Los caminos de Axel Kicillof hacia la Casa Rosada en medio de la interna del peronismo
06:30 hs - Domingo 27 de Septiembre de 2026
Axel Kicillof no hablará de su candidatura presidencial hasta marzo, pero todo el mundo da por supuesto que lo será. Cueste lo que cueste, dicen sus allegados. ¿Y si hay ruptura? Bueno, tampoco hay que tomar las cosas al pie de la letra. Las huestes del gobernador dicen que con el cristinismo hay que jugar fuerte, si no, no te respetan.
Muchos actores de la política y los medios le critican que no termina de plantársele a Cristina, y así hacer el matricidio necesario para que aflore un nuevo liderazgo, y evitar el estigma Alberto (el ungido). Sin embargo, son cosas mucho más fáciles de decir que de hacer. Veamos.
El primer gran obstáculo es que CFK sigue siendo (por lejos) la figura más importante para ese tercio del electorado que, sí o sí, terminará votando al candidato/a de Unión por la Patria (UP) o como se llame. Ella tiene liderazgo, carisma y astucia (reconocida por propios y extraños), con lo cual no es sencillo el ejercicio. Algunos consideran que esta suerte de resistencia pasiva es un “neo Scioli”, quien evitaba la confrontación a toda costa, en parte para diferenciarse de la agresividad de la jefa, y en parte para evitar hacer algo que no le sentaba bien a su personalidad. Como dicen correctamente los manuales, la estrategia es un traje a medida, no un prêt-à-porter. Hay que ponerse el saco que a cada uno le cae bien.
El segundo gran obstáculo es que, si se llegase a partir UP, es muy difícil que Axel se pueda hacer ilusiones de ganar. Pero ¿podría partirse? En el axelismo descreen del cristinismo en todo sentido y, por lo tanto, deducen que en realidad ella juega a perder para seguir siendo la jefa de la oposición. Los fieles del mandatario bonaerense dicen que el economista será candidato pase lo que pase, por adentro si es posible, y si no por fuera. ¿Quién lo acompañará en semejante aventura? Imposible de responder hoy.
El tercer obstáculo se llama Sergio Tomás Massa, quien puede jugar a favor o en contra. A favor sería sirviendo de puente entre los dos bandos y quedándose con la candidatura a gobernador. En contra, si oliese sangre y llegase a la conclusión de que el mejor prospecto es él mismo, quien (con apoyo del cristinismo) se animase a competir una primaria. Resultado incierto, pero el mago de Tigre tiene dotes de habilidad y audacia ya comprobadas (por ejemplo, cómo obtuvo la candidatura en 2023, 24 horas después de que fuese ungido Wado de Pedro).
Por todo esto es que Kicillof quiere consolidarse compitiendo y ganando una primaria, ya que (salvo Massa) el resto de los precandidatos no mueven el amperímetro, como Uñac o Zamora, ni en la base dirigencial ni en la opinión pública. Al final, los muchachos peronistas son muy fieles al poder que otorga el voto popular. Ahí se ordenan y se vuelven verticalistas. Pero, antes de eso, son absolutamente caóticos y horizontales.
La negociación
Si Axel quiere realmente dominar, implicará no desdoblar la elección bonaerense para que todo el mundo juegue al mismo tiempo que él su capital político. Pero él no definirá eso por ahora, ya que así tiene margen de negociación para varios temas: 1) ¿habrá primarias provinciales?, 2) ¿habrá reelección de intendentes?, 3) ¿seguirá habiendo boleta sábana? y 4) ¿habrá candidato único para la Gobernación o habrá puja? Todo eso depende, además, de algo que nadie maneja: si habrá o no Paso o Pas nacionales.
Esta semana Kicillof dio un paso importante: fue a Nueva York para hablar con inversores y afirmó que la provincia honrará su deuda con los bonistas. Si le creyeron o no, es otro tema. Pero hubo un dato que no debe pasar desapercibido: estuvo presente el multifacético José Luis Manzano, un hombre con llegada al poder global y muy beneficiado en la era Milei. Un tiburón importante que no da la cara gratis ni gasta su precioso tiempo en balas perdidas.
El otro fin de semana hizo su acto de “no lanzamiento”, pero dijo que iban a contar con él para 2027. También se detuvo en un detalle relevante: que la nueva canción (que pidió hace tres años) debe componerse de abajo hacia arriba, en un velado mensaje a La Cámpora, la cual es siempre afecta al verticalismo y la baja de línea al estilo tradicional. Difícil decir si ese proceso down–top se pudiese producir. Sin embargo, pasó la pelota a las bases y trató de mostrarse como contrafigura metodológicamente hablando.
El punto de partida no es malo para el exministro de Economía: hoy se verifica un empate técnico en una segunda vuelta entre él y el presidente, escenario impensado hace solo seis meses atrás.