Domingo 10 de Octubre de 2021
Otra vez hizo de las suyas. Lionel Messi ratificó ser de otra galaxia. Jugó diezmado por el dolor que acarrea en la rodilla izquierda. Ni se notó cuando pisó el Monumental. El rosarino fue el director de la gran orquesta nacional, que se lució ante Uruguay.
“Estamos creciendo mucho. Salió todo perfecto”, confesó tras el 3 a 0. Leo se movió con libertad detrás de los fieles laderos De Paul y Lo Celso, quienes también tuvieron un rendimiento superlativo. El pibe surgido de Grandoli que ahora es puro glamour en París defendiendo a PSG, abrió la cuenta a los 38 minutos de manera llamativa. Metió un pincelazo largo con su fina zurda para el ingreso de Nico González, pero la pelota terminó abrazado a la red ante la tardía complicidad de Muslera. Hizo el tanto “sin querer queriendo”.
El 10 tuvo una noche perfecta. Se erigió además en el primer futbolista sudamericano que llegó a los 80 gritos sagrados en toda la historia de selecciones nacionales. Extendió el récord nacional de 155 partidos con la celeste y blanca. Fue una auténtica pesadilla para los celestes. Fiel a su estilo, ratificó que tiene un imán. Es el amo y señor del fútbol. El gran conductor y máximo emblema nacional.
En cancha de River volvió a dejar la huella que aprendió en el potrero y eclipsó a propios y extraños. La Pulga hizo lo que quiso durante todo el encuentro. Acrecentó su figura y potenció el amor con la masa. “Lo del público es impresionante. Cada vez es más lindo disfrutar de esto. La comunión con la gente es lindo. Ojalá dure mucho tiempo el idilio con la gente”, clamó el capitán. Su estirpe de crack lo sigue diferenciando de los comunes mortales. Juegue ciento por ciento. O “diezmado” como ayer. Por algo es el mejor del planeta desde hace más de una década.