Fabrica módulos que son tendencia para oficinas o casas

Sebastián Escudero creó El Vagón, una fábrica de módulos que empezó a crecer exponencialmente post pandemia. Están en Funes y desde allí atienden a toda la región. La peculiar historia detrás de esta empresa.

08:00 hs - Domingo 11 de Octubre de 2026

Diecinueve años tenía Sebastián Escudero cuando vivió por primera vez en una estructura movible y comprobó que era posible. Eran los años 90, recién había comprado un terreno en Funes en una zona que hoy cotiza en punta, pero no tenía casa. Entonces, con su pareja, consiguieron un viejo colectivo interurbano –que hasta toilette tenía- y lo colocaron sobre el lote. Allí vivieron algunos años y la curiosa experiencia resultó, sin buscarlo, en el germen de su actual empresa: El Vagón, donde construye módulos transportables que se usan como oficinas, locales y, por qué no, viviendas.

“La demanda de los módulos comenzó a crecer mucho en pandemia, porque en ese momento empezamos a ver que la gente estaba trabajando en sus casas y, cuando se empezó a abrir, necesitaban tener un lugar separado para atender clientes”, recuerda Sebastián en esta entrevista con Negocios de La Capital. La lectura que hicieron fue acertada, porque Funes tiene casas de amplios jardines, entonces ellos fabricaban los módulos en la nave y en pocas semanas ya se los dejaban instalados para trabajar. Era una solución ideal en esos tiempos complejos. Así comenzaron a crecer y, tras la pandemia, notaron que seguían sumando clientes año a año por la practicidad y flexibilidad del producto.

Pero la historia de El Vagón empieza mucho antes, con los primeros trabajos de Sebastián quien, al mudarse a Funes, comenzó como herrero haciendo obras para sus vecinos. Confiesa que siempre le fue bien, sumando cada vez más trabajo gracias al boca en boca, y en un contexto donde el boom de la construcción de Funes ayudó a que la demanda de herreros no cesara. Durante muchos años se dedicó exclusivamente a la herrería, hasta que un día un cliente le pidió si podía hacer algo similar a un conteiner, pero con medidas más grandes.

Sebastián Escudero junto a su socio, el arquitecto Alejandro Matuc.

“Los contenedores tienen 2.40 por 6 metros y me pidieron si podía hacer uno de 3 metros. Dijimos que sí, y ahí mismo ese cliente me despertó la inquietud de correr la cinta métrica y empezar a hacer módulos propios mucho más grandes y a medida”, cuenta. Así, nació la idea de especializarse en estos productos.

El competidor directo de los módulos son los conteiner tradicionales que se usan para exportar mercadería en buques. Hace unos años, comenzó la tendencia a darles otros usos, pero son muy complicados al momento de aplicarlos. “Son inviolables, es como un tanque de guerra, pero tienen un peso muy superior a un módulo, son complicados de transportar”, detalla Sebastián mientras calcula que un módulo pesa unos 1600 kilos, y puede moverse con una grúa media, y un conteiner pesa vacío unos 3.000 kilos, lo cual complejiza mucho el traslado.

Otro punto complejo respecto de los conteiner es que vienen herméticos, lo que los hace difíciles de cortar y luego de enfriar o calentar para un uso confortable. Es por eso que Sebastián se inclinó de lleno a la fabricación de módulos, puesto que “son mucho más cálidos, más fácil de aislar y más nobles”.

Poco tiempo después de hacer el primer módulo, Sebastián se asoció con el arquitecto Alejandro Matuc para que juntos pudieran hacer crecer la marca, profesionalizando las posibilidades de cada estructura. “Hace seis años que nos asociamos con Alejandro, él participó activamente de esta transición de la herrería a la fabricación de módulos”, especifica. Aunque aclara que en El Vagón continúan también trabajando en herrería, porque es parte del ADN de la marca y no quieren dejar a sus históricos clientes.

Oficina, taller de arte, exhibidor y más

Los módulos de El Vagón son realmente versátiles, lo que les permitió desarrollarlos para diferentes empresas y clientes. Sebastián recuerda un caso peculiar: “Una clienta quería que dentro del módulo pasara un árbol que tenía en el jardín, para no perderlo o tener que cortarlo. Y lo hicimos, la estructura lo rodea y allí dentro funciona un espacio de arte”, cuenta. Otros módulos han sido utilizados para gimnasios, spa, locales comerciales, bares, oficinas, entre variados usos.

Con el crecimiento general de Funes, también creció El Vagón. Sebastián cuenta que un día el intendente Roly Santacroce pasó por el lugar y le consultó qué hacían. Cuando vio la potencialidad de los módulos comenzó a pedirle la fabricación de algunos para áreas de la Municipalidad y también trabajó activamente en la herrería del Mercado Don Bosco. “El intendente fue de los primeros clientes”, recuerda.

En lo que respecta a los costos, el valor promedio del metro cuadrado de un módulo es entre u$s700 y 950, dependiendo los materiales con los que se construya y el nivel de confort que elija el cliente. Sebastián remarca que el precio final lo define cada uno, de acuerdo con lo que pueda invertir. Una vez acordados los detalles, en solo seis semanas tienen listo el producto. “Nosotros trabajamos con un gran compromiso con el cliente y con un gran respeto por su inversión”, destaca al tiempo que confiesa que siempre trata de que todos los que se acercan puedan tener su módulo, haciendo lo posible por solucionarle el problema o necesidad que tengan.

Fabrican entre 6 y 8 módulos mensuales en Funes.

Los materiales que utilizan son muy nobles, la estructura es metálica, lleva piso flotante, aislación general, puertas y ventanas de aluminio. A esa base, se puede sumar más tecnología y confort, por ejemplo, hace muy poco terminaron de fabricar un módulo al que llaman “tope de gama”, con un vidriado especial que logra una insonorización muy eficiente. Además, en el techo de esa estructura, se prevé un área verde, con plantas naturales, algo que es tendencia también en arquitectura.

Un dato más que aporta Sebastián, es que cada caso es un desafío para ellos. Les ha ocurrido, por ejemplo, que un cliente requiera un módulo para el área exterior de una vivienda pero que luego no sea posible ingresarlo por el garage hasta el jardín. Es por eso que también tienen la posibilidad de ingresar el módulo con sus partes desarmadas y armar la estructura dentro, en el lugar donde va a funcionar. “Todo lo que hacemos se puede trasladar, no es una inversión que queda plantada en un lugar, eso permite que un módulo pueda ser muchas veces reutilizable”, agrega.

Una nueva unidad: el alquiler

Otro punto clave de El Vagón es que abrieron una unidad de alquiler de módulos para eventos y exposiciones. Cuentan con 20 estructuras disponibles que son ideales para los eventos al aire libre donde las inclemencias del tiempo pueden complicar cualquier funcionamiento u operatoria.

Parte del equipo de El Vagón en sus instalaciones en Arturo Illia al 300 en Funes.

Estuvieron presentes con sus módulos en Aapresid, en el área externa del Metropolitano, y también tuvieron fuerte presencia en Agroactiva, la feria de la agroindustria que se hace en Armstrong. Justamente este producto es clave para esos eventos, “quien estuvo en un gazebo y tuvo dificultades lo sabe”, ejemplifica. También tuvieron presencia en los Juegos Suramericanos, donde colocaron módulos de venta para merchandising y estructuras para bares, como la que utilizó Al Volo Fisherton.

El futuro es en movimiento

Junto con Sebastián y Alejandro trabajan otras 14 personas más, un equipo que es clave para la empresa. Entre ellos está Agustín, hijo de Sebastián, quien ya está dando sus primeros pasos en El Vagón. “Él se construyó su propia casa con módulos”, dice con orgullo a Negocios.

Hacia adelante Sebastián se muestra optimista, porque sabe que el producto que hacen seguirá teniendo una alta demanda, en un contexto donde el trabajo es más flexible y no se buscan soluciones permanentes. Lograron crear una marca que es respetada en toda la zona: “el negocio está bien visto, siempre estuvimos en el mismo lugar y tenemos respaldo en el boca a boca, eso es lo que a mí más me gusta”, concluye.