La Nación se lleva mucho del interior y no le devuelve nada. Urge reconstruir el federalismo para que el país renazca
06:30 hs - Viernes 17 de Abril de 2026
Cada vez que un santafesino carga combustible, entrega el 33% de su dinero a un “pozo ciego” nacional. El proyecto que presenté en la Legislatura busca lo básico: transparencia. Que cada estación de servicio exhiba cuánto se lleva Nación y cuánto vuelve. Hoy, la respuesta es una: cero.
La injusticia es histórica. La reconstrucción de la Circunvalación de Rosario, una obra nacional vital, arrastró demoras de más de 10 años de promesas incumplidas hasta su finalización parcial. Lo mismo ocurre con el Monumento a la Bandera, cuya restauración lleva 7 años de parálisis y andamios, obligando a la provincia a hacerse cargo de lo que Nación ignora.
No es solo descuido, es un modelo de despojo. Santa Fe aporta divisas de oro y recibe banquinas con pasto alto. Mientras el Amba viaja con subsidios que nosotros pagamos, nuestras rutas nacionales son trampas mortales. La decisión política es clara: recaudar en el interior para gastar en la General Paz.
A esa falta de inversión se le suma un dato que explica todo: por la ruta A012 circulan más de 15.000 camiones por día, transportando cerca del 80% de la cosecha argentina. Es, literalmente, la vía por donde se generan los dólares que sostienen la economía nacional. Sin embargo, esa misma ruta estratégica se encuentra en estado crítico, sin mantenimiento básico y con un nivel de deterioro que la convierte en un riesgo permanente. La Argentina productiva sostiene al país, pero no recibe ni lo mínimo indispensable para funcionar.
El abandono no es solo simbólico, también es económico. Recuperar los 67 kilómetros de la A012 requiere una inversión superior a los 50.000 millones de pesos, una obra que debería ser prioridad nacional pero que hoy depende de la capacidad de gestión de la provincia para evitar más tragedias. Mientras tanto, la distribución del gasto público profundiza la desigualdad: cerca del 75% de los subsidios al transporte y la infraestructura se concentran en el Amba, dejando al interior sin recursos para sostener incluso lo básico.
Frente a este escenario, el reclamo ya no es solo por obras, sino por claridad. Saber cuánto se recauda, cuánto se queda Nación y cuánto vuelve es el primer paso para terminar con un sistema opaco que naturaliza la desigualdad. La transparencia no resuelve por sí sola la injusticia, pero la expone. Y cuando queda en evidencia que el interior financia sin recibir, lo que se rompe no es solo un equilibrio económico: es el contrato federal sobre el que debería sostenerse el país.
Es momento de que el federalismo deje de ser un eslogan y vuelva a ser una realidad.