Sábado 14 de Noviembre de 2020
Primero hay que saber sufrir. Esa máxima tanguera le cae como anillo al dedo a este Central del Kily González, que se armó para afrontar este torneo de emergencia con el contexto sabido, con necesidad de achicarse, de invertir poco y de apoyarse como nunca en sus inferiores y la consecuencia apareció más temprano que tarde. Nadie puede hacerse el distraído al respecto y lo peor, ante la tremenda diferencia colectiva que le enrostró Banfield, sería enloquecerse. Mucho menos si se tiene en cuenta que los mayores problemas no están en aquellos que se están haciendo sino en los recontra hechos que no están dando para nada la talla y exponen al resto. Es lógico que a este ciclo del Kily aún no le dé el cuero y que la esperanza de pelear el título empiece a ser eso: esperanza con poco de certeza. Pero hay que seguir, porque después de todo algunas cuestiones pueden apuntalarse y se venía de un digno papel ante el poderoso River. Más allá de que el 4 a 2 del Taladro hace poner todo en duda.
Cuando Fontana se elevó con solvencia a los 27’ para estampar el empate, ya se percibía ese tufillo a cosa juzgada. Es que Banfield siempre fue un equipo, Central está en el intento. Hubo mucho de racional en lo que pasó anoche en el Gigante. Ojo, no confundirse. No se enfrentaron un grupo de expertos a uno de chicos. De hecho, el equipo visitante presentó 8 jugadores bien made in Taladro, mientras que el del Kily tuvo 7 incluyendo a Vecchio. El promedio de edad canalla inclusive fue más alto: 26,45 años contra los 25,77 del rival.
¿Entonces? Sanguinetti, ayudante de campo eterno de Julio César Falcioni y casi el técnico real en los últimos tiempos, fue forjando este equipo, claro tácticamente, contundente, que sabe lo que quiere, aguantando las derrotas en una Superliga donde terminó lejos. De hecho, antes de estos tres triunfos al hilo, llevaba 6 sin victorias. Se sacó de encima a varios, sumó la experiencia necesaria con uno de probado resultado como Mauricio Cuero, repatrió al pibe Payero que hizo crecer cediéndolo un año a Talleres, y ahora es lo que es.
Y no sólo hay que decir que el Kily González se está haciendo en esta lid y con él varios jugadores que necesitan tiempo. Lo peor que le está pasando es que los rodean con extremas inseguridades desde la columna vertebral que nace desde el fondo. Ahí donde sí tiene experiencia, ya quedó claro que están las principales debilidades y así se hará muy difícil que aquellos crezcan. Tiene un problema enorme el técnico de Central, que será complicadísimo solucionar en el tiempo que le da esta Copa. Porque, sin pretender ser ofensivo ni mucho menos, la zaga central volvió a quedar en ridículo en cada festejo de Banfield.
Si hasta Rinaudo, que está claro que sin minutos en cancha no podrá recuperar el buen timming que tenía antes del parate y la operación, estuvo a una enorme distancia física de jugadores como Cuero. El golazo para achicar la vergüenza de la goleada no tapó esa realidad pero también queda claro que los respaldos de atrás no lo ayudan.
Pero de Fito queda sin dudas la esperanza que de aquí en adelante solo le quedará ir mejorando. No cabe lo mismo para Jonatan Bottinelli o Diego Novaretti, o Joaquín Laso. Los tres vienen dejando mucho que desear y tampoco es que el Kily tenga tanto para elegir. Pero algo tendrá que hacer.
Bien Vecchio, buenas las pasadas de Torrent y Blanco en esa idea del Kily de llegar por las bandas, más allá de seguir con el problema del 9 y del bajo aporte ayer de Ferreyra o López Pissano. La generación no es su principal dilema y de hecho empezó ganando con una gran jugada de Villagra-Torrent-Vecchio. La ambición en el planteo no está en el centro de la cuestión, por eso el Kily al menos sabe dónde tiene los mayores problemas. La experiencia habla de cuero curtido pero en este caso parece tenerlo gastado.