Las consecuencias del terrorismo de Estado
Difícilmente haya causas que muestren de forma más explícita la presencia actual de las consecuencias del terrorismo de Estado, que las investigan y juzgan casos de apropiación de...

Viernes 09 de Diciembre de 2011

Difícilmente haya causas que muestren de forma más explícita la presencia actual de las consecuencias del terrorismo de Estado, que las investigan y juzgan casos de apropiación de niños y niñas secuestrados con sus madres o que nacieron durante el cautiverio de éstas.

Esta siniestra práctica represiva no estaba configurada con claridad antes de producirse el golpe de Estado, pero rápidamente fue absorbida como parte del proceso de aniquilamiento de las personas sindicadas como enemigos por los represores. Sus aristas diferenciales se delinearon de inmediato.

Uno de los propósitos que tuvo fue que los niños no crecieran con las familias tildadas de subversivas. Este aspecto es similar al tratamiento que dio el franquismo a los hijos de los republicanos que eran asesinados o apresados. Durante la dictadura franquista, esos niños fueron llevados a reformatorios y separados de sus familias, para evitar que los criaran de acuerdo a valores contrarios a los que buscaba imponer el régimen.

En nuestro país, tuvieron diferentes destinos: algunos fueron apropiados por integrantes de las fuerzas armadas o de seguridad o personas vinculadas a éstos; otros fueron asesinados junto a sus padres; y unos pocos fueron adoptados por familias que de buena fe los educaron. Pero el objetivo de quienes pergeñaron el terrorismo de Estado fue el traspaso violento de niños y niñas desde el grupo en el que habían nacido hacia otro, para evitar que crecieran junto a sus familias verdaderas, más allá de la suerte individual que cada uno de ellos hubiera corrido.

Otra de sus finalidades fue aplicar un castigo adicional a las familias de quienes osaron trasgredir el orden que imponía la dictadura. Como en el seno de esas familias habían nacido "extremistas", esta práctica represiva era una forma más de represalia por haberlos engendrado. El plus lo configuró -y lamentablemente lo sigue configurando-, la angustia desgarradora de sumarle a la incertidumbre sobre lo ocurrido con las y los desaparecidos, no conocer el destino de sus hijos, quienes también pasaron a integrar la ominosa lista de desaparecidos. En algunos casos, incluso, ni siquiera se ha podido determinar si mujeres que fueron secuestradas embarazadas llegaron a dar a luz o si los niños que nacieron en esas condiciones sobrevivieron a ese horror. Además, este castigo se sigue infringiendo hoy y las familias renuevan cotidianamente el dolor que producen estas ausencias.

Y el tercer objetivo fue aportar al disciplinamiento que se planteaba la dictadura del resto de la sociedad: a quienes se oponían al régimen saliendo del ámbito privado en el que debían estar recluidos y desafiando el orden establecido, no sólo se los secuestraba, se los desaparecía, se los torturaba o se los apresaba, sino que también se les arrancaban a sus hijos para siempre.

En Paraná, fueron juzgados seis de los responsables de la apropiación de los hijos mellizos de Raquel Negro, cuya hija, Sabrina, las Abuelas y su familia tuvieron la enorme alegría de encontrar hace tres años. En cambio a su hermano aún lo estamos buscando. Los testigos principales de este juicio fueron médicos y enfermeras del Hospital Militar, en donde fue obligada a parir Raquel, y de un instituto médico al que fueron llevados los bebés. La diferencia entre el relato de unos y otras fue abismal: los médicos dijeron no recordar absolutamente nada o admitieron a regañadientes lo ocurrido. Las enfermeras se sentaron frente a los jueces y, pese a que estaban declarando contra militares y médicos, contaron la verdad con una valentía inusitada. Estas mujeres, en su mayoría de edad avanzada y trabajadoras, marcaron una línea ética que está en sintonía con lo que ha sido la pelea denodada de las Abuelas, y el coraje que exhibieron brilló frente a la cobardía o la connivencia repugnante de los médicos.

En nuestro alegato pedimos que los acusados sean condenados a prisión perpetua. Para hacerlo tuvimos que recurrir a un planteo novedoso solicitando que se aplique la recientemente incorporada figura de desaparición forzada respecto de lo ocurrido con el hijo varón. Lamentablemente, los jueces no estuvieron a la altura de las circunstancias y dictaron condenas muy bajas, como ocurre la mayoría de las veces en estos casos, y una absolución. Desde Abuelas, recurrimos la sentencia, con el convencimiento de que estos delitos deben tener las sanciones más severas, no sólo por los sólidos argumentos jurídicos que tenemos, sino porque consideramos que el mensaje simbólico de la sentencia tiene que estar muy claro: en Argentina de ninguna forma se toleran crímenes tan aberrantes como la apropiación de niños indefensos. Esperamos que la Cámara de Casación, de una vez por todas, aplique la verdadera sanción que corresponde por la gravedad del caso.

(*) Abogada querellante en la causa Hospital Militar de Paraná