Central encontró el hilo del ovillo en el final para celebrar una victoria que tiene un peso gigante

Pese al flojo rendimiento, el Canalla merecía ganarlo y lo hizo en la última bola para atesorar tres puntos clave de cara a la clasificación a los playoffs

Domingo 19 de Abril de 2026

Central merecía ganarlo, pese a ese rendimiento anodino que mostró durante gran parte del encuentro. Porque el Canalla fue eso, un equipo con altibajos, de ritmo lento. Pero claro, después del buen paso que había dado en la Copa Libertadores había otra cuota por saldar: empezar a sellar el pasaporte a los playoffs en el Apertura. Lo logró en la agonía, en la última bola de la noche y después de una carga de angustia importante por parte de los hinchas. Un 2-1 sobre el limitado Sarmiento que se festejó a rabiar.

A esta altura Central sabe que cada paso que dé en un terreno le simplificará la vida en el otro. Y vencer a Sarmiento implicaba no ir con presiones a Río Cuarto. Desde esa óptica, misión cumplida. La clasificación a octavos de final quedó más a tiro que nunca y el sufrimiento pasará a ser rápidamente parte del recuerdo.

No hay forma de comprobarlo, pero la sensación en el inicio fue que Central entró regulando fuerzas, midiendo el desgaste por aquello que había hecho por la Copa. Por eso le costó meterse en partido. Al control del balón le faltaba velocidad, pero también carecía de intensidad en la salida del rival. Así, Sarmiento salía con bastante tranquilidad.

>>Leer más: Central encontró la victoria en la última por un error del arquero de Sarmiento y el pie de Pizarro

Central, a partir de Campaz

Todo lo bueno que insinuaba el Canalla era por izquierda, a partir de Campaz, que comenzó a asociarse con Sández. El lateral fue el primero en avisar, con un potente remate que se fue alto. Al menos sirvió para que el equipo se despabile. Julián Fernández estaba lejos de encontrar desequilibrio por derecha, a Pol Fernández le costaba un montón la generación por el centro y así todo era cansino, lento, previsible.

Campaz habilitó primero a Pizarro y después metió un centro peligroso que Veliz no pudo conectar. Era un Central de jugadas más que de juego. Los méritos aparecían, pero había algo que no conformaba a los hinchas. Por eso explotaron con el “movete, Central, movete” cuando Ovando salvó en el segundo palo tras el centro de Caramelo Martínez.

Al menos el equipo tuvo reacción. El juego no creció mucho, pero sí el equipo fue más ambicioso. Burrai le tapó el mano a mano a Pol Fernández después de la asistencia de Pizarro y el chileno le dio suave con derecha dentro del área. A esa altura Central, intermitencias mediante, ya era merecedor de algo más que el empate. La balanza la inclinó a los 41’ con esa combinación entre Campaz y Pizarro que siguió con el taco de Pol para que Veliz definiera con suficiencia. Resultado justo de cara a un complemento con otras aristas.

>>Leer más: El superclásico de los campeones con Central: Sifón Úbeda le ganó la pulseada al Chacho Coudet

El ingreso de Di María

Central tenía todo para manejarlo con más calma, pero el reinicio fue en medio de una parsimonia que hacía que ese triunfo que aún merecía caminara por la cornisa. Algún que otro aviso esporádico, pero no mucho más. Julián Fernández desperdició una contra en superioridad numérica a los 22' y a Veliz se la sacaron justo en el centro de Coronel. Almirón dio algunos indicios de querer mejorare la cara al equipo, sobre todo con el ingreso de Di María, pero la cosa no funcionada.

Y tanta fragilidad encontró castigo en esa arremetida de Jonatan Gómez en la que Ovando no pudo frenarlo primero y Ledesma después mostró una reacción flaca. Central no merecía que se lo empataran, pero el fuego en el que había empezado a jugar ya lo estaba quemando.

A partir de ahí, hubo unas ganas bárbaras que contrarrestaron con la evidente falta de ideas. Ya con Di María en cancha se podía esperar otra cosa y de hecho Fideo metió algunas pinceladas, pero colectivamente el equipo siguió lejos de alcanzar ese nivel mínimo que el partido requería. En medio de la confusión, hubo un zurdazo de Di María que lamió el palo derecho de Burrai, un remate a quemarropa de Campaz y un anticipo a Duarte dentro del área chica.

Lo ganó en el final

Un partido a pedir de boca de un Sarmiento que intentó enredarlo todo lo que pudo frente a un Central al que le era imposible encontrar la punta del ovillo, hasta que en ese final cada vez más largo llegó el remate de Ibarra, el rebote de Burrai y la aparición de Pizarro.

Gol, locura, desahogo. Todo eso y un poco más en un Gigante que había sufrido muchísimo y que cuando parecía que la noche pintaba oscura encontró la alegría de una victoria que implicó un paso enorme para la clasificación a los octavos de final. En un partido chiquito, un triunfo gigantesco.