Lunes 27 de Abril de 2020
“Hoy en el marco de la pandemia, el Ministerio de Salud es el que está en el frente, pero la ciencia también está haciendo su combate en los laboratorios”, dice Roberto Salvarezza, ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación. En diálogo con La Capital, el funcionario dio cuenta de las respuestas del sector científico argentino frente al coronavirus y de la entereza de la comunidad científica nacional, a la que en tiempos de pandemia hoy todos miran.
Desde mediados de marzo se encuentra en funcionamiento la Unidad Coronavirus Covid-19, integrada por el Ministerio de Ciencia, el Conicet y la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Productivo y la Innovación, cuyo objetivo es poner a disposición de la Presidencia de la Nación y del Ministerio de Salud todas las capacidades de desarrollo de proyectos tecnológicos, recursos humanos, infraestructura y equipamiento que puedan ser requeridas para realizar tareas de diagnóstico e investigación sobre el Covid-19.
En este marco, Salvarezza destacó que más de 900 propuestas se presentaron a la convocatoria a formular proyectos de investigación con impacto local frente al coronavirus. “Nos encontramos con aproximadamente 3600 investigadores a los que hemos logrado focalizar en el corto lapso de un mes en la problemática de la pandemia”, apuntó.
—La ciencia argentina sobrevivió a cuatro años muy duros de desinterés por parte del Estado ¿Cuál es la situación hoy?
—Con la degradación del ministerio a secretaría muchos tuvieron que irse y el golpe fue muy duro. El Conicet fue una de las instituciones más golpeadas dentro del sector público. Para volver a poner todo en marcha se trabajó los primeros 60 días atendiendo a ese escenario de desfinanciamiento, con becarios en el nivel de pobreza, subsidios que no alcanzaban e ingresos al sistema muy limitados. Desde el 10 de diciembre nos dedicamos a atender esa situación, a tratar de relanzar el sistema y en ese aspecto se avanzó mucho, porque hoy estamos transitando mes a mes los incrementos de becas. Este año ingresaron 800 investigadores, hay plazas para 300 técnicos más y también aumentamos los subsidios de investigación en un 25 por ciento.
—En el marco de la pandemia ¿cuál es la situación presupuestaria del Conicet?
—Las mejoras se están cumpliendo, y todas las acciones referidas al incremento de becas, ingresos a la carrera y mejoras en materia de subsidios siguen en marcha, no hubo ningún recorte. No hemos interrumpido nada, lo que hemos hecho es concentrar una cantidad de recursos extras del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) y fondos extras del Focem (Fondo para la Convergencia de Estructural) del Mercosur, que pedimos que fueran reasignados por el contexto de la pandemia.
—El presidente suele darle un lugar de privilegio a la comunidad científica ¿Este gesto define una nueva política de Estado respecto a ciencia?
—Claramente. Durante la campaña electoral el Frente de Todos sostuvo que había que poner a la ciencia argentina de pie, que había que volver a tener el esquema que había tenido el país entre el 2003 y el 2015. El hecho de que Barañao continuará durante el gobierno de Macri fue un reconocimiento de que la política científica había sido adecuada. Ya desde la campaña se había planteado como eje que la ciencia argentina tenía que volver a jugar el papel de ser un insumo para el desarrollo. El presidente apenas asume le da el rango de ministerio al sector científico y en los primeros 60 días toma la determinación de sacar a 12 mil becarios del Conicet de la línea de pobreza. El discurso de Alberto Fernández del 1º de marzo diciendo que es un gobierno con científicos también reafirma la idea de que había que apostar a una continuidad del modelo de 2003 - 2015. Hoy en el marco de la pandemia, el Ministerio de Salud es quien está en el frente, pero la ciencia también está haciendo su combate en los laboratorios, está haciendo su aporte. El sistema científico argentino ha vivido siempre entre subidas y bajadas, más bajadas que subidas.
—¿No cree que esos cambios de rumbo de las políticas públicas en ciencia es el factor que explica la fuga de cerebros que caracteriza al país?
—Por supuesto, cuando ocurren las tormentas y los científicos no tienen alicientes para poder investigar como pasó en los últimos cuatro años, los investigadores se van. El escenario era complejo, se había cortado el ingreso al Conicet, tampoco había más cargos en la universidad, no había cargos en el Inti (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) ni en el Inta (Instituto Nacional de Tecnología Agripecuaria). No había lugar para investigar. En ese marco los que se doctoran no tienen futuro ni lugar para estar. Los salarios de los más jóvenes se degradaron en un 35 por ciento. El futuro de los científicos claramente era “váyanse”.
—¿Por qué cree que cuesta tanto generar consensos para delinear una política de Estado con continuidad en materia de desarrollo científico y tecnológico?
—Hay que pensar en las disputas respecto a los modelos de Estado. Cuando en el país se desarrolla un modelo que plantea que el Estado debe ser pequeño y que hay que dejar librado a la iniciativa privada el control de la actividad socio económica, entonces la ciencia también se achica, porque la inversión en ciencia en nuestro país es fundamentalmente estatal. Cuando el Estado se corre todo el sistema científico se cae, la idea de reducir el Estado de Cavallo y de mandar “a lavar los platos” a los científicos está dentro de esta concepción. Un Estado que se achica en salud pública y educación también se achica en ciencia, y en estos escenarios los proyectos científicos sobreviven malamente. Cuando la concepción es que el Estado tiene que ser un espectador y la dinámica de la economía y de la sociedad la debe tomar el sector privado, la ciencia en la Argentina cae.
—Si se ve en perspectiva, la desinversión en ciencia ha sido una constante en los gobiernos neoliberales de América Latina, pero las derechas de la región tienen particularidades que no son propias de otras derechas en el mundo. ¿Por qué cree qus así?
—En ese punto confrontamos con la administración anterior. Les planteamos: “Ustedes quieren modernizar la Argentina y hablan de los modelos de Israel o de Australia, pero en esos países las universidades y organismos de ciencia están muy bien financiados, por eso nos triplican o cuadriplican en el número de científicos, mientras que en el país ustedes echan a los investigadores y les recortan el presupuesto”. Los proyectos neoliberales de las derechas latinoamericanas no son como los de Europa o Estados Unidos, porque en esos modelos claramente está incorporado el valor del conocimiento y la inversión estatal es apoyada por el sector privado. Siempre el Estado está presente, nunca deja de estar.
—Está presente también la consideración del interés nacional.
—Exactamente, porque los modelos neoliberales latinoamericanos no son modelos capitalistas tal cual se lo plantean los países centrales, los proyectos de las derechas latinoamericanas tienen una concepción de liberalismo periférico donde nuestros países ocupan el rol de periferias de las grandes potencias, somos los productores de materia prima y no tenemos porqué ocupar un lugar en el desarrollo tecnológico. Cuando la Argentina desarrolló su capacidad satelital, Cambiemos propuso que sea una compañía norteamericana la que se quede con el Arsat 3. La idea de esa administración era ¿para qué vamos a competir en materia satelital si podemos comprar un satélite más barato?
—La idea sería regirse por la teoría de las ventajas comparativas del siglo XIX: Argentina vende granos y compra productos elaborados.
—Efectivamente, yo he discutido esto con embajadores de países que nos plantean por qué producir un auto latinoamericano si al final es de peor calidad y cuesta más que en el país central. La lógica es importar, siguiendo el modelo chileno. La apuesta de los países centrales es que vendamos soja y ellos se ocupan de la tecnología. Y ahí viene el rol que adopta la dirigencia política neoliberal argentina, que es admitir esa subordinación y no plantearse ni siquiera modelos capitalistas liberales competitivos, ese es el gran problema. En la Argentina no tenemos una derecha que se proponga ejecutar un modelo económico liberal invirtiendo en educación y generando universidades fuertes que se asocien con las empresas y les transfieran conocimientos para que hagan mejores negocios. Ese sería el caso de la industria farmacéutica norteamericana, donde la mayoría de los descubrimientos los hacen en los institutos de salud estatal, pero quien se apropia finalmente del conocimiento es la industria privada. Tienen un modelo neoliberal pero logran tener capacidad tecnológica nacional. Creo que hay que trabajar mucho desde el Estado como generador de conocimiento, asociado con empresas de base tecnológicas e impulsarlas. Ese es el escenario a construir, ese es el proyecto.
—En esos modelos neoliberales que ponen el foco en el tema del equilibrio fiscal ¿no se considera el gasto que implica formar un investigador en una universidad pública para después expulsarlo?
—Eso es inexplicable, pero hay que pensarlo entendiendo que los proyectos de esos gobiernos están centrados en la educación privada, donde los sectores de la sociedad que pueden pagar son los que costean la formación de ese graduado, que luego va a prestar servicios a una empresa privada y no al Estado. Entonces se genera un circuito privado, tal como el modelo chileno. Cuando asumió la administración anterior se encontraron con mil ingresos en el Conicet y plantearon que era un gasto enorme, entonces achicaron el ingreso a la mitad y cerraron organismos de Estado. La expresión “para qué tenemos universidades en el conurbano” es ilustrativa de eso. Para ellos el tema de perder esos recursos es transitorio, porque después van a armar ese circuito privado. Las patas de una economía del conocimiento son organismos en ciencia y tecnología, educación y universidades. Sin eso no hay economía del conocimiento, no hay emprendedores, no hay empresas competitivas.
—Volviendo a la coyuntura, el Ministerio lanzó una convocatoria para la presentación de proyectos de investigación con impacto local frente a la pandemia ¿Cuál fue la respuesta de la comunidad científica?
—La convocatoria cerró el 10 de abril con la presentación de más de 900 proyectos. Esas ideas-proyecto comenzaron a ser evaluadas por una comisión de expertos. Los seleccionados tienen un mes para formular el proyecto final para inmediatamente comenzar a ejecutarlos. Hay que destacar que un equipo que presenta una idea proyecto no son menos de cuatro investigadores, entonces nos encontramos con aproximadamente 3600 investigadores a los que hemos logrado focalizar en el corto lapso de un mes en la problemática de la pandemia. Hay proyectos que van desde la ingeniería, la medicina, pasando por la biotecnología, la física y la química. Fue una convocatoria con una respuesta multidisciplinaria, por eso creo que vamos a tener como resultado ideas muy importantes que no solo van a servir para esta coyuntura sino que también van a permitirnos ver nuestra capacidad de enfocarnos en una problemática y resolverla.