Mañanas argentinas

Domingo 21 de Abril de 2019

"Aquello que no es bueno para la colmena, no puede ser bueno para las abejas". Marco Aurelio, emperador romano

Fuego solar de un resplandor furioso avanza sobre las islas como temible incendio. El verde oscuro se aclara despacio y se esparce pintando verdes de distintos tonos. La luz cruza cuidadosa el río traicionero y se estrella contra las torres que se expanden como hongos que atentan contra el ambiente y el modo de vida de una ciudad que crece como casa de pobre: de a pedazos. Edificios altos. Todos amontonados. Mientras más elevados, menos cerca del cielo. Castigo divino. Y tanta tierra ociosa desocupada a la espera de un trazado que contemple un futuro que ya llegó. Indetenible, la tibia claridad se asoma a las calles para mostrar veredas de baldosas sanas algunas, rotas otras. Suena estridente un despertador y un tipo con mano sonámbula lo amordaza. Con un minuto de atraso el campanario vecino dictamina que acabó el tiempo de soñar. El tipo se pone un pantalón brilloso por el uso y unas pantuflas de edad indefinida. Abandona la bohardilla y ya convertido en mozo enciende la máquina de café y abre las puertas del bar a la espera de privilegiados parroquianos adictos al mediano fuerte con crema y tres medialunas. Un manjar sólo para pudientes. Y pensar que hace poco… En fin. Mejor no hacer hincapié en tiempos pasados porque dicen que es cosa de viejos amargados. Pero nadie le impedirá que piense que en vez de Los Angelitos el cafetín debería llamarse Sobreviviendo a Mauricio. El primero en entrar es el diariero, que como hace treinta años deja dos ejemplares en el mostrador junto a la caja. Especies en extinción. El canilla y el diario. Pero la batalla será larga porque el papel es capaz de aguantarlo todo. El veterano saluda y se va ladeando de un lado al otro mascullando maldiciones por el dolor que le causan los callos plantales. Lo hace acompañado por el llanto incontenible de un bebé que se filtra desde alguna ventana. Cada vez son más rápidos, se le ocurre. Este ya parece saber que le tocarán tiempos más que difíciles y que tendrá que aprender a exigir como Luca que no sabe lo que quiere pero lo quiere ya. Llegará el turno del último lustrabotas viviente, un gallego jubilado que se instala donde estaba el kiosco hoy inexistente. Siempre de buen humor, le responde que con alas y una risotada al joven que cada día le pregunta cómo anda el dólar. Después se pone a tararear Mañana puede ser un gran Día. Se parece a Serrat le dice la muchacha que sudó a gota gorda para bajar por la angosta escalera junto a su bicicleta del mono ambiente del tercero, único modo a su alcance para zafar del costo del transporte. Hace una semana que al llegar a la panadería donde tenía una antigüedad de cinco años el encargado, con pena, le dijo a ella y a otras tres compañeras que no tenía más remedio que despedirlas. Hoy debuta cuidando enfermos. No es lo suyo, pero le pondrá el pecho y a seguir como se pueda. Como buena luchadora sabe que la pelea no termina hasta que se termine. Felices Pascuas por si no te veo, le dice al mozo parado en la puerta del local. Él le devuelve el saludo con un brazo en alto y le dice: Vaya tranquila, que la casa está en orden. Por ahora nomás. Porque la pobreza es la madre del crimen. Y nosotros andaremos mal, pero acostumbrados, jamás.