En defensa de las defensas
Algunos entrenadores desprecian el resultado y sólo se preocupan por el estilo al que creen más importante que ganar.

San Lorenzo y Lanús jugaron el domingo el mejor partido del campeonato hasta ahora. ¿El mejor o el más emotivo? La discusión tiene tantos años como el fútbol mismo. El torneo que recién comienza ya ofreció 6 empates 2 a 2, una rareza para tan pocos partidos, que marcaron los momentos más excitantes de la incipiente competencia, pero no necesariamente los tramos de mejor juego de la Superliga.

En la 1ª fecha, Lanús-Defensa y Justicia, Tigre-San Lorenzo y Atlético Tucumán-Racing terminaron 2 a 2. En la segunda repitieron ese resultado San Lorenzo-Lanús, Newell's-Independiente y Colón-Tigre.

No todos esos partidos fueron iguales, pero sí tuvieron algo en común: una cantidad industrial de errores y desatenciones de mitad de cancha hacia atrás. En cada uno de los manuales, el pragmático y el lírico, existen argumentaciones para diferenciar el bien y el mal. ¿Cómo se dirime? Tratando de aplicar la lógica, el sentido común y poniendo cada cosa en su lugar.

Ni el bien ni el mal

Primero y principal, en el fútbol no existe ni el bien ni el mal. Es un juego en el que cada uno busca la forma que cree más adecuada para meter la pelota dentro del arco del rival siempre dentro de parámetros reglamentarios. Todo lo demás forma parte del decorado que en el fútbol siempre ocupa mucho más espacio que la realidad.

"El que quiera venir a ver un espectáculo que vaya al teatro, nosotros tratamos de ganar el partido, no venimos a dar un espectáculo", dijo la Brujita Verón dos días antes de enfrentar a Barcelona por la final del Mundial de Clubes en 2009.

En las antípodas de Verón, que jugaba bastante bien a la pelota, se puso alguna vez el ahora periodista y ex futbolista Diego Latorre.

"Si quieren espectáculo que vayan al teatro, dicen los prácticos. Dentro de un tiempo estarán repletos los teatros y vacías las canchas", dijo Gambetita por twitter y seguramente ampliaría con mayores argumentaciones si se lo volviera a consultar aunque las canchas nunca se vaciaron ni se vaciarán y los teatros sólo se llenan cuando lo que se ofrece vale la pena.

¿Quién va a la cancha seguro de que su equipo ganará o jugará bien? Si fuera así, más vale mirarlo por la tele. La gente va a ver a su equipo. Si gana se va siempre contenta y si pierde generalmente se retira triste.

No obstante, existen un par de aseveraciones que sí son concretas: no existe una sola forma de jugar y nunca debe anteponerse una ideología de juego por encima de las características de los jugadores. Eso es, lisa y llanamente una estafa al contrato que firma un entrenador. O en todo caso una grosera falla estratégica de quien lo contrata, que pone en riesgo los intereses del club que preside.

Nadie debería anteponer su ideología a los intereses de una institución, pero es mucho más usual que lo que pueda imaginarse.

El fútbol está plagado de versos que decantan mansamente en los brazos de los resultados.

Durante la primera fecha, Tigre le ganaba 2 a 0 a San Lorenzo y terminó empatando 2 a 2. En la segunda, vencía 2 veces a Colón y también acabó repartiendo puntos, o sea perdiendo 2, por no tomar precauciones. Ni siquiera insinuarlas.

Es cierto que el plantel a disposición del Lobo Cristian Ledesma es limitado y es entendible que resulte complicado tomar precauciones, pero al menos debería intentarlo en pos de lo más importante que tiene el fútbol, el resultado. Sobre todo para un equipo que necesita sumar de a 3 sí o sí para tratar de escaparle al descenso que prácticamente parece decretado.

Tigre, el primer ejemplo elegido, dilapidó 4 puntos de 6, un déficit casi imperdonable por sus necesidades.

Lanús le ganaba 2 a 0 a Defensa y Justicia en la fecha inaugural y no pudo sostenerlo porque su entrenador no "negoció" su estilo. Dicho de otra manera, prefirió correr el riesgo del empate antes que modificar el juego. El Granate es un equipo absolutamente descompensado que tiene muchos argumentos cuando ataca y carece de todos ellos cuando defiende.

Atlético Tucumán perdía 2 a 0 con baile frente a Racing, pero cambió todo lo que Racing no quiso cambiar para el segundo tiempo y no lo ganó de casualidad, pero lo empató.

La diferencia entre cambiar y no hacerlo muchas veces es el resultado mismo. Y el problema es que muchos entrenadores desprecian el resultado. Insólitamente, para ellos ganar o perder es lo mismo hasta que las derrotas los ponen en el brete de tener que sumar puntos, que es el principal motivo para el que fueron contratados.

Descompensados

Generalmente detestan el orden defensivo, creen que alcanza y sobra con ser ofensivos. Pero con mirar sólo el arco de enfrente no alcanza ni sobra. Boca, quizás el equipo más descompensado del fútbol argentino, disimula la mayoría de sus defectos con las enormes diferencias que marca en las capacidades individuales de sus futbolistas. Pero el lunes encontró la horma de su zapato y se entregó mansamente ante un juvenil Estudiantes que supo cómo jugarle. Durante el desarrollo claramente desfavorable Boca no cambió nada, sólo se resignó.

Vélez salió a suicidarse contra Racing y se suicidó nomás. Jamás mostró el más mínimo atisbo de un cambio de estrategia en pos de modificar el resultado, más bien todo lo contrario.

Guillermo, Heinze, Ledesma, Carboni, Coyette, por momentos Beccacece, son los principales cultores hoy, en la Superliga, de sistemas ultraofensivos poco confiables que, como todo fanático, sólo utilizan una parte de la biblioteca.

Al Mellizo lo defiende la billetera, pero a los demás...