Condenado a 16 años y medio por el crimen de una adolescente en una venganza narco
Brian "Bocacha" Benítez aceptó esa pena por la muerte de Soledad Pamela Gómez, de 13 años, en una balacera que dejó otros dos chicos heridos en villa Banana.

Miércoles 29 de Diciembre de 2021

Las balas partieron de dos armas distintas y causaron un estrago en un pasillo de villa Banana donde jugaban cinco chicos. Una adolescente de 13 años murió desangrada por un tiro en la espalda, a una amiga de la misma edad un balazo le desfiguró el rostro y un chico de 13 quedó en silla de ruedas con un tiro en la zona lumbar. Brian Joel Benítez, conocido en el barrio como “Bocacha” o “Bocachón”, fue el único detenido hace ocho meses por el crimen de Soledad Gómez y este miércoles aceptó una condena a 16 años y medio de prisión en un juicio abreviado. La investigación determinó que los disparos se enmarcan en un enfrentamiento entre dos bandas, “Los Cuatreros” y “Los de Gálvez”, que disputan el territorio para la venta de drogas.

La pena se dispuso a partir de un acuerdo entre la fiscal Marisol Fabbro y la defensora pública María Eugenia Carbone. Con el consentimiento del imputado, que admitió su responsabilidad, la propuesta de condena fue presentada ante el tribunal formado por los jueces Irma Bilotta, Hebe Marcogliese y Nicolás Foppiani, quienes dictaron la pena la mañana de este miércoles. Brian Benítez, de 22 años, fue condenado a 16 años y medio de prisión como autor de un homicidio agravado por el uso de arma de fuego, otros dos hechos en tentativa y la portación ilegal de un arma.

El ataque fue a las 23.30 del 4 de abril en la zona de Lima al 2700 cuando cinco chicos jugaban en un pasillo. Dos hombres se acercaron portando armas 9 milímetros y comenzaron a disparar. Una bala alcanzó en la espalda a Soledad Pamela Gómez, de 13 años, quien fue socorrida por un tío y un vecino que la llevó en su utilitario hasta el Hospital Clemente Alvarez. Pero el proyectil afectó órganos vitales y no pudo superar la gran pérdida de sangre.

A Kevin A., de 13 años, un balazo lo alcanzó en la médula, mientras que Celeste A., de la misma edad, necesitó veinte puntos de sutura por el roce de una bala en el rostro. Los dos dijeron, al recuperarse, que entre los agresores estaba Bocacha. Contaron que los atacantes eran cinco pero tres se retiraron y quedaron dos que comenzaron a tirar desde atrás de una chapa. En una primera entrevista el chico rehusó mencionar a Benítez por el “miedo” que le provocaba sindicarlo y volver al barrio. Eso motivó su ingreso a un programa de protección de testigos.

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Los distintos testimonios reunidos en la investigación a cargo de Fabbro dan cuenta de que Benítez pertenecía a una banda conocida como “Los de Gálvez”, una organización que maneja búnkers de droga entre las calles Gálvez, Gutenberg y las vías. “Suelen andar a los tiros por droga”, dijeron los vecinos sobre este grupo, según la condena enfrascado en una guerra narco con “Los Cuatreros”, con sede en calle Lima.

El liderazgo del primer grupo se le atribuye a un hombre al que le dicen Sapo. Entre sus integrantes se contaba a Julián Zarnier, al que le decían “El inválido”. Un hombre en silla de ruedas involucrado en varios crímenes que el 30 de septiembre fue acribillado con 32 balazos por cinco personas vestidas como policías en una casa de Nuevo Alberdi.

Las menciones a Bocacha, detenido el 13 de abril en bulevar Seguí y Rouillón, surgieron en la causa desde el primer momento. “Bocacha me pegaste”, le escucharon decir a Kevin sus parientes y vecinos que presenciaron la balacera. El chico, contaron, imploró a gritos: “No me dejes vivo, matame, no me hagás sufrir”. Cuando se repuso, el chico contó que en ese momento no tuvieron tiempo de salir corriendo, sintió “una quemazón” en el lado izquierdo de la cintura y perdió el conocimiento.

“Habíamos ido a la iglesia y después, cuando estábamos sentados en la puerta de la casa de mi abuela, se aparecieron cuatro y nos tiraron. Uno de esos tiros le dio a Soledad, mi amiga que murió, y otro a Celeste, mi tía, que le rozó en la cara. El otro tiro me pegó a mí en la espalda. Uno tiró un tiro al aire para que nosotros miremos. Tiraron con nueve milímetros. Eran tres nueve milímetros negras y una gris”, detalló Kevin al salir de una cirugía. El chico sigue en silla de ruedas y continúa en rehabilitación.

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Los testigos describieron al tirador como “alto, morochito, bocón” y una de las víctimas lo reconoció en una rueda judicial. La pericia balística sobre los plomos que hirieron a los chicos y otro que perforó el vidrio de un negocio arrojó que se usaron en el ataque dos armas semiautomáticas calibre 9 milímetros. Hubo referencias al otro atacante como alguien llamado “Marcelito”, pero no se pudo determinar su identidad.

Una semana antes del demencial ataque, la noche del viernes 29 de marzo, había sido asesinada en el barrio Delia Beatriz Díaz, de 26 años y madre de tres niños. La acribillaron con una pistola ametralladora en 27 de Febrero y Gutenberg, a sólo 300 metros del lugar donde mataron a Soledad. Según se reconstruye en el texto del abreviado, la balacera que mató a Soledad fue en venganza por aquel crimen. Los atacantes buscaban a “Pan Triste”, un tío de la nena y miembro de Los Cuatreros a quien sindicaban como el autor.

“Como represalia por esta situación, miembros de la banda de Gálvez entre los que se encontraba Brian Benítez se dirigieron a los pasillos internos del barrio donde hieren a los tres menores”, reseña la condena. A ese lugar había llegado Soledad desde San Lorenzo para radicarse al cuidado de una tía en una casa de Lima y la vía. Había obtenido una beca para cursar el sexto grado en la escuela Marcelino Champagnat, de Rueda al 4400 “Por eso estaba súper contenta”, comentó entre lágrimas a este diario una tía de Soledad, a quien le decían Pamela, tenía cinco hermanos y en pocas semanas cumpliría los 14.

En su primera declaración, Bocacha negó haber participado del ataque. Dijo que esa noche estaba con un amigo comiendo en un Mc Donald’s. Pero se obtuvieron escuchas en la que le pidió a su novia que no entregara su celular a pericias y se recuperó una charla con otro miembro de la banda al que le recordó que eran tres los involucrados en el crimen. “Yo no. Me lavo las manos, yo no gatillé. Yo quedé en la punta del pasillo. Ahora ya está. Lo hecho está”, le respondió su interlocutor. “Igual sos cómplice”, lo increpó Bocacha, quien finalmente admitió su intervención y aceptó condena.