Caso Beroiz: los últimos testigos afianzan la pista de la disputa gremial
Si las disputas de poder al interior del Sindicato de Camioneros de la provincia aparecían para los investigadores judiciales como el detonante del crimen del dirigente Abel Beroiz, esa línea no hizo más que reforzarse en los últimos días con los reveladores testimonios que prestaron en Tribunales algunos integrantes del gremio...

Lunes 02 de Junio de 2008

Si las disputas de poder al interior del Sindicato de Camioneros de la provincia aparecían para los investigadores judiciales como el detonante del crimen del dirigente Abel Beroiz, esa línea no hizo más que reforzarse en los últimos días con los reveladores testimonios que prestaron en Tribunales algunos integrantes del gremio. Esas declaraciones, a seis meses del homicidio y cuando cuatro personas están detenidas, revelaron que no sólo había empezado a gestarse un grupo opositor al secretario general sino que su muerte se produjo cuando planeaba desplazar a uno de sus opositores, Alejandro Lázaro, de la conducción de la filial San Lorenzo.

Eso se desprende de los relatos de sindicalistas que declararon entre el 8 y el 16 de mayo pasados ante el juez de Instrucción Osvaldo Barbero. Mientras se investiga a cuatro personas como autores, intermediarios o instigadores del homicidio; la consulta judicial a los gremialistas apuntó a conocer cómo era la composición de fuerzas en el gremio que dirigía Beroiz.

Las declaraciones de los sindicalistas fortalecieron la principal hipótesis que guía la investigación desde los días posteriores al 27 de noviembre pasado, cuando Beroiz fue baleado y apuñalado en el subsuelo del ACA. La presunción judicial es que tras el homicidio se insinúa una puja de poder. Según constancias de la causa, un grupo liderado por el número dos de Beroiz, Raúl Alfredo Luna, aspiraba a ocupar su cargo.

"Cuando Luna empezó a desempeñarse en la parte gremial cambió y a partir de 2004 hubo un alejamiento de la figura de Abel. Se había hecho de un grupo de colaboradores que no respondían a Beroiz y repartían tarjetas a los afiliados. Esto era de público conocimiento y llegó a oídos de Beroiz, pero nunca se pensó que derivaría en un hecho de esta gravedad", describió uno de los allegados al gremialista asesinado.

Esas diferencias entre los conductores del sindicato provincial se habrían expresado en órdenes que Luna impartía en nombre de Beroiz, pero que éste luego no reconocía como propias. O en un paro que Luna impulsó en la empresa de transportes Dolzani de Reconquista cuando se inauguraba un camping sindical en Venado Tuerto, lo que disgustó a Beroiz. "Estaba muy enojado con esa situación", amplió su colaborador. Luna, quien niega haber armado una lista opositora, no recibió ninguna imputación judicial aunque tras ser mencionado en el expediente pidió licencia gremial

San Lorenzo, bajo la lupa. Los gremialistas también dieron referencias explícitas de la rivalidad que se había gestado entre Beroiz y otro de los hombres cercanos a Luna, Alejandro Lázaro, quien comandaba la seccional San Lorenzo. Según contaron, Lázaro había llegado al gremio recomendado por Juan Carlos Dell’Arciprete, otro hombre del entorno de Luna detenido como supuesto instigador (ver aparte). Revelaron que Beroiz desconfiaba del accionar de Lázaro y consideraba que esa delegación estaba "desprestigiada".

"Se decía que Lázaro estaba derivando casos del gremio a otros abogados, lo cual no corresponde", dijeron los sindicalistas. Los investigadores presumen que esos juicios laborales habrían sido desviados a Julio César Jerez, un gestor que trabajaba con estudios jurídicos de Rosario y que está acusado de contactar a quienes planearon el asesinato con los sicarios.

El recelo de Beroiz hacia ese dirigente se expresó en algunas medidas que adoptó poco antes de su muerte. En una ocasión, le ordenó a Lázaro que se estableciera en la delegación de San Jorge durante una semana con la supuesta misión de realizar tareas de control en esa filial. Pero los allegados a Beroiz aseguran que su verdadera intención era correr momentáneamente a Lázaro de San Lorenzo para inspeccionar la zona.

Además, le pidió a uno de sus allegados que acompañara a Lázaro a las audiencias en la Secretaría de Trabajo para observarlo, porque "sospechaba que se manejaba irregularmente en las inspecciones a las empresas para ver si cumplían con el convenio colectivo".

Al parecer Beroiz quería controlar de cerca a Lázaro y por eso les indicó a dos abogados del gremio que viajaran dos veces por semana a San Lorenzo a realizar tareas de asesoría legal, con el propósito no declarado de mantenerlo vigilado. Esa actividad no llegó a realizarse: el primer día que los asesores irían a San Lorenzo fue el martes que mataron a Beroiz. Cuando Raúl Luna ocupó el lugar de Beroiz dejó la medida sin efecto.

Según los gremialistas que declararon en la causa, Lázaro estaba en la mira de Beroiz, quien le renovaba la licencia gremial cada dos meses cuando para el resto de los delegados el plazo de revisión era de ocho meses.

Pero un último gesto de Beroiz dio cuenta de que los días de Lázaro al frente de la seccional estaban contados. Según precisaron, el dirigente convocó por escrito a una reunión de encargados regionales para revisar sus gestiones que "era especialmente para ver cómo se había manejado Lázaro. Dijo que si comprobaba que Lázaro no había hecho nada o detectaba algo irregular lo sacaba. Todos sabían que quería sacar a Lázaro". Esa reunión, sin embargo, no llegó a concretarse. Estaba prevista para el 27 de noviembre, el día que mataron a Beroiz.