Miércoles 16 de Marzo de 2022
Cristian González es un canalla de ley. Bien o mal antes jugó y ahora dirige a Central con el corazón y con el amor a flor de piel que le tiene al club que lo vio nacer. En su etapa de futbolista volvió a Arroyito dejando de lado ofertas millonarias y fue feliz poniéndose nuevamente la camiseta auriazul. No la tuvo fácil y siempre la peleó. Hasta jugó una promoción frente a Belgrano que le permitió a la entidad de Arroyito mantener la categoría. Y no tuvo empacho en sumarse al plantel para dar una mano cuando el equipo después descendió a la B Nacional. Es que a pesar de su pasado en la selección argentina y el fútbol europeo de elite, nunca se olvidó de Central y siempre puso la otra mejilla por “su” club.
Hoy como DT entrega lo mejor de sí para tratar de darle una forma competitiva y protagónica al equipo. Luchará hasta las últimas consecuencias para lograrlo aunque la tiene muy difícil. Esto no significa que el Kily haya hecho y haga todo bien. Es más, su equipo en la actualidad luce desmejorado, en clara pendiente futbolística y con errores repetidos que no le dan la consistencia para dar pelea en pos de clasificar a los play-off.
Tampoco se desconoce que en la última caída ante Barracas el canalla mostró un rendimiento paupérrimo, que sin dudas obliga a un replanteo general puertas adentro. El Kily también es un hombre de fútbol y sabe que los resultados mandan. No se rendirá, pero tampoco le hará daño a Central.
Lo que sería prudente es que los dirigentes lo respeten y si ya no confían en él se lo digan en la cara más allá de lo que ocurra el domingo. Y los hinchas tienen todo el derecho del mundo a estar molestos y disconformes con la producción del equipo. Igual, con críticas y sin dejar de marcarle los errores, el Kily merece respeto cualquiera sea el futuro del DT, en especial de parte de los que hace poco lo ratificaron en el cargo.