Rosario vivió un Día del Amigo atípico, con poca gente en los bares
La pandemia le ganó a la fiesta y los corredores gastronómicos mostraron una foto muy distinta a la que suele dejar este tipo de celebraciones.

Lunes 20 de Julio de 2020

Los rosarinos vivieron el Día del Amigo más tranquilo y relajado de los últimos tiempos. Lejos de las fiestas en domicilios privados y los brindis multitudinarios en bares y restaurantes de Pellegrini o Pichincha, la pandemia de coronavirus obligó a respetar el protocolo y celebrar con mesura y prevención. En los habituales corredores gastronómicos de la ciudad se pudo ver un movimiento mayor al de cualquier lunes, pero la instantánea distó mucho de la que acostumbra dejar este tipo de celebraciones.

"En Paseo Pellegrini está todo muy tranquilo, no hay mucha gente, y los inspectores que tengo en la zona de Pichincha me dicen que sí hay gente pero no está colmada, no hay desbordes", le dijo a La Capital la secretaria de Control y Convivencia de la Municipalidad de Rosario, Carolina Labayru. El otro operativo importante fue en la zona norte, en la costanera, donde un motociclista intentó evitar a los inspectores pero fue detenido tras una persecución en Gurruchaga al 500. Al menos hasta las 22 había sido el único incidente de una noche del Día del Amigo atípica, que seguramente será recordada como aquella en la que el coronavirus le ganó a la fiesta.

"Habrá que esperar un poco más, pero hasta ahora está todo muy tranquilo", insistió Labayru, en una avenida Pellegrini donde la pandemia obligó a respetar una ocupación del 50 por ciento en los locales gastronómicos. Pero, aún así, en algunos restaurantes se vieron mesas vacías pasadas las 21, el horario en el que recayó la mayoría de las reservas.

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Empujados por el clima de este inusual invierno, los que desafiaron al virus y se animaron a salir tenían hasta las 23, horario previsto para cerrar las puertas a la entrada de nuevos clientes, tras lo cual estaba prevista una tolerancia máxima de una hora y media para que todo el local quede cerrado, sin empleados y con las luces apagadas.

Desde temprano Labayru había recomendado a la población festejar en bares y restaurantes, ante la prohibición de realizar fiestas privadas. Hasta el momento, la gente había respetado esa restricción y no había denuncias a los teléfonos 911 y 147, aunque la funcionaria destacó que "esas quejas por ruidos molestos suelen llegar más tarde, pasadas las 23".

Otro punto del protocolo era no superar las seis personas por mesa, lo cual se respetó en todo momento, incluso por algún grupo que superaba ese número. ¿Cómo? Simplemente se repartieron en dos mesas.