Ejecutaron a un hombre con pasado en el barrio Municipal de "Pimpi" Caminos
Alan Uriel Sosa, de 22 años, fue asesinado a balazos en Camino de Los Granaderos al 2300, en el barrio La Cerámica. Había salido a divertirse con sus primos

Domingo 10 de Julio de 2022

Tras vivir buena parte de su vida en los monoblocks del barrio Municipal de Lamadrid y Grandoli, también reconocido como “Pimpilandia” en honor al asesinado barra brava Roberto “Pimpi” Caminos, Alan Uriel Sosa buscó refugio en la zona norte de la ciudad. Su última residencia acreditada fue en Anchoris al 1600, en Parque Casas, en la casa de unos primos. Con ellos salió para ir a una fiesta el viernes por la noche. A las 3.30 de este sábado Sosa estaba sólo en avenida de Los Granaderos al 2300, entre Baigorria y Pedro León Gallo, en barrio La Cerámica. “Yo escuché una serie de disparos, a mi me pareció una metra, y el ruido del motor de una moto que se alejaba”, explicó una vecina de la cuadra. Cuando la policía llegó al lugar se topó con el cuerpo de Sosa asesinado con dos disparos. Uno en el cuello y otro en la espalda, en zona del omóplato sobre el costado izquierdo.

Según sus primos portaba una pistola calibre 9 milímetros sin balas. En la escena del crimen no se secuestraron vainas servidas. Los investigadores trabajan sobre la hipótesis de que la bronca que terminó con su vida surgió en la fiesta en la que fue con sus primos.

Alan Sosa era un muchacho que conocía la calle. Siendo adolescente pateó el Municipal de Lamadrid y Grandoli en los tiempos en que el barrio ardía, junto a su contraparte el Parque del Mercado, en medio de la guerra que Alexis Caminos emprendió contra los hermanos Funes. De echo Sosa, quien por aquellos días vivía en Grandoli al 4900, fue demorado por el delito de resistencia a la autoridad en la batahola que se generó la noche del 17 de mayo de 2016 tras el asesinato a balazos de Leonel Sánchez en uno de los patios de Pimpilandia. Un grupo de jóvenes estaba reunido en el complejo de Lamadrid 98 bis cuando los atacaron desde dos autos con metras en un radio de 50 metros. Además de matar a Sánchez hirieron a Héctor Cáceres.

>>Leer más: Una trágica emboscada se cobró la vida de un pibe y dejó a otro herido

“¿Sabés por qué los sacamos de vuelo a los policías? Porque uno de ellos le dijo a la madre del chico herido: «Ojalá se te muera el guacho así dejás de romper los huevos». Además, los móviles llegaron un minuto después de los tiros. Fue como que liberaron la zona y después llegaron desde los mismos lugares por los que entraron los tiradores”, dijeron en esa ocasión allegados al muerto, al herido y a Alexis Caminos. De aquellos días en su vida a Sosa le quedó una prohibición de acercamiento al barrio delimitado por Grandoli, Alice, Gutiérrez y Lamadrid ordenado por el Juzgado de Menores 2ª. Investigadores consultados confiaron que tras salir de estar privado de su libertad Sosa se radicó en la zona norte de Rosario.

image (1).jpg

Alan Uriel Sosa fue asesinado en avenida de Los Granaderos al 2300, en barrio La Cerámica.

En Parque Casas

A media mañana de este sábado Anchoris al 1600, entre Castagnino y Luis Vila, era un hervidero de muchachos en la boca del pasillo en el que vivía Alan Sosa junto a sus primos. El joven residía a la vuelta de la verdulería en la que fue asesinado con siete disparos por la espalda Luciano Javier Giménez, de 45 años, el pasado viernes 1º de julio. Según se pudo reconstruir, el viernes a la noche Alan y sus primos Alexis Maximiliano G., Guido Ariel S., y Valentino Ezequiel R. salieron a divertirse y terminaron en una fiesta en las inmediaciones de Baigorria y Avenida de Los Granaderos, en el límite entre barrio La Cerámica y Parque Casas, a metros del club El Torito. Allegados a Sosa contaron que los cuatro pibes fueron a una fiesta y que los tres primos de Sosa se fueron del lugar acompañados. Sosa quedó sólo y sus familiares se enteraron de lo ocurrido cuando la policía ya estaba en el lugar.

>>Leer más: Un sicario y media docena de balazos pusieron fin a la vida de un verdulero

“Como a las 3.30 escuché gritos de mujeres que lloraban y se puteaban con los policías. Pero no escuché disparos ni nada de eso. Cuando me asomé estaban las luces de las balizas policiales”, contó una de las pocas vecinas que viven en avenida De los Granaderos al 2300, una cuadra más tranquila que otras de la zona y donde sólo en la vereda de los pares hay levantadas viviendas. La de los impares es patrimonio de una fabrica de dulces y un paredón. “Escuché una serie de disparos, a mi me pareció una metra, y el ruido del motor de una moto que se alejaba”, explicó otra vecina de la cuadra.

Sosa quedó tirado al costado de una zanja seca, a pocos metros del portón de ingreso de la fábrica de dulces. Tenía dos disparos en el cuello y en el omóplato sobre el costado izquierdo. En inmediaciones a un portón se encontró una pistola calibre 9 milímetros sin municiones que, según le dijeron los primos a la policía, era de propiedad de Sosa y que portaba por lo inseguro del territorio.

Una de las versiones en manos de los investigadores, encabezados por el fiscal Gastón Ávila, es que a Sosa lo llevaban en una moto y lo arrojaron en el lugar que fue encontrado por la policía. En ese sitio no había vainas ni material balístico. Los tres primos de Sosa fueron demorados pero con el correr de las horas recuperaron la libertad. Sus relatos fueron coincidentes. Dijeron que se enteraron de la muerte de Sosa cuando ya estaban en sus domicilios. El fiscal Ávila ordeno a personal de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) para que trabajaran en territorio. A simple vista en las inmediaciones no hay cámaras de videovigilancia públicas ni privadas.