Falso empleado de Telecom robó un jugoso botín

Sábado 06 de Septiembre de 2008

"Buenas, señora. Vengo de Telecom y necesito verificar su línea de teléfono". Así se presentó el hombre que, vestido con ropa de trabajo, tocó el timbre en la coqueta casa de Buenos Aires al 2400 donde vive doña Lidia, de 86 años. Fue a las 9 de la mañana del jueves y la anciana, confiada, le abrió la puerta y esperó que chequeara los teléfonos en la casa. El técnico fue primero al living y luego a una de las habitaciones de la vivienda. A los pocos minutos la saludó y se marchó en una bicicleta de color verde. Algo más tarde, cuando la hija de doña Lidia llegó a la casa comprobó que todo había sido una farsa, y que el hombre les había robado 8.500 pesos, 1.500 euros, una cámara digital y alhajas.

No fue la primera vez que doña Lidia es víctima de un robo por exceso de confianza. En esa cuadra del barrio República de la Sexta algunos recordaban ayer que en agosto de 2007, con un ardid muy parecido —en esa oportunidad el falso empleado dijo ser de un servicio de emergencia médica— también le robaron dinero en efectivo. Tampoco es nuevo el recurso de hacerse pasar por empleado de Telecom en esa zona de la ciudad: una semana antes, en una casa de La Paz al 900, cuatro ladrones que dijeron ser empleados de la empresa de telefonía se llevaron 20 mil pesos, 3 mil dólares, una pistola 9 milímetros y un par de relojes.

Ingenuidad. Ayer al mediodía doña Lidia revivió la escena por la que le tocó pasar el jueves. La diferencia fue que esta vez quien tocaba a su portero eléctrico era un periodista y no un falso técnico telefónico. La mujer entreabrió una ventana ubicada al costado de la puerta de ingreso a la casa y dijo: "Mi hija fue hasta el almacén. Espere porque no le puedo abrir la puerta. ¿Puede esperarla?". Y así fue. Al rato apareció Marta, cargada con las bolsas de las compras, y gentilmente se excusó de contar lo sucedido: "Te pido disculpas, pero estoy cansada. No quiero hablar". Sólo explicó que "el hombre que vino estaba vestido con ropa de trabajo. No tenía puestos accesorios de la empresa y tampoco gorrita".

Fuentes allegadas a la causa indicaron que el asaltante se movió con calma. Revisó el teléfono del living y luego fue a una de las habitaciones. Ahí estuvo un par de minutos y después se fue. Cuando la hija de Lidia regresó sobre el mediodía se dio cuenta que en su habitación los cajones de su escritorio habían sido violentados y que el interior del placard estaba revuelto. Tras ello descubiró que faltaban 8.500 pesos, 1.500 euros, una cámara digital y algunas alhajas de gran valor emotivo. El robo con un viejo ardid había dado otra vez resultado.