Domingo 14 de Febrero de 2021
Los 90 fueron una década reconocible por su simple mención.
Los 90 fueron Carlos Menem, la pizza con champán y el uno a uno. También una política de desguace del Estado que dejó a miles de argentinos que trabajaban en el Estado con un retiro voluntario o un despido. El ajuste se hizo en el Estado. Y vinieron las privatizaciones. Basta de Plan Megatel.
Cualquiera que esté diez minutos a solas con Menem, sale siendo menemista, dijo César Luis Menotti. Una de las grandes verdades del Flaco. Un atardecer de 1992 _permita el lector el uso de la primera persona porque la ocasión lo amerita_ el entonces presidente riojano recibió a este periodista de La Capital, citándolo con nombre propio, consultándole por Newell's Old Boys y haciendo preguntas sobre la familia. Marcelo De Moya era el otro enviado del diario, a quien Menem trató también como si fueran viejos conocidos.
Uno llegaba a las entrevistas con Menem _la primera fue esa de 1992 en Olivos, después vendrían otras en la Quinta y en Casa Rosada_ pensando en poner al presidente entre la espada y la pared, pero, debe decirse, el riojano era un cultor del trato afectuoso, la empatía y la buena predisposición. Aun con periodistas del interior. Hoy, a la Casa Rosada o a Olivos sólo ingresan periodistas porteños amigos de los Fernández.
"Presidente, declaró el obispo Mario Laguna que en Argentina aumenta la pobreza", le pregunté, mientras las sombras de los árboles de la Quinta abrazaban toda la calle Villate. Menem puso la mano derecha en la barbilla, miró a su interlocutor y respondió: "Mario Laguna... No conozco un obispo pobre, y menos si es radical". Fin del tema.
"Presidente, dice el periodista Horacio Verbitsky que usted piensa indultar a Astiz", pregunté. "¿Horacio Verbitsky? ¿El que ponía bombas?". Con esas respuestas, pícaro, el presidente agotaba el tema. Si te dan 50 minutos a solas con el presidente de la Nación, no lo gastes hablando de Verbitsky, una insignificancia. Por eso respondía así el hombre de Anillaco.
"Le cuento una cosa, usted que es de Newell's. Han venido los muchachos campeones con Marcelo Bielsa a cenar. El Chocho Llop y un muchacho que juega de 3, de apellido Fullana, me pidieron la Ferrari. Se las traje y dieron una vuelta por los jardines", contó Menem sobre la visita del mejor Newell's de toda la historia, tratando de entusiasmar al periodista-hincha.
Menem tenía una botonera que era como la extensión de su mano derecha. En un descuido se dejó ver: "Alberto (Kohan), Ramón (Hernández) y Mozo. Apenas pulsó el tercero apareció un mozo, de punta en blanco, trayendo el café. Y unos pistachos para el presidente. Era la primera vez que entrevistaba a un presidente. Y me costaba creer lo que veía, ahí, en el centro, en el punto exacto del poder.
Faltaban unos pocos días para que el presidente llegue a Rosario a encabezar el acto por el Día de la Bandera. En un momento, una especie de torbellino rubio ingresó al despacho del jefe del Estado. Era Zulemita. "Zule, te presento a unos periodistas de Rosario", dijo el mandatario tras unos piquitos de rigor con su hija,quien había estacionado la 4X4 en una de las subidas del edificio en el que Menem cumplía tareas.
"Bueno, sigamos", dijo el dos veces presidente, pero con De Moya consideramos que era hora de dejarlo en la intimidad con su hija. "¿En qué vinieron, cuándo se van"?, preguntó el presidente. Pensé que nos invitaba a irnos en helicóptero con él.
"Presidente, le pido una sola cosa: que nos deje recorrer la Quinta", le pedí a Menem. "Pero claro, todo lo que quieran", aceptó, y llamó al intendente del lugar, al encargado general. Un menemista de pura cepa. Después de que transmitimos el material, "Ricardo" nos preguntó si queríamos ver jugar al tenis al presidente. Claro que sí.
Eran las 10 de la noche. En una cancha que tenía la iluminación del estadio Monumental de Núñez, Menem ensayaba un drop contra Constancio Vigil. Cuando nos vio, demoró su saque y saludó como una letanía.
Menem era para algunos un vendepatria y para otros el quinto Rolling Stone.