El Canalla transita un andar con intermitencias y del que no puede desentenderse. En la previa del clásico el equipo de Almirón mostró su costado más débil
06:00 hs - Lunes 31 de Agosto de 2026
Los momentos en el fútbol suelen ser importantes, aunque nunca parecen determinantes. De todas formas, transitar montado sobre una ola de buenos resultados es lo más conveniente. Eso es algo que justamente a este Central le ha costado mantener. Es que el Canalla atraviesa un semestre amarrado a una ciclotimia continua, que no hace otra cosa que poner de vez en cuando una piedra en el camino. Pero claro, este último adoquín que le apareció en el camino no fue en un momento cualquiera. Fue ni más ni menos que en la previa del clásico.
Tendrá una semana larga de trabajo el plantel canalla para reponerse de lo que fue el durísimo golpe que recibió frente a Gimnasia y en estos días que se le vienen por delante la tarea será mucha.
Jorge Almirón y sus dirigidos están en la obligación de recomponer inmediatamente el estado de ánimo, pero también cuestiones futbolísticas, que en definitiva son la base para llegar a los buenos resultados.
Un Central con altibajos
Lo que nadie puede poner en duda hoy es que Central es un equipo con altibajos, capaz de atravesar momentos de cierta tranquilidad, pero también otros en los que las dudas y las malas vibras dominan la escena.
Esto que sucedió el sábado por la tarde en el Gigante de Arroyito fue un toque de atención importante, de esos que ameritan una reflexión profunda. Jugar con la liviandad con la que lo hizo frente a Gimnasia es un arma peligrosa para un partido de tanta trascendencia.
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Hay algo que puede funcionar a modo de atenuante y es que un clásico siempre es especial, que es un partido en el que se afronta y se intenta jugar de una manera particular. Desde esa óptica, existe una clara sensación de poder revertir la historia, pero es algo que habrá que llevarlo a la práctica. Y ahí está el verdadero desafío.
En el peor momento
De lo que nadie se atreve a dudar tampoco es que este último tropiezo apareció en el momento menos deseado. Desde lo emocional, si había un partido en el que no se podía fallar era este. Por eso el lamento de todos en ese final caótico, con un error grosero propio que lo hizo pasar por caja y pagar un costo altísimo.
Aun en ese partido apenas discreto que había hecho el Canalla, el empate que había logrado con ese zapatazo de Jaminton Campaz hubiese servido para que el ánimo no terminara por el piso. Pero la historia fue otra y es lo que en Arroyito toca vivir.
Cuando se habla de un equipo con vaivenes, en el que frente a cada tropiezo hay una capacidad de reacción y viceversa, es por lo que demostró este Central en lo que va del semestre.
Aquel mal inicio
Aquel inicio de torneo, con la derrota en cancha de Belgrano, fue algo así como la continuidad de lo malo que había resultado el cierre de la primera mitad del año. De ahí en más, una reacción que coqueteó con el crecimiento, pero que nunca terminó de afianzarse.
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Aparecieron los triunfos frente a River en el Monumental y ante Aldosivi en el Gigante, lo que pareció el mejor indicativo de cara a esa llave de octavos de final de la Copa Libertadores que no pudo sortear ni siquiera habiendo sido superior desde lo futbolístico frente a Corinthians.
Tras ese mazazo Central volvió a mostrar que era capaz de levantarse rápidamente. Con una pila de errores a cuestas, fue positivo lo que hizo en su excursión a Córdoba, donde mereció algo más que el empate que logró de la mano de Ángel Di María.
Justo en la vuelta al Gigante
Pero nuevamente otro vaivén de esa ciclotimia evidente. La vuelta al Gigante, ante un Gimnasia que venía golpeado, parecía la ocasión ideal para que la curva ascendente no se detuviera, pero no fue lo que ocurrió. Este equipo de Almirón se encerró en ese cascarón que ya otras veces le impidió meter un salto de calidad. Atinó a resquebrajarlo, pero no pudo romperlo. Un nuevo paso en falso.
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La sentencia de que no era el momento indicado para resbalar la dieron los propios hinchas, en un tramo final del partido con reprobaciones hacia varios actores en particular y con una despedida del equipo en la que los silbidos fueron más audibles que los aplausos.
El domingo habrá un nuevo capítulo por escribir, uno de los más importantes del semestre, y para llegar a ese final feliz al que todos apuntan en Arroyito, al equipo no le quedará otra que volver a mostrar reacción.