Caso Guenchul: "La prensa y la fiscalía hicieron un arte de la tergiversación y la mentira"
Lo dice Priscila Denoya, quien tras pasar en prisión 2 años y 8 meses regresó a su casa. Su próximo objetivo, dice, es volver a estar con su hija Tiziana.

Viernes 08 de Julio de 2022

Priscila Denoya estuvo dos años y ocho meses presa con una de sus pequeñas hijas. Tiene 35 años y los últimos veinte su vida fue bastante agitada. Fue sometida a cirugías por un tumor cerebral y una falla cardiológica. Se casó una vez y tras el divorcio tuvo dos parejas con las cuales tuvo dos hijas. Los padres de las pequeñas son Marcos Guenchul, asesinado en julio de 2019, y Caio Soso, condenado esta semana por haber instigado ese homicidio. El tiempo que la mujer pasó tras las rejas fue porque el fiscal que investigó el crimen la consideró parte de la planificación del hecho. Pero el miércoles, en un fallo dividido, dos jueces la absolvieron por el principio de la duda y un tercer magistrado consideró que debía ser penada con 20 años de prisión como instigadora del crimen.

Priscila es flaca y tiene mirada penetrante, algo que, según ella, no la ayudó mucho durante el debate judicial. Es madre de Tiziana y de Martina, la hija que tuvo con Caio Soso, el hombre que en el mismo juicio en el cual ella fue absuelta terminó condenado a 20 años de cárcel por instigar el homicidio de Guenchul, padre de Tizizana y ejecutado por Maximiliano Panero, quien recibió la misma pena dictada por el tribunal integrado por Carlos Leiva, Facundo Becerra y Mariano Aliau.

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La noche del martes 23 de julio de 2019 Guenchul, de 32 años, salió de trabajar en el gimnasio Progress Fitness de Mendoza al 4900 y cuando caminaba para tomar un colectivo que lo llevara a la casa de su novia fue abordado por un hombre (Panero) que a punta de pistola lo forzó a doblar por calle Sucre y caminar unos 30 metros antes de efectuarle dos disparos, uno mortal a la cabeza, sustraerle una mochila y escapar en un auto. Al volante de ese vehículo estaba Soso, la entonces pareja de Priscila. Tras el ataque los hombres fueron a la vivienda de Denoya y Soso le pidió que los llevara hasta la casa de Panero en Villa Gobernador Gálvez porque él no podía manejar. Sin dudar Priscila accedió.

— ¿Te sentiste prejuzgada por tu condición de mujer y estar implicada en un homicidio?

— Sí. Es como que del femicidio se habla, pero el sólo pensar que una mujer sea capaz de hacer lo que se me atribuyó lo sentí como una doble lupa. Estando absuelta y todo, ayer fui el monotema de la sociedad. Si hubiera sido un femicidio hubiera sido una más de la estadística. Al ser mujer todos sabían quién era, dónde estaba y me individualizaban. A un hombre no se lo cuestiona tanto. En los dos años y ocho meses que estuve presa no me sentí cuestionada por mis compañeras. Es más, ante situaciones difíciles, hasta me sentí protegida.

— ¿Cómo percibiste el rol de la prensa en el abordaje de tu caso?

— Noté mucha desinformación cuando la base de los periodistas es informarse. En algunos medios se decía “se probó tal cosa o tal otra”. Parecía que los periodistas iban a la fiscalía y allí les daban letra. Cada uno hace su trabajo, pero hay cosas que no se probaron y muchas veces hubo errores de interpretación. La fiscalía y la prensa hicieron un arte de la tergiversación y la mentira. A veces la gente espera el noticiero y escucha sólo lo que decía el fiscal.

— ¿Cómo fue llegar a prisión?

— Cuando llegué a la puerta de la cárcel en la planilla estaba anotado el oficio judicial con mi nombre y no el de mi hija por lo que ella no podía entrar. Tenía veinte días de vida Martina, con lo que la primera noche dormí en un sillón de una dependencia policial junto a ella. Después estuve en la cárcel con la nena, esperando poder recuperar a mi otra hija, Tiziana. Nada me importa más que recuperar a mi hija (actualmente al cuidado de los abuelos paternos, padres de Guenchul). No entraba en mi cabeza la pena en expectativa de perpetua o lo que me tocara. Mi lucha era y es recuperar a Tiziana, que vuelva a estar con su hermanita. Ahora la lucha está en el juzgado de Familia. Me sacaron a Tiziana porque en teoría soy peligrosa, pero para Martina parece que no lo soy y ella estuvo conmigo presa.

— ¿Qué pasó cuando Soso fue a tu casa después del hecho?

— Él llegó y me pidió que lo llevara junto al otro hombre a Villa Gobernador Gálvez. No me contó nada en ese momento. Caio estaba blanco y sabía que el otro estaba armado y no quería que entrara a mi casa. Yo lo vi mal y accedí a llevarlos. Estaba embarazada y aún enamorada de él aunque estábamos distanciados. Ese fue mi error, llevarlos y no denunciarlos. A la vuelta me contó una parte, pero no sabíamos que Marcos estaba herido. Después lamentablemente falleció. Cuando me enteré lo que pasó, cuando me contó lo que planeó, que era apretarlo y supe de la muerte de Marcos, lo eché de casa. Caio es celoso, inseguro y frágil. Creo que él planeó eso para sentirse más seguro en nuestra pareja, pero se le fue de las manos. Él, en ese momento, ya tenía otra pareja y no quería que yo estuviera con nadie. Y yo no quería pasar el embarazo sola como me pasó con Tiziana. Marcos, tiempo después de que naciera se hizo semicargo de Tiziana, y yo no quería que pasara eso con Martina. Cometí ese error.

— ¿Cómo crees que será la relación con tus hijas?

— Recuperar a Tiziana es fundamental. A ella la sacaron de mí y de su hermana. Mi objetivo es estar con las dos. En algún momento deberé explicarles mi verdad. Me van a preguntar qué pasó con sus padres y no voy a darles una respuesta con el expediente en la mano. Voy a asesorarme, trabajar mucho conmigo y con ellas desde lo terapéutico. No sé la verdad absoluta de lo que pasó. Sí sé que al padre de Tiziana lo mataron de un tiro. También sé que nunca hice nada para obstaculizar la relación de la nena con su padre. Voy a dar las respuestas que pueda dar, con autocrítica o no. Les puedo decir a ellas que hice bien o mal desde mí. Sé lo que no hice y eso me deja muy tranquila.

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— ¿Cómo viviste cada etapa del proceso judicial?

— No puedo generalizar en todo a la Justicia. No puedo mezclar jueces, fiscales, querella o defensa. La fiscalía hizo un desastre, le vendieron humo a la familia de Marcos, tal vez le prometieron que yo no iba a salir nunca de la cárcel. Con este fallo la familia está asombrada porque perdió a un hijo y vos no podes, como fiscal, asegurarles algo que sólo presumías. Los jueces se dividen en los primeros que me tocaron y los que me juzgaron. Algunos actuaron como debían actuar y otros se plantaron perplejos ante mi causa. Cuando vi el primer día del juicio que los jueces eran hombres me tranquilicé, no sé por qué, pero me sentí mejor.

— ¿Tenés miedo a la sociedad, a soportar la vindicta pública?

— No tengo miedo. Miro a la cara a cualquiera y no bajo la vista porque no tengo nada que ocultar. En el juicio me pasó que cada uno de los testigos que salían de la sala, y que en muchos casos mintieron para que yo quedara presa con perpetua, me miraban y los miré sabiendo que soy inocente. Ahora si salgo, voy al súper y me tiran piedras, obvio que tendré miedo.

— ¿Qué viene ahora?

— Voy a reinsertarme en la sociedad. Esto no termina acá y falta mucho para recorrer, habrá cosas nuevas que vendrán. La misma noche del miércoles, que ya estuve en mi casa, llamamos al 911 porque había dos autos extraños dando vueltas y en el barrio nos conocemos todos, pero no tengo miedo.

— ¿Por qué te absolvieron?

— En el juicio se dijo que yo le pegaba a Marcos, que era violenta, que le había dado un ultimátum. Pero paradójicamente me absolvieron por las palabras que dejó Marcos. Se presentaron videos, audios y fotos; un pen drive, un celular y una notebook de Marcos que nos sirvió para desmontar las mentiras. Nosotros hicimos el juicio y expusimos pruebas, según dice mi abogado (Fausto Yrure) gracias a Marcos. Con las palabras y las imágenes que él guardó con respecto a mi y a Tiziana se pudo demostrar mi inocencia y otras cosas.

Antes de que se le hiciera una nueva pregunta, Priscila se levantó de la mesa de su casa familiar en un barrio alejado del centro y fue a la habitación de su hija Martina, que estaba a punto de despertarse. Lo pudo hacer, ya está libre.