Viernes 04 de Marzo de 2022
Un homicidio en el centro de Rosario es toda una curiosidad. Así lo corroboran las estadísticas que, por ejemplo, indican que en lo que va del 2022 solo dos de los 46 crímenes registrados ocurrieron dentro del radio de Pellegrini, Oroño y el río. Por lo mismo ambos hechos no responden a las características habituales de los asesinatos, que son a balazos: del total mencionado 38 casos corresponden a crímenes cometidos con armas de fuego. En esta ocasión fue a los golpes en la calle, sobre Zeballos al 1600, con un hombre de 61 años como víctima de varios traumatismos de cráneo. Llovía en plena madrugada cuando, según testigos, el hombre fue atacado y quedó tendido en la vereda. En principio se descarta la hipótesis del robo.
Cerca de las 2 del viernes un llamado a la Central de Emergencias 911 advirtió sobre la presencia de un hombre tirado en la vereda de Zeballos al 1600, frente a un gimnasio. Los policías que asistieron al lugar se encontraron con una persona mayor sin vida, con aparentes golpes en la cabeza. Mediante una aplicación de Google los policías pudieron acercarse a la posible identidad de esa persona. Horas después se confirmó: efectivamente se trataba de Jorge Fernández, de 61 años.
El caso quedó a cargo del fiscal de Homicidios Alejandro Ferlazzo, quien para empezar la investigación cuenta con el testimonio de una joven de 20 años que vio algunos movimientos. Ella estaba en el balcón de su departamento cuando escuchó a dos personas hablando y de pronto ruidos fuertes. Al asomarse, a pesar de la complicación para ver con claridad por los árboles tupidos que tapaban parte de la calle y porque la luz estaba cortada, pudo ver a una persona que pateaba "algo" y que después se fue a las corridas por calle Zeballos.
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Ese "algo" resultó ser quien en horas de la mañana del viernes fue identificado como Jorge Fernández, un vecino del centro de Rosario con domicilio en Roca al 500. La víctima llevaba consigo una mochila que en su interior tenía medicamentos para la presión, un cuchillo de cocina y una botella de cerveza vacía que estaba rota, probablemente por la caída o los golpes.
Según indicaron fuentes del Ministerio Público de la Acusación (MPA) en principio no se habría tratado de un crimen cometido en contexto de robo. El fiscal Ferlazzo indicó al Gabinete Criminalístico que releve la escena del hecho para conseguir posibles testigos además de quienes ya aportaron información, así también para que detecten cámaras de vigilancia públicas o privadas.
Otro crimen en la zona
Si bien no es frecuente que ocurran crímenes en el centro de Rosario, no es la primera vez que se registra un homicidio en la zona. A mediados de 2020 a los vecinos de Zeballos y Roca los atravesó la conmoción por el asesinato de Leopoldo Teófilo Gamboa, un hombre de 77 años que realizaba como colaborador tareas pastorales en la cárcel de Piñero. Por el hecho fue detenido un muchacho que poco tiempo atrás había quedado recuperado la libertad luego de cumplir condena en esa misma prisión.
Gamboa solía mantener el vínculo con las personas que salían de cumplir condena en las dos cárceles que frecuentaba, Piñero y la Unidad 16 de Pérez. Desde su rol pastoral le preocupaba que el sistema penitenciario no profundice en políticas de resocialización y en ese sentido apostaba a seguir en contacto con los internos una vez excarcelados, e incluso los invitaba a su casa.
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Ese pudo ser el contexto por el cual el 21 de junio de 2020 le abrió la puerta de su departamento a Víctor Manuel G., un hombre de 31 años que en marzo de aquel año había recuperado la libertad. Una serie de evidencias condujo a que Bianchini le imputara el homicidio criminis causa, porque G. habría asesinado a Gamboa para dejar impune el robo cometido en ese departamento.
Gamboa fue hallado en su vivienda ya sin vida, con un corte en el cuero cabelludo y ahorcado con el cable de una plancha que a su vez le sujetaba una pierna. La plancha, en tanto, fue hallada sobre la pileta de la cocina, con restos de sangre y cabellos. Con ese cúmulo de evidencias el fiscal sostuvo en su acusación que el imputado entró a la casa con el consentimiento de la víctima, pero a su vez con la intención de robarle, para lo cual lo asesinó a fin de que no pudiera denunciarlo.