciones. Incluso, el mismo Barei decía en charlas de café que estaba
“de paso”. Desde ese momento las intrigas palaciegas comenzaron a mover la usina de
rumores. Y el nombre puesto para la sucesión era el de su segundo, Marcelo Casajuz, uno de los
pocos aspirantes que puede soportar la exposición pública y, como dijo un vocero del gobierno,
“soportar el paso por el escáner”. “Es prolijo y tiene perfil bajo. Un tipo que
donde estuvo cumplió”, sintetizó uno de los jefes que se animó a conversar sobre el tema.
Cambio de rumbo. Quienes conocen a Casajuz destacan que, aunque ser jefe de
Rosario es un anhelo común a todos los policías que han pasado por la ciudad, “el hombre
prefiere algo más tranquilo”. Y esa calma él quería encontrarla en una regional asentada en
algún departamento cercano a la gran urbe. Así, el nombre de Casajuz —quien supo estar a
cargo de la comisaría 15ª, ser subjefe de Unidades Especiales y encabezar la Inspección de la 8ª
Zona— comenzó a sonar fuerte para suceder a Daniel Barrile en la Jefatura de Casilda. Incluso
más, dicen en Jefatura que quien iba a secundarlo allí era el propio Fornero.
Pero hubo algo que impidió que eso se cristalizara y el actual jefe de
Judiciales en Rosario apareció como un tapado para la Unidad Regional II. “El Gordo (Fornero)
tiene las manchas que cualquier policía de su antigüedad y con aspiraciones al trono puede
tener”, aseguró un oficial.
Fornero no soportó las 24 horas de ataques a manos del concejal Alberto
Cortés y, aunque las tres causas que se le enrostraron están cerradas por la Justicia, su nombre
cayó en el tacho de la basura. Fue víctima de algo casi cotidiano en el toma y daca de policías y
cronistas: los antecedentes. Siempre que hay una detención se habla de los antecedentes del preso.
Pero jamás se aclara cuáles de esas causas siguen firmes. Y además, los oficiales se preguntaban:
¿puede Fornero hacerse cargo de la Jefatura cuando en su campaña en Judiciales llevó adelante
decenas de sumarios contra policías en actividad?
Armar el rompecabezas. Caído el nombre de Fornero, en los despachos oficiales
barajaron y dieron de nuevo. Entonces, los días de tranquilidad que Marcelo Casajuz esperaba pasar
en Casilda pasaron a ser una utopía y desde el martes tendrá que vestirse como jefe rosarino.
“Todos los oficiales de Rosario sabemos que la Jefatura es una picadora de carne. Que te
ponen hoy, que salís peinadito para la foto, y que en un año te pasan por la trilladora. Como están
las cosas nadie se desvive por ser el jefe”, analizó un oficial.
Pero los problemas para Casajuz no terminarán con la permanencia en
Rosario. El pase a retiro de los 80 comisarios con 30 años de antigüedad (26 cumplen funciones en
Rosario) generó que tres de los ocho inspectores que manejan las comisarías de Rosario se vayan
esta semana. A esto habría que sumarle otro rumor de que al menos otros tres serían puestos en el
freezer por diferencias con la conducción de la provincia. Y que uno de los dos restantes ocuparía
el lugar de jefe de Orden Público que venía cubriendo el comisario Casajuz desde que es segundo de
Rosario.
Además, hay que tener en cuenta el contexto en el que están los casi 6
mil policías rosarinos, un número irreal si se piensa en el alto números de carpetas médicas y
disponibilidades preventivas que no hacen otra cosa que aumentar la angustia de jefes y tropa.
“Hoy (sábado) nadie sabe oficialmente si va a tener ascenso. Todo es por el boca a boca. Pero
nadie tiene un papel firmado que diga cuál es su rango y dónde lo van a poner”, dijo, no sin
angustia, un oficial. Menuda tarea para Marcelo Casajuz y su gente.