Entre la información y la conmoción

Miércoles 03 de Septiembre de 2008

En una charla que dio el lunes en Rosario, el periodista Orlando Barone, columnista de Radio Continental y La Nación, provocó a su auditorio con una anécdota sobre las fragilidades de la producción informativa. Recordó el caso de una joven violada en Francia en un tren por un inmigrante magrebí que tenía antecedentes penales. La chica fue recibida para un desagravio por el ex presidente Jacques Chirac. Meses después el avance de la pesquisa fue poniendo en crisis el relato de la joven que, acorralada por la evidencia, admitió que había inventado la acusación, que hasta el jefe de una nación poderosa, a la luz del prontuario del agresor, dio por cierta.

  La semana pasada la mayoría de los medios publicamos la historia consignada por la policía de la detención de una pareja de malabaristas que le daba de beber licor de chocolate a su beba de ocho meses. La detención fue auténtica. Pero ningún examen médico, pese a lo que se contó al principio, encontró evidencia alguna de alcohol en el organismo de la criatura.

  Un periodista trabaja con relatos de hechos, que son algo diferente de los hechos. Los jueces también. En el caso de esta página, el único relato es el del panadero que ultimó a los dos jóvenes ladrones. Sabemos que los que murieron tenían antecedentes penales. Eso hace verosímil la circunstancia que explica el comerciante. Pero, sin desacreditarlo, tampoco le confiere la verdad. Este un hecho grave e inusual: una persona mató a otras dos. En alternativas extraordinarias como ésta la Justicia tiene la obligación de tomar un tiempo razonable para intentar acercarse a la verdad. No es que con su detención se le imponga algo injusto a este repartidor. Algo tan preliminar requiere de una investigación.

  Muchos parecen encolumnarse en favor del comerciante como si la jueza y la fiscal del caso buscaran su perjuicio. No procuran eso. Intentan aclarar un hecho del que, más allá de los sentimientos, tenemos apenas una versión. Técnicamente es la versión de una parte.

  "No hace falta ninguna evidencia para convencer a la gente de que algo es real. Basta que los conmueva", dice Graham Greene en "El fin de la aventura". Lo más atinado sería que actores y comentaristas del caso, mientras se buscan evidencias, evitemos generar presiones desde la conmoción. A veces podemos estar convencidos de algo que luego se revela de otra forma. Pregúntenle al presidente de Francia, diría Barone.