Basta de superpoderes
Reflexiones. El poder político busca cualquier atajo para ser absoluto, indignante y opresor. Esta es la causa mayor de los errores, injusticias y vicios de la democracia. Una democracia endeble modelada por las elites que no creen en sus postulados y desplazaron al ciudadano como centro del sistema.

Lunes 29 de Septiembre de 2008

El poder político busca cualquier atajo para ser absoluto, indignante y opresor. Esta es la causa mayor de los errores, injusticias y vicios de la democracia. Una democracia endeble modelada por las elites que no creen en sus postulados y desplazaron al ciudadano como centro del sistema.

Son políticos que abandonaron la vocación de servicio, despreciando la voluntad popular al no cumplir con sus promesas.

Consolidaron la injusta coparticipación de los fondos federales a las provincias y municipios. Retacean el acceso a la información pública para evitar la transparencia de los actos de gobierno.

Solamente la libertad de expresión, la participación activa del ciudadano a través de sus organizaciones no gubernamentales y la independencia absoluta entre los poderes básicos del Estado, son el reaseguro para el control de la gestión administrativa que tiende hoy al desborde y al engaño, destruyendo la República, al instalar el miedo al vacío y el imperio espurio de la ley.

La democracia, que es el mejor sistema conocido, debe ser una auténtica igualdad de condiciones y de oportunidades; y el respeto absoluto de la Constitución.

Cuando el gobierno de turno vulnera esas normas y leyes, se generan tensiones que ponen en peligro al sistema, porque la democracia está siendo pervertida, al presionar a los representantes de los ciudadanos a los que obligan a delegar esa representatividad. Pretende hacerlos depender más del partido que los designó que de los ciudadanos a los que representan, apelando a una peligrosa manipulación de la opinión pública.

Intenta convencer a los ciudadanos de que la única democracia posible es la que ese gobierno representa, que acumula todo el poder y toma las decisiones en nombre de todos, como si fueran herederos de los antiguos poderes absolutos, alejándose de los verdaderos valores democráticos como la austeridad y la humildad.

Lo ocurrido con la rebelión del campo es un fiel reflejo de la enorme distancia que separa hoy a algunos políticos del pueblo que dicen representar.

Esas conductas ambivalentes aumentaron el desprestigio de la clase política y dañaron la confianza de los ciudadanos en el liderazgo, que es una condición vital en democracia y su ausencia permite un sutil retorno de ideas totalitarias.

La democracia atraviesa hoy graves desafíos: subsisten la violencia, la desigualdad, la pobreza y la exclusión social. Son promesas incumplidas, que a pesar de los importantes avances en la justicia, el empleo y en la solidaridad, arrojan un balance decepcionante que responde a un crecimiento sin equidad.

Lamentablemente, tenemos una dirigencia que pretende engañar a la población a través de la propaganda de índices falsos e instaló el miedo para poder reprimir las protestas con el fantasma del golpismo, el desorden y la violencia. Esto se agrava por la falta de una oposición orgánica con propuestas alternativas y creíbles.

El gobierno exhibe su poder para impresionar y generar más sumisión, expandiendo la inseguridad, las incógnitas y los misterios, para desacreditar las diferentes respuestas que emanan desde las autoridades religiosas, desde la razón y desde la ciencia. Pero la sociedad civil resiste y la cultura disidente permanece viva y descubre las trampas.

El escepticismo ante el poder es mayor que nunca. La gente siente el deseo de organizarse, de asociarse, de hablar y debatir.

Así renace la esperanza de que las cosas pueden mejorar, priorizando el interés general sustentado en principios y valores.

Regenerar la verdadera democracia republicana y construir con ella una verdadera Nación constituye hoy un deber ineludible para todo ciudadano honrado.

Apelamos a nuestros representantes políticos a poner un final definitivo a los superpoderes y a los DNU (Decretos de Necesidad y Urgencia) y a toda forma de gobernar que vulnere el sistema republicano de gobierno. Y a los jueces de la Corte Suprema de Justicia a defender a ultranza los principios de nuestra Constitución nacional.

(*) Vicepresidente del Foro Regional Rosario