Miércoles 09 de Noviembre de 2022
No hubo velatorio para “Gaspi” y el “Vasquito”, dos víctimas de la violencia armada que azota la ciudad. Uno fue sepultado en silencio. El otro fue cremado. Gaspi era el apodo por el que se reconocía a Gaspar Claudio Alejandro Corapi, un electricista de 28 años sindicado como vendedor de drogas en la zona noroeste de Granadero Baigorria. Un muchacho que desde hace al menos dos años estaba en la mira de los sicarios y que el 26 de diciembre de 2020 zafó de un ataque a tiros en la bajada Formosa de esa ciudad, hecho en el que resultó asesinado Facundo Contreras, quien era ajeno a cualquier conflicto. El otro, el Vasquito, se llamaba Bruno Diosnel Anzoategui, tenía 33 años y era primo de Corapi. Trabajaba reparando y vendiendo celulares y era fana de iRacing, un videojuego en línea que simula carreras de autos. Oficialmente destacaron que era ajeno a todo hecho ilegal. Ambos fueron ejecutados a balazos en el interior de un Volkswagen Vento blanco el viernes a la tarde detrás de la planta de La Virginia, en el pasaje Schork y Nicaragua, en el barrio Larrea.
Para los vecinos de Granadero Baigorria este doble crimen expuso dos figuras antagónicas. Gaspi Corapi, apuntado como un transero que en los últimos meses tuvo un crecimiento económico que no pasó desapercibido para ninguno de los vecinos del barrio Santa Rita y que el propio protagonista no evitó ostentar. El Vasquito Anzoategui, un muchacho que cuidó de uno de sus abuelos hasta su muerte por Covid en medio de la pandemia y que estaba ultimando detalles para la inauguración de un quiosco en el barrio Los Robles de Granadero Baigorria. La confusión en la identidad de Anzoategui, desde el momento del crimen y hasta el lunes oficialmente se indicó el nombre de otra persona, tiñó la historia de oscuro dramatismo. Y si no fuera suficiente con lo narrado, Gaspi era papá de una nena pequeña y el Vasquito hijo único.
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El viernes, minutos antes de las 17.30, Corapi manejaba un VW Vento blanco por un sector de barrio Larrea que alguno de sus vecinos reconocen como Jardín de Fisherton. A su lado iba su primo Bruno. “El que manejaba el Vento blanco estaba como perdido. Dio un par de vueltas y cuando venía por Schork, antes de poder doblar en Nicaragua, un Toyota Corolla lo encerró. Bajaron dos tipos y los acribillaron. No les dieron tiempo a nada. En la jugada también había un Volkswagen Gol color gris”, explicó un vecino del barrio. Corapi recibió cuatro impactos en la región cervical y Anzoategui fue alcanzado por cinco disparos en el tórax, la espalda, una mano y el antebrazo. Los ejecutaron con armas de diferente calibre: una 9 milímetros y una 11.25.
Juego de víctimas
La reacción en redes sociales ante esta ejecución con más de una víctima, la número 14 en lo que va del año en el departamento Rosario, puso blanco sobre negro sobre la vida de Gaspi. “Al que buscaban era a Gaspi y la terminó ligando el pobre Bruno. Gaspi ya había zafado de que lo mataran cuando terminó siendo asesinado Facundo Contreras, otro que nada que ver”, comentó un vecino del barrio Santa Rita haciendo alusión a lo ocurrido la noche del sábado 26 de diciembre de 2020 en la bajada Formosa y el río.
Aquel día, alrededor de las 21.30, en la ribera del Paraná de la ciudad de Granadero Baigorria, Facundo Contreras compartía unas cervezas junto a un grupo de amigos cuando desde un Renault Clio gris le dispararon al grupo. El muchacho, un estudiante de nutrición de 25 años que había regresado recientemente de Brasil para pasar las fiestas con sus seres queridos, recibió un balazo en el pecho que lo mató. Fue Gaspi quien trasladó en un auto a Contreras hasta el hospital Eva Perón.
Ese asesinato motivó conmoción pública en la sociedad baigorriense y desde los primeros pasos de la investigación, en manos del fiscal Alejandro Ferlazzo, se supo que el objetivo del ataque eran “uno de los hijos de Daniel «Dany» Godoy» (sindicado narco del Cordón Industrial) y Copari. “Ese ataque era para Gaspar. Lo querían matar hace tiempo y él lo sabía”, comentó una vecina.
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La pesquisa develó que tras el ataque estaba Nicolás Gabriel Lezcano, cuñado de Pablo Leonel “Finito” Sosa, asesinado en agosto de 2021 en el barrio Tiro Suizo del sur rosarino. A partir de esa fecha la banda de Finito quedó en manos de Lezcano, quien fue acusado como coautor del crimen de Contreras. Según la acusación, Lezcano _quien cayó detenido en mayo de 2021 en un departamento de Balcarce al 1400_ es la cabeza de la organización. En marzo pasado fue acusado, además, por el asesinato de Luis Eduardo Campos, ocurrido el 30 de septiembre de 2021 en la plaza de Martín Fierro y Salvador Maza, en el barrio La Florida.
Este miércoles el fiscal Ferlazzo presentará la acusación, paso previo a la audiencia preliminar, contra Lezcano y otras cinco personas por siete legajos vinculados en los que figuran delitos de asociación ilícita, al menos dos homicidios, tentativas de asesinatos, usurpaciones, robos, balaceras contra personas e inmuebles entre otros hechos.
Con tinte mafioso
“Fueron a comprar falopa, les hicieron una cama y los mataron. Ahora murió el que tenia que morir en la bajada Formosa. Ahí murió un inocente. «Gaspi» vendía droga en la barranca, atrás del camping y se la pusieron. ¿Está mal? Murió en la suya. Una pena por Bruno que se la llevó gratis”, explicó otro vecino de Santa Rita. “Ya había tenido avisos. Incluso antes de los de la bajada. Hace un par de años uno de sus amigos apareció asesinado cerca de la planta de Liliana”, indicó otro conocedor del barrio en relación al crimen de Santiago Ezequiel Arloro, un joven de 21 años asesinado sobre la colectora de la autopista a Santa Fe en el límite entre Granadero Baigorria y Capitán Bermúdez. Su cuerpo tenía impactos en la parte superior de la espalda, la oreja derecha y el brazo izquierdo. Fue hallado en el ingreso a una chacra 600 metros al oeste de la fábrica de electrodomésticos Liliana, ubicada en el kilómetro 4.5 de autopista.
“Gaspar tenía problemas con los hijos de Marcelo «Coto» Medrano. Puso mucha plata en los últimos meses para que no le balearan su casa o la de sus pariente. Puso mucha plata para evitar que lo mataran. Mucho más que un palo puso”, indicó un vecino que conocía a Copari. “Pero en los últimos meses tuvo un crecimiento económico imposible de definir. Venía cambiando de autos. Y ese tipo de plata trae siempre problemas. Sólo en el barrio andaba tranquilo, lo que ya de por si era un peligro en si mismo. A lo mejor sumó nuevas broncas que uno no sabe. Lo que si está claro es que el doble crimen dejó mucho miedo. A ninguno de los dos los velaron. Ni a Gaspi ni al pobre Bruno, que se la llevó de arriba”, indicó. “Gaspi la cagó. Se engolosino y la pagó. Ostentaba mucho poder económico. Es una lástima porque era un pibe piola”, sentenció el residente.
El doble crimen de barrio Larrea sigue bajo investigación judicial mientras los vecinos de Granadero Baigorria permanecen atentos y aterrados por la dinámica de las disputas que impone la violencia narco en una ciudad que ya sabe de varios crímenes ligados al narcomenudeo.