Oveja negra, oveja blanca

Domingo 28 de Abril de 2019

En una democracia los ciudadanos eligen a sus propios representantes. Una verdad de jardín de infantes. Pero mejor repasar porque no es una utopía. No hay garantía de que los seleccionados por la gente sean los mejores o más capaces ya que podrían ser corruptos o insensibles a las necesidades del pueblo. Se supone que si los gobernantes no modifican decisiones que resulten atentatorias a la dignidad de los ciudadanos, las mismas pueden ser cambiadas por el pueblo. Su derecho a peticionar a las autoridades lo garantiza. Además, la toma de decisiones debe ser discutida libremente y sin condicionamientos por los órganos legislativos. De ahí la trascendencia de quienes compiten para alcanzar una diputación, una senaduría o una concejalía. El ciudadano gobierna a través de sus representantes populares, y los elegidos se deben a ellos y no a un determinado partido político o intereses de la índole que sean. Por otra parte, cada uno de los tres poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) tiene bien definidas sus funciones y constituyen el fundamento de la sociedad democrática. A la hora de ejercer su derecho al voto, el ciudadano deberá tener muy en claro quiénes podrán eventualmente ser su voz para controlar y legislar. Son a veces esos nombres perdidos que aparecen detrás de otros conocidos que aspiran a cargos más importantes. Al respecto, el colega A. Cabral se refirió en el espacio web La Licuadora lo que un programa de actualidad español denominó "la estrategia de la oveja blanca." El caso es que la oveja negra de la familia, esa que no se aviene a cumplir con las reglas básicas de convivencia y respeto a las normas que rigen a la sociedad, un buen día comienza a desteñirse hasta confundirse con otras ovejas, las blancas. Ya nadie la distinguirá o recordará cómo era antes de cambiar. Y así la comunidad vive rodeada de falsas ovejas blancas, las que dicen una cosa y hacen otra porque son incorregibles. Y ahí van, carilindos respetables, gente de bien como uno, voraces políticos nuevos para barrer a los viejos eternos apañados por su bien construido aparato. Por eso, con toda candidez, es recomendable tener en claro qué clase de ovejas se estará eligiendo. Como viene sucediendo, hoy y mañana el Pequeño César, seco de amistad y vacío de sangre, seguirá sembrando odio y mentira. Y sacará a sus bestias de paseo por la ciudad alerta. Aunque ladren, serán preferibles al silencio y la apatía.