El árbol rojo
Una intervención artística en un añoso ejemplar muerto en Paraguay casi esquina roja hiere la vista del cronista que, a la velocidad crucero del taxi que cruza el centro, mira la ciudad bajo la lupa.

Miércoles 07 de Diciembre de 2016

En la vereda oeste de calle Paraguay, cerca del cruce con Rioja, hay un árbol rojo, un ejemplar seco de tipa pintado de un furioso bermellón que asemeja un faro en medio del tráfago de autos, ómnibus y gente que camina apurada cuidándose de que no se le incruste una baldosa en la suela y no quedar empotrada en la parrilla de algún taxi cuando cruza.

Algún inquieto artista al que se le ocurrió una instalación ciudadana sacó al árbol rojo del anonimato de decenas de tipas mochadas en el macrocentro, por un crecimiento excesivo que las tornaban peligrosas.
Con cinco o seis metros de altura, con apenas el nacimiento de lo que fueron dos o tres grandes ramas, sin corteza, la superficie de la madera aparece tersa, brillante. Pocos se sustraen de acariciarlo cuando pasan.
Magnífica ocurrencia la de transformarlo en un gran ornamento callejero. De otra forma, a la malograda tipa le esperaba una impiadosa motosierra.
La idea de "intervenir" artísticamente los árboles muertos se puso de moda hace algunos años con la convocatoria oficial a los escultores de la ciudad para que tallaran algunos ejemplares. Desde ya que se impusieron los trabajos antropomórficos porque en la mayoría de los casos se trató de ejemplares pequeños. Además, sólo se cubrieron con una solución transparente que dejaba (deja) ver la madera natural.
Pero el árbol rojo es diferente, mucho, se impone con prepotencia al ojo, reclama la atención, como una furiosa forma de perdurar más allá de la muerte, de la nada definitiva.