El asesinato impune del "Baba" Pérez Castelli: a diez años de un capítulo oscuro del crimen rosarino

Era el padre de Justina Pérez Castelli, asesinada junto al narco Luis Medina. Parte de una trama con al menos cinco homicidios sin esclarecimiento

16:50 hs - Miércoles 01 de Abril de 2026

Apenas comenzaba el 1º de abril de 2016 cuando Gustavo Pérez Castelli, el Baba, fue acribillado en su carribar de la colectora de Circunvalación en la zona oeste de Rosario. El sicario lo ejecutó con cuatro disparos, tres de ellos en la cabeza, y se tomó el tiempo para cortarle una oreja antes de huir. El día siguiente el fiscal a cargo de la investigación aseguró que esa lesión no era solo un sello mafioso sino también un mensaje.

El Baba era el padre de Justina Pérez Castelli, que tenía 23 años cuando el 29 de diciembre de 2013 fue asesinada junto a su pareja Luis Medina. El empresario, que había sido dueño de la marca Esperanto en Rosario, era para entonces un socio del narco Esteban Alvarado, un capo oculto del mapa criminal local que se había afirmado junto a un sólido cuerpo policial que lo protegía. Aquel doble crimen continúa sin esclarecerse, las principales sospechas apuntaron a Alvarado como instigador pero todo se mantuvo en el oscuro campo de la impunidad.

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A diez años del asesinato de Pérez Castelli, el crimen también continúa impune tras el nulo avance en la investigación judicial. Tampoco fue descifrado aquel mensaje que significó el corte de una oreja, aunque las versiones de calle lo relacionaron a otro crimen anterior -el de un sicario de Alvarado- cuya víctima también fue mutilada.

La oreja, un sello mafioso

La crónica del diario La Capital publicada al día siguiente del crimen de Pérez Castelli reconstruyó la secuencia del ataque. El Baba estaba sentado en su carribar ubicado en la colectora de Circunvalación, entre Mendoza y White, y miraba su celular mientras esperaba a una de sus empleadas. Dos hombres encapuchados llegaron en moto, uno bajó armado, lo sorprendió y sin darle tiempo de levantar la cabeza le disparó cuatro veces. Luego el mensaje, o acaso la firma: una oreja rebanada.

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El actual juez Florentino Malaponte, entonces fiscal de la unidad de Homicidios, quedó a cargo de la causa. Desde un principio descartó lo obvio: no se había tratado de un robo, la víctima tenía sus pertenencias. Y además aquella oreja cortada: "Entendemos que detrás de eso hay un mensaje". Aquella fue tal vez la última declaración oficial sobre el crimen de Pérez Castelli. Los años pasaron y nunca más se dieron a conocer avances en la investigación. Un funcionario que por causas conectadas vio el expediente fue contundente una década después: "No había nada".

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Un camionero que era amigo de Pérez Castelli habló con La Capital apenas ocurrido el asesinato. Su declaración, con el paso del tiempo, puede tomar otro tinte: "Él sabía que lo iban a matar así. Cuando asesinaron a su hija fue a buscar uno por uno de los que estuvieron metidos. Fue a buscar hasta a un comisario. Pero entre tantos que fue a ver, uno le dijo que lo iba a matar, que le iba a llenar lo pulmones de balas, que le iba a pegar un tiro en la cabeza y que le iba a hacer cortar una oreja. Él ya sabía cómo lo iban a matar".

Luis Medina y Alvarado

Una clave en la historia que rodea al asesinato del Baba fue el doble crimen de su hija y Luis Medina, acribillados en diciembre de 2013. La pareja, que estaba viviendo en un country del partido bonaerense Del Pilar y había visitado Rosario, salió de una fiesta en La Fluvial y fue emboscada en acceso sur y Ayolas cuando se dirigían al hotel del City Center donde se hospedaban. Horas después Pérez Castelli padre participó de una secuencia extraña: junto a tres agentes de la División Judiciales de la policía viajaron al country Haras del Pilar donde vivía Medina y su novia e intentaron ingresar.

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En enero de 2014 Pérez Castelli declaró ante la entonces jueza Alejandra Rodenas que había ido con la policía para marcarles cuál era la casa de Medina. Pero todo quedó bajo el manto de sospecha que significó años después la actuación de la División Judiciales en esta trama: su entonces jefe, Luis Quevertoque, fue condenado como parte de la banda de Estaban Alvarado. Su rol, además de habilitarle información y protegerlo, fue investigar a Los Monos y desarticular toda amenaza de competencia a la organización criminal que integraba.

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1º de abril de 2016. La escena del crimen de Gustavo Pérez Castelli, su carribar de zona oeste.

El doble crimen impune de Medina y su novia tuvo una hipótesis principal: lo instigó Alvarado porque su exsocio le quería cobrar 50 mil dólares de una avioneta y además intentaba regresar a Rosario para acaparar el negocio y por lo tanto apartarlo. Es información que se ventiló en el juicio a Alvarado, entre los que hubo un mensaje que mandó Medina desde su celular: “Me pongo los guantes de nuevo después de dos años. Ya arreglé con toda la gorra”. Pero la gorra, la policía, nunca dejó de estar con Alvarado y la sombra de esa alianza rodeó el doble crimen de Medina y Justina Pérez Castelli, ejecutado un mes y medio después de aquel mensaje. Sobre la impunidad de esa causa recae otro crimen: el del policía Guillermo Morgans, que estaba a cargo de la investigación cuando en junio de 2014 fue asesinado en el quisco de su hijo en una trama que tampoco fue esclarecida.

Un asesinato impune

Poco antes del asesinato de Gustavo Pérez Castelli ocurrió otro crimen con un sello similar. Darío "Oreja" Fernández, un joven de 22 años que oficiaba de sicario de Alvarado, apareció muerto en un descampado el 28 de noviembre de 2015: además de varios balazos, le cortaron la oreja como tiempo después lo harían con el Baba. Fernández era primo de Emanuel "Ema Pimpi" Sandoval, condenado por el ataque de octubre de 2013 a la casa del entonces gobernador Antonio Bonfatti y asesinado en 2019.

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Sobre este joven hablaron al menos dos testigos en el juicio a Alvarado. Por un lado Mariana Ortigala, quien aseguró que Alvarado le ordenó a Oreja Fernández el asesinato de Medina y su novia. Por su parte Carlos Arguelles, integrante de la banda devenido en testigo protegido y luego asesinado, sugirió que -según Alvarado- Gustavo Pérez Castelli había estado detrás del crimen de Fernández como una venganza por el asesinato de su hija.

Un investigador que tuvo contacto con las causas ubica otras dos hipótesis tampoco comprobadas: a Oreja Fernández lo mandó a matar Alvarado "porque el pibe se estaba independizando", y al Baba Pérez Castelli lo mandó a matar Ema Pimpi como venganza por la muerte de su primo Oreja. En estas tramas un homicidio mafioso sin esclarecimiento no es solo una causa judicial sin avances sino también una manera de perpetuar el silencio. Tal vez la impunidad en el doble crimen de Medina y su novia, y en los asesinatos del policía Morgans, de Oreja Fernández y Gustavo Pérez Castelli, se hallen algunos de los puntos oscuros de la historia criminal de Rosario.