Cruzó para comprar un cigarrillo frente a su casa y lo mataron de un balazo
César Luis Ríos tenía 44 años y se ganaba unos pesos juntando cartones o cortando yuyos de los vecinos. Le dispararon desde una moto robada que dejaron abandonada

Domingo 24 de Julio de 2022

Otra vez la zona más empobrecida del barrio Ludueña fue escenario de un crimen. Ocurrió al caer la tarde del viernes frente a un quiosco de Rafaela y Felipe Moré, donde un hombre de 44 años recibió un balazo letal en la espalda mientras esperaba que le vendan un cigarrillo suelto. Fue en las mismas calles en las que los vecinos están cansados de escuchar tiros sin sorprenderse, de sospechar de todo aquel desconocido que pase en una moto a cualquier hora del día pensando que llevan un arma entre sus ropas y de contar muertos como se cuentan los días que faltan para llegar a fin de mes con los bolsillos vacíos. Un lugar donde la muerte se convirtió en algo cotidiano y naturalizado. A tal punto que 18 de los 154 crímenes registrados en lo que va de 2022 se produjeron en ese sector de la ciudad, muchos de ellos en el marco de la disputa territorial por el narcomenudeo.

“A usted lo conozco. Ya anduvo por aquí hace unos meses y charlamos de la muerte de un pibe que balearon a un par de cuadras”, dijo un vecino cuando quien firma esta nota se acercó para hacerle algunas preguntas sobre lo ocurrido al caer la tarde del viernes. Y sí, puede ser, los cronistas de policiales que caminan los barrios suelen toparse con este tipo de respuestas cuando el escenario de los crímenes se repite. Sin embargo no era este periodista el que cubrió el hecho al que se refería y que le costó la vida a Hugo Guantay, de 18 años, el pasado 29 de mayo en Humberto Primero y Camilo Aldao, a 200 metros de donde se produjo el nuevo crimen.

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Ese mismo hombre, con voz calma y pausada, contó lo que pasó a las 19.50 del viernes frente al quiosco “Giovani”, ubicado en Rafaela al 5100, a pocos metros del cruce con Felipe Moré y donde una hilera de casas humildes se levantan delante de las vías. “Yo al «Pelado» lo conocía desde chico. Soy un poco mayor que él, pero nos criamos casi juntos. Siempre vivimos aquí y te aseguro que era un tipo sin problemas con nadie. No tenían porque matarlo, realmente no entiendo qué pasó. Para mí se equivocaron feo. Pero lo cierto es que aquí salís de tu casa, te sentas en la puerta como estoy yo y no sabés si volvés a entrar porque pasa uno, te dispara y te mata”.

El “Pelado” se llamaba César Luis Ríos y tenía 44 años. Era soltero y vivía con sus padres, sus dos hermanos y sus cuñadas en una casa de dos plantas que está en la ochava noroeste de Felipe Moré y Rafaela. A unos 40 metros de la puerta de esa vivienda, cruzando el destrozado pavimento de Rafaela, está el quiosco “Giovani” identificado por un toldo de chapa negro y atendido por Claudio, otro vecino que lleva años en el lugar y que conocía a la víctima, como todos en el barrio. A ese quiosco se cruzó Ríos minutos antes de las 20 del viernes para comprar un cigarrillo suelto con los pocos pesos que tenía.

Mientras el quiosquero hablaba con su cliente y buscaba el pucho para venderle, por Rafaela desde el oeste apareció una moto con un solo ocupante. Fueron segundos y el estruendo de los tiros asustó a todos quienes estaban en las puertas de sus viviendas charlando, tomando algo, esperando que el día termine.

Ante la detonación el quiosquero se tiró al piso para ponerse a resguardo. Cuando escuchó el motor de la moto alejándose salió a la puerta del local detrás del cual tiene su casa y vio que el Pelado estaba tirado en la vereda y perdiendo sangre. Ya se habían cruzado algunos de sus familiares para auxiliarlo, incluso algunos otros vecinos. Lo subieron al auto de Claudio y salieron hacia el Hospital Carrasco. Pero Ríos llegó sin vida. Los médicos dijeron que un proyectil le había perforado la zona lumbar y afectado órganos vitales.

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Poco después, cuando los primeros pesquisas policiales llegaron al lugar alertados por los llamados de la gente del barrio al 911, algunos testigos aseguraron que quien disparó contra Ríos circulaba en una moto roja. Que apareció por Rafaela desde el oeste, que dobló por Felipe Moré al norte y escapó por Humberto Primo al este. Entonces algunas patrullas salieron en su búsqueda. No tuvieron que hacer muchos metros para encontrar el rodado. El homicida lo abandonó en Humberto Primero y San Jerónimo, a sólo 200 metros de donde atacó al Pelado. Y también contaron que desde allí escapó corriendo.

Sobre la moto, una Suzuki 125 color bordó, los policías dijeron que no tenía patente y que por su numeración de chasis y motor supieron que tenía pedido de secuestro por haber sido robada el 19 de julio. La incautaron y la llevaron a la seccional 12ª. En tanto, los peritos de la Dirección de Homicidios de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) empezaron a recabar testimonios, buscar posibles cámaras de seguridad que en la zona no existen a la vista y recoger otras evidencias, entre ellos una vaina servida calibre 9 milímetros y un trozo de latón.

Ayer a la tarde, cuando La Capital llegó a la escena del hecho no quedaba ningún rastro de lo ocurrido. Sólo el silencio de los vecinos que parecían hacer el duelo de siempre en las puertas de sus casas mientras a Ríos lo velaban en un cochería de barrio Belgrano y veían pasar rodados de la Brigada Motorizada, patrulleros y chatas de la policía que parecían chocarse entre ellos en una escena de película como quien busca a alguien o lo quiere cercar. “Ahora están dando vueltas. Desde hoy a la mañana que pasan y dan vueltas. Pero anoche no había ni un patrullero. Esto es para que los veamos, pero nunca están”, aseguró una mujer que tomaba mates a metros de donde mataron al Pelado.

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Un pobre tipo

Sobre la víctima todos los vecinos coincidieron en que el balazo no era para él. “¿Quién lo va a querer matar si era un pobre tipo? Tenía un carrito de supermercado (que estaba vacío en la puerta de la casa donde vivía) con el que cirujeaba por el barrio, juntaba cartones y siempre se ofrecía para cortar los yuyos o limpiarte la vereda. Así se ganaba algunos pesitos para una «fresquita», como le decía a la cerveza que se tomaba todas las tardes abajo de ese árbol”, contó el hombre que se crío con él, en la misma cuadra, los últimos 40 años.

El quiosquero frente a cuyo negocio fue baleado Ríos le dijo a la policía que se conocían “desde los 13 años” y aseguró que el Pelado “jamás estuvo en nada raro, se dedicaba a juntar cartones”. Por eso, tanto él como los demás habitantes de esa zona de Ludueña seguían ayer sin entender lo que había pasado. Algo que tendrá que tratar de esclarecer el fiscal de la Unidad de Homicidios Patricio Saldutti, a cargo de quien quedó la investigación.