Mentirosismo y mentirocracia
El juego de palabras tienta. No hay mentiras verdaderas. Son pocos los que pueden "tocar derecho sobre pentagramas torcidos". Argentina tiene los síntomas. Está enferma de mentiras. Tiene/tenemos una enfermedad que es aguda, crónica, individual y colectiva. El mentirosismo y la mentirocracia.  

Sábado 20 de Diciembre de 2008

El juego de palabras tienta. No hay mentiras verdaderas. Son pocos los que pueden "tocar derecho sobre pentagramas torcidos". Argentina tiene los síntomas. Está enferma de mentiras. Tiene/tenemos una enfermedad que es aguda, crónica, individual y colectiva. El mentirosismo y la mentirocracia.

Hay actores políticos mentirosos que juran decir la verdad. En las dos veredas, la oficial y la opositora. El mentirosismo es una línea interna poderosa. En mitad de esta tormenta hasta el silencio es una patraña. El que participa pertenece. El que calla complica, es cómplice.

Desde el mensaje gubernamental se escamotea el futuro con la reformulación del pasado. Cada tardecita enterramos el porvenir. No somos Aníbal Troilo, el era quien, en origen, tocaba derecho sobre pentagramas chuecos, honrado agasajo en el poema de Ferrer a Pichuco. No somos Troilo.Lo tremendo es que somos un tango.

Hace muchos años el cuento, para ridiculizar las mentiras del discurso político, mencionaba al orador que prometía un puente, al paisano que le advertía la ausencia de un río y el orador, que enfáticamente insistía: entonces pondremos el río, también.

Traía la risa. Ya nadie se ríe de este cuento. En Argentina se anuncian ríos y puentes a inaugurar próximamente. En Argentina el verbo es anunciar. La mentirocracia lo necesita, es su sustento.

Cuando se menciona el discurso se habla, básicamente, de comunicación. Dice George Miller que comunicación es la transmisión de información de un lugar a otro.

El que transmite codifica. El que recibe decodifica. La base es una sola regulación para codificar y decodificar. Pienso sopa, digo sopa, escuchan sopa, entienden sopa. Nosotros, vosotros, ellos, todos hablamos de la misma sopa. Eso es destino de Nación, esperanza. Entre nosotros ha fallado.

Qué dice CFK cuando habla de kit navideño. Cuando habla de articular políticas. Cuando habla de hospitales, yuyitos, efecto jazz, inclusión social, tablita de Machinea, autos baratos, ¿habla de eso? Es muy probable que ella piense lo que dice y crea que lo dijo. Hasta puede creer que entendemos. Es probable que ella, insisto, crea lo que dice. Es eso: una probabilidad. No es la única. Hay otras. La más peligrosa introducirnos en la mentirocracia.

Si no tenemos el mismo código no nos entenderemos. Bueno: no nos entendemos.

Sería auspicioso que los sociólogos, semiólogos, sicólogos sociales, los trabajadores del campo social empiecen a resolver un problema: los argentinos, los comunes no hablamos el mismo idioma que los políticos.

Interrogante para entendidos. El discurso de CFK es el que necesitan escuchar en el Conurbano, en Calafate, en El Impenetrable (cada vez más penetrado), en Atacama, Villa 31, Quitilipi, Recoleta y Chañar Ladeado. No. La respuesta es no. La fragmentación argentina es muy visible. Demasiado visible para aducir ignorancia.

Las necesidades no precisan un código, están incorporadas antes del aprendizaje. Hay un lenguaje de gestos y necesidades animales. Ejemplo. El hambre. El dolor. El techo. El frío, el fuego. El golpe, la violencia. Estas "sensaciones" animales no necesitan discursos ni explicaciones.

Cuando el hambre, el frío, el fuego, la violencia se convierten en un lenguaje social, urbano, cultural, la palabra sobra. Perdió su turno. Se tornó ociosa. Cualquier discurso vacuo. La más positiva verdad una iluminada mentira. Es muy peligroso. El peligro tiene nombre: animalidad (hablar con Hobbes de este problemita). Esa es la importancia del idioma: para salir de la animalidad pactamos un código igualitario que significa, al fin del asunto, un destino común.

Un latinazgo define lo que nos pasa: res non verba. Hechos, no palabras. Jotapé Sartre, al referirse a un premio que le otorgaban por una novela suya sostenía: ante un niño que se muere de hambre mi libro carece en absoluto de valor. Gestos no, soluciones ya.

Lo absurdo de estos días es anunciar. Insistir en anuncios es agraviante. Creer que lo importante es anunciar es engañoso. Tiene un correlato peligroso. Si el que recibe el mensaje se conforma con el anuncio de la comida algún día le dirán ya comiste. Militar en el mentirosismo es riesgoso.

La falla de la mentirocracia es vivir en/del/por el anuncio. Anunciar es la gravedad social que nos angustia. Estamos enfermitos. Creemos que lo anunciado es lo hecho. Eso implica un desequilibrio muy grande. Etiología mixta. Contagiosa y congénita. La mentira nos saluda desde adentro y crece afuera. Fin de año, el gran-gran anuncio dice que todo va mejor. Conviene desconfiar.