La influencia de Artigas en Santa Fe
Historia. El caudillo de la Banda Oriental fue determinante para que la provincia diese sus primeros pasos de autonomía respecto del tutelaje político y administrativo de Buenos Aires.

Miércoles 03 de Mayo de 2017

El 26 de abril de 1815 se formalizó la autonomía de Santa Fe respecto del tutelaje político y administrativo que Buenos Aires ejercía sobre su territorio desde tiempos de la colonia pero también desde la Revolución de Mayo de 1810. En rigor de verdad, el proceso autonomista se fue gestando de a poco y fue el resultado de una suma de sucesos y circunstancias previas, incluso de imponderables que no estaban en los cálculos de nadie.

Para mayor precisión, el 24 de marzo de aquel crucial 1815 tuvo lugar un hecho de armas que presagiaba los inevitables cambios políticos. Milicias compuestas por soldados orientales (recuérdese que la Banda Oriental del Uruguay era una provincia más del viejo Virreinato) y entrerrianos cruzaron el río Paraná y ocuparon la ciudad de Santa Fe. No era un "ejército" integrado por soldados regulares. Eran milicias populares, auténticamente populares, engrosadas con la paisanada rural de gauchos y también de algunos pueblos indios, que en el caso que nos ocupa reconocían la conducción de su auténtico caudillo: José Gervasio de Artigas.

Es por ese dato que la figura de Artigas está indisolublemente unida a los primeros pasos de autonomía santafesina. Caudillo de la Banda Oriental, su proyecto político, concretado en las instrucciones con las que proveyó a los diputados que se enviaron desde esa provincia a la Asamblea General Constituyente reunida en 1813, interpretaba el perfil de país y de sociedad que los pueblos deseaban. Artigas proponía un Estado confederal, en el que las provincias fueran consideradas como independientes pero unificadas como una sola nación. Pero la figura del Protector de los Pueblos Libres trascendía el anhelo meramente federalista. Las instrucciones a los diputados incluían la declaración inmediata de la independencia de España y de la familia de los Borbones que reinaban en la metrópoli, y tenían ramificaciones en otras casas reales europeas. También sostenía una forma republicana de gobierno, con división de poderes. Y lo que quizás causó mayor escozor a los intereses del puerto de Buenos Aires, encarnaba un proyecto proteccionista en materia económica, dirigido al desarrollo de un mercado interno que no quedara subordinado y a merced del ingreso indiscriminado de manufacturas británicas. Los diputados orientales fueron rechazados por la Asamblea, que finalmente no declaró la independencia de España.

Las piezas se iban acomodando en los primeros meses de 1815. Al liderazgo de Artigas sobre el Litoral ayudaría la absoluta y desconcertante miopía política del porteñismo "ilustrado" que había colocado como Director Supremo a Carlos María de Alvear que, al tiempo que ofrecía nuestro país en protectorado a Gran Bretaña, no tuvo mejor idea que mandar a reprimir la insurrección del Litoral ¡utilizando para ello nada menos que al Ejército del Norte desprotegiendo la frontera! Ese ejército al mando del arequipeño Ignacio Alvarez Thomas se sublevó en Fontezuelas, cerca de Pergamino, el 3 de abril de ese año, pronunciándose contra el Directorio de Alvear y a favor de Artigas.

En ese marco, el 26 de abril de 1815 se desarrolló un hecho trascendente en la vida de nuestra provincia. El cabildo de la ciudad capital, institución de raigambre hispánica que desde siglos atrás era la caja de resonancia de las opiniones de los vecinos, ratificó a Francisco Candioti, de conocida amistad con Artigas, como gobernador. En sus crónicas relató el vecino Manuel Díez de Andino que "se plantó la bandera de la independencia en medio de la plaza y hubo tres días de iluminación con salvas". La mentada "bandera de la independencia" no era otra que la que Artigas venía usando en la Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes y Misiones y que pronto llegaría hasta Córdoba, desafiando al poder central. Se componía de dos franjas azul-celeste y una blanca en el medio, pero con una faja roja cruzada en banda.

Candioti era uno de los vecinos más caracterizados de Santa Fe. Un personaje de estampa propia, ya anciano para cuando fue elegido, se lo conocía como el "Príncipe de los Gauchos". Si bien no formaba parte del patriciado descendiente de los fundadores de la ciudad había amasado una gran fortuna como hacendado ganadero fundando estancias en Santa Fe y Entre Ríos.

Se calcula que llegó a poseer cientos de miles de cabezas de ganado. Pero su fortuna procedía específicamente del, por entonces, redituable negocio de la cría de mulas para el camino al Alto Perú. Su correspondencia con Artigas en los últimos meses lo ubicó como su hombre de confianza a este lado del Paraná.

La autonomía de la provincia de Santa Fe respecto de la de Buenos Aires, jurisdicción de la que dependía políticamente, se completaría con la integración de la Liga de los Pueblos Libres que reconocía en Artigas a su Protector, decisión que se adoptó en los días posteriores. Las diferencias entre Artigas y los pueblos por él representados con el poder directorial porteño se agudizaron hasta un punto de no retorno: el 29 de junio en el llamado Congreso de Oriente, celebrado en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, estando nuestra provincia representada por Pascual Díez de Andino, se declaró la independencia de España un año antes que la más conocida declaración de Tucumán.

El 27 de de agosto moría en Santa Fe su primer gobernador autónomo y popular, Francisco Candioti; fue enterrado vistiendo el hábito de Santo Domingo, en el templo dedicado a ese santo en la ciudad capital. Tras un breve interregno a cargo de Francisco de Tarragona y habiendo sido invadida la provincia por las tropas porteñas, en marzo de 1816 otro caudillo popular y federal, Mariano Vera, tomó las riendas del poder, evitando caer nuevamente bajo el tutelaje porteño.

La voluntad política que derivó en la autonomía provincial pronto sería puesta a prueba con constantes incursiones militares procedentes de la vieja capital virreinal, lo que trajo inestabilidad, parálisis económica y productiva y saqueo del territorio santafesino, pero no pudo doblegar a las milicias provinciales que supieron ganar para Santa Fe el adecuado título de "Invencible Provincia".