Falleció el adolescente baleado en septiembre pasado en la zona de República de la Sexta
Joel Piedrabuena tenía 16 años y estaba en la vereda cuando pasaron dos hombres a bordo de una moto por Pasco y Esmeralda y dispararon a mansalva. En el mismo ataque falleció otro joven.

Martes 09 de Enero de 2024

El 23 de septiembre, Tomás Iván Borda, de 19 años, salió alrededor de las 18 con su pareja a tomar un helado y cuando caminaban por Pasco entre Chacabuco y Esmeralda fueron atacados a balazos desde una moto. Él empujó a a su novia para protegerla y en ese momento fue alcanzado por un disparo fatal en el pecho y murió poco después. En esa cuadra había varias personas en la calle, entre ellos Joel Lautaro Piedrabuena, un vendedor ambulante de 16 años, quien resultó herido de gravedad y luego de agonizar tres meses falleció en la tarde de este martes. Joel había recibido un tiro en el cráneo y no pudo reponerse. Había sido padre recientemente de un pequeño de 18 meses y peleó por su vida en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca).

“Tiraban para todos lados”, dijo una testigo ese día. Pasadas las 18 de ese lunes trágico, Carlos, el padre de la novia de Tomas Borda, salió con dos hijas de Berutti al 1800 en dirección a Cochabamba. Junto a ellos —contó el hombre— también salieron Tomás y su novia Valentina, pero encararon para Pasco y avisaron que se iban a tomar un helado a Grido que está por esa calle en el cruce con Alem. Habían pasado pocos minutos desde que se separaron cuando el hombre y las otras chicas escucharon una serie de disparos. Cuando volvieron sobre sus pasos se encontraron, sobre Pasco casi llegando a Chacabuco, con Tomás herido de gravedad en el piso y Joel muy malherido también.

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A Tomás lo llevaron al Hospital Provincial, desde donde indicaron que lo ingresaron ya sin vida. Casi en simultáneo, al Heca llegó Joel, a quien le diagnosticaron una herida de bala en la cabeza.

La investigación del caso quedó a cargo de la fiscal de Homicidios en turno, Gisela Paolicelli, quien ordenó una serie de medidas al gabinete criminalístico. En la escena del crimen juntaron cinco vainas servidas calibre 9 milímetros y trabajaron sobre cámaras de vigilancia de la zona que podrían brindar más precisiones sobre la mecánica del ataque. La Policía secuestró cinco vainas servidas calibre .9, una bala de plomo encamisada deformada y un trozo de latón. La fiscal ordenó el secuestro de gasas sobre restos de sangre, prendas de vestir y el dermotest para el joven muerto y para quien en ese momento resultó herido, además de un relevamiento de cámaras y entrevistas a testigos.