Qué es lo que deben mirar oficialismo y oposición de las elecciones en el vecino país
06:30 hs - Domingo 01 de Noviembre de 2026
El gobierno fija agenda, pero no siempre positivamente. Esta vez se metió en la elección de Brasil con tanta fuerza, que terminó lastimado: perdió Bolsonaro y quedó en el ojo de la tormenta por su rol en el escape a EEUU. Para la opinión pública argentina no le sirvió con ninguno de los dos sucesos. Solo le fue útil para dar fe de su encolumnamiento con Trump. Después se verá si además hay algún efecto local en el plano judicial.
Mientras, puede ir avanzando en el Congreso con algunas iniciativas de bajo calibre o aceptando impulsar proyectos de aliados, como el nuevo régimen de inversiones que motorizó el radicalismo. Sin embargo, la que no termina de avanzar es la reforma electoral, la cual, a este ritmo, terminará en extraordinarias. Al año parlamentario no le faltan más de 50 días, con mucha suerte. Poco tiempo para que pegue toda la vuelta en las dos Cámaras.
Acá hay dos perspectivas en el ala política. Unos dicen que es mejor esperar a que la economía muestre más vitalidad, hacia marzo, para que eso seduzca a los gobernadores dialoguistas a facilitarle la vida al oficialismo. Otros creen hay que llevarlos al límite en la negociación respecto del tema de las candidaturas libertarias en las elecciones provinciales, para mantener algo de ejército propio. Por esas razones, por sus torpezas políticas o porque cada tanto el gobierno se mete en un berenjenal, la reforma sigue sin avanzar.
Como ya se ha mencionado hasta el cansancio, el mal clima de calle se debe a que la economía está estancada, objetivamente, lo cual impacta en las proyecciones electorales. Ahí empieza el círculo vicioso: el consumo no despega, las encuestas no son positivas, los aliados toman distancia, el gobierno no puede imponer una agenda que entusiasme y, de ese modo, vuelve al principio. Como no puede romper dicha realimentación, todas las negociaciones políticas sobre lo importante no prosperan.
Qué opina la gente
Al ser una administración que no luce con energía, sino más bien reactiva, el estado de la opinión pública permanece estancado. Este mes el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella mostró una leve mejora, luego de una caída fuerte en septiembre. En los últimos doce meses tuvo cuatro ascensos y ocho descensos. El índice está 7% por debajo del mismo mes del año pasado, cuando ganó la elección de medio término, y un 21% de caída respecto de fin de 2025. Es decir, su triunfo en las urnas y su mucho mayor poder parlamentario no le permitió consolidarse sino lo contrario.
El ala política no solo debate sobre cómo hacer aprobar la reforma electoral sino que, además, es consciente de que “es la economía, estúpido”. Por eso los pases de factura a Toto, quien dice que es al revés: el consumo no se recupera por los ruidos de la política. Pero hasta el FMI le pide al oficialismo libertario que se ponga las pilas con algunas iniciativas que reanimen la calle. Como el gobierno no logra cumplir con las fuertes exigencias fiscales del acuerdo, entonces hace cosas que simulen lo que tiene prohibido hacer: un plan platita. En ese sentido, el incremento de subsidios al transporte en el Amba (la peor zona electoral para LLA) para que no suban las tarifas, va en ese sentido. El tema es que no tiene muchas más herramientas. Esa medida “populista” implicará recortes en otros renglones presupuestarios, salvo que crezca la recaudación en términos reales, dudoso si se confirma que estamos en recesión técnica.
Del otro lado del río, el peronismo se entusiasma con el triunfo de Lula. Hasta empezó a copiar algunas de sus estrategias digitales.
Sin embargo, el PT tiene hoy una disciplina territorial que ya no luce el movimiento de Perón. Tampoco existe un líder indiscutido como el exobrero metalúrgico y primero debe contarle al mundo que no haría locuras macroeconómicas en caso de llegar al poder. Es más, el presidente reelecto de Brasil ha sido criticado por hacer bien los deberes desde el punto de vista ortodoxo. En cambio, el kirchnerismo debe explicar por qué no volverá a niveles de inflación estratosféricos.
Lo que sí es muy interesante es que, una elección que se daba por perdida, se dio vuelta con tesón y profesionalismo en solo tres semanas, y que la variable participación fue clave. Massa ya lo logró en 2023, entre las primarias y la general, donde el miedo a Milei, y una campaña bien calibrada, logró pasar del 27 al 37%, a solo tres puntos de un triunfo en primera vuelta. Esas son las verdaderas acuarelas de Brasil que se deben observar.
