Cuando la incoherencia es la táctica

Un mes de mentiras, dos fallos y una doble moral que el sentido común desnuda en dos minutos

19:10 hs - Domingo 05 de Julio de 2026

Hay una prueba de honestidad intelectual muy sencilla de hacer y muy difícil de pasar: sostener la misma posición frente a los mismos hechos, independientemente de si el resultado te favorece. En política esa prueba se llama coherencia. Pero hay quienes la esquivan, conscientes de la memoria selectiva de muchos. La esquivan a propósito.

Porque cuando la incoherencia es una táctica, el objetivo no es tener razón: es instalar ruido, frenar, desgastar. En el debate por la transformación de la Costa Norte de Rosario, quedó en evidencia.

El 1° de junio, Juan Monteverde y concejales de Ciudad Futura presentaron un amparo para paralizar todo, la licitación, los vallados, las demoliciones, cualquier intervención en la zona. Todo. Diez días después les salió un fallo favorable y lo celebraron. "No al parque", publicó Monteverde. Visiblemente contento. Hasta ahí, la Justicia era el árbitro legítimo del conflicto. Pero apenas diez días más tarde, el mismo Monteverde fue al Concejo y pidió que las obras de infraestructura de la costanera avanzaran. Así como suena. Las mismas que su propio amparo había paralizado. No es una contradicción menor. Es alguien corriendo detrás de su propio argumento sin poder alcanzarlo. Inentendible, excepto que no haya buena intención.

El 3 de julio, el juez Marcelo Quiroga rechazó la cautelar. Sostuvo que no existe verosimilitud del derecho, ni peligro en la demora, ni perjuicio irreparable, y que las violaciones denunciadas "no se presentan con la nitidez" planteada en la demanda.

Es decir, que los argumentos no alcanzaban ni para una medida provisoria. Las obras quedaron habilitadas. La reacción de Ciudad Futura: el fallo es "insólito" y "arbitrario". La misma Justicia que semanas antes era el árbitro legítimo ahora no sirve. Antes, tampoco habían conseguido el quórum en el Concejo. Tres vías institucionales. Tres rechazos. Y en las tres, el problema fue siempre la institución. Nunca la posición propia.

Hay que hablar de lo que se intentó frenar, porque durante más de un mes se intentó implantar una versión que no tenía nada que ver con la realidad. Lo dijimos.

La renovación de la Costa Norte no es un tobogán en la playa. Es devolverle a los rosarinos más de dos kilómetros y medio de ribera que estaban deteriorados, contaminados y en algunos tramos directamente apropiados. Son 2.400 metros más de playa pública, libre, gratuita. Una costanera nueva de 1.500 metros. Un espacio para que los kayakistas finalmente tengan su acceso al río. Un mercado para ordenar la venta ambulante que hoy opera sin ningún encuadre. Y la reparación del conducto Piaggio, que desde hace años descarga residuos cloacales directamente sobre la playa que todos queremos cuidar. Eso es lo que intentaron frenar. Los mismos que se presentan como defensores del medioambiente intentaron paralizar la única obra que termina con esa contaminación. Contradictorio.

También circuló un render falso que mostraba la eliminación masiva de árboles. Era mentira. El municipio lo desmintió. No hubo rectificación. Y la obra , adjudicada con fondos 100% provinciales, $13.735 millones, 540 días de plazo , siguió siendo presentada como una privatización. Es todo lo contrario. Pero cuando la narrativa está construida de antemano, los datos no importan demasiado.

El sentido común no necesita un abogado para leer todo esto. Si el fallo que te da la razón es legítimo y el que no te la da es arbitrario, el problema no es el sistema: sos vos.

Si pediste frenar una obra y diez días después pediste que avanzara, el problema no es la obra: es que la posición nunca fue sobre la obra. Si circulaste una mentira durante semanas y no la corregiste cuando te la señalaron, no es un error: es una decisión. La política tiene que rendir cuentas por lo que dice, porque tiene peso, la responsabilidad y carga pública de representar a otros ciudadanos. No solo por lo que hace.

La incoherencia no es solo un problema político. Es una estrategia de credibilidad. Con desorientación y repartiendo sinsentido. La víctima es, hasta que cada vecino recorra la obra , la credibilidad.

Una vez que se pierde, no se recupera con cambio de figuritas ni presentando otro recurso de amparo.