Cómo funciona el curioso negocio de hacer flotar 
Hay distintos espacios en Rosario para hacer este tipo de actividad, que busca combatir dolores crónicos y disminuir la ansiedad. De qué se trata esta terapia alternativa y quiénes la utilizan 

Martes 26 de Diciembre de 2023

Para entender la propuesta lo mejor es imaginar a alguien sumergirse en una cámara con 30 centímetros de agua a la misma temperatura de su cuerpo, repleta de sales de magnesio que hacen que flote sin el menor esfuerzo. Y se queda ahí, a oscuras, unos 45 minutos sin hacer absolutamente nada, hasta que entra en un punto de relajación tan profundo que empieza a soñar o simplemente se desconecta de todos los problemas diarios que rondan en su mente. Eso es lo que proponen en los centros de flotación que hay en Rosario.

Esta escena se pudo ver en "Los Simpsons": Homero va a un centro de flotación con su hija Lisa y ella aclara los pensamientos que la atormentan en una especie de jacuzzi individual con tapa.

También se vio en la serie Stranger Things, donde Eleven -la protagonista- se somete en reiteradas oportunidades a esta experiencia para poder estimular o recuperar sus poderes psíquicos.

Simpson 10x16 Tanque de suspensión sensorial

En Rosario existe la posibilidad de llevar adelante esta vivencia que se llama “terapia en tanque de aislamiento sensorial”. Este tratamiento está indicado para personas que sufren dolores crónicos, dolor neuropático o para quienes padecen de ansiedad, depresión o estrés postraumático.

Si bien esta terapia está considerada como alternativa en el país, Carina Gohlke, directora de Centro de Flotación YMOA que funciona en calle Suipacha al 1700, explica que en Europa es considerada una práctica médica habilitada: “En Suiza es la opción número uno para personas que sufren patologías como fibromialgia, que es una afección crónica que causa dolor en todo el cuerpo y mucha fatiga”, aclara.

Además, explica que es una experiencia muy elegida por los deportistas de alto rendimiento para la recuperación física y las lesiones musculares.

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Carina Gohlke dirige uno de los centros de flotación de Rosario.

La utilidad de esta terapia para estas dolencias se debe a que, al ingresar a la cámara de flotación en una habitación completamente insonorizados y oscura, las personas entran en un estado de aislamiento total que los lleva a relajarse. El agua salada del tanque les permite flotar, incluso si se llegan a quedar dormidos. El cuerpo no hace ningún tipo de esfuerzo. El agua con altas dosis de sulfato de magnesio está a los 36.5° exactos que tiene la temperatura corporal, lo que posibilita la pérdida total de toda sensación del exterior. Esto lleva a la persona a sentir somnolencia y relajación.

“Al no tener que hacer esfuerzo para sostener el cuerpo flotando en el agua, después de unos minutos genera una reacción en el sistema nervioso central produciendo una restauración y una relajación muy profunda no solo a nivel físico, sino también mental. Es un tratamiento muy integrador”, desarrolla Carina en diálogo con suplemento Negocios de La Capital.

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El costo de flotar

El turno en este centro de flotación dura una hora y media desde el momento en el que el paciente ingresa al lugar hasta que se retira. En una primera instancia, mientras se prepara la temperatura de la cámara de flotación, se le explica cómo será la experiencia. Luego se lo deja en total soledad dentro de la habitación con la cámara a la que ingresa en traje de baño. Puntualmente en este centro hay dos tanques, uno abierto y otro cerrado, este último propone una experiencia aún más sensorial, mientras que el abierto es una opción para personas que sufren de claustrofobia.

La sesión dura entre 45 minutos y una hora y luego se pasa por una ducha para limpiarse las sales y antes de retirarse del establecimiento, se lo invita a pasar a una habitación a tomar una infusión. Según Carina este punto es clave para volver a integrarse de nuevo a la actividad cotidiana, porque las personas salen demasiado relajadas y el contraste con la vida urbana puede arruinar la experiencia recién realizada. En ese momento, los usuarios comparten su experiencia: “Las personas, sobre todo la primera vez que realizan la inmersión, dicen que después de un rato de estar flotando terminan evocando situaciones agradables de su vida que hacen que los niveles de relajación mental se profundicen mucho más”.

En la actualidad la sesión sale aproximadamente $14 mil, pero también ofrecen paquetes para sesiones regulares. Pueden realizarla personas de cualquier edad desde la adolescencia hasta la adultez, siempre y cuando puedan valerse por sí mismas ya que no pueden ofrecer asistencia a pacientes con movilidad reducida.

Un modelo de negocio de Estado Unidos

El Centro de Flotación YMOA nace en el 2007 después de que Carina conociese los tanques de aislamiento sensorial a través de sus propias investigaciones y capacitaciones como ayudante terapéutica: “La idea del proyecto surge porque venía trabajando con la Fundación Mesa Verde, que está dedicada a la difusión del conocimiento de medicinas ancestrales y la integración de diferentes terapias alopáticas para tratar al ser humano como un todo. Ahí conozco la terapia de flotación y empiezo a investigar el modelo de negocio en Estados Unidos, que ya era todo un éxito”, cuenta Carina sobre sus comienzos.

El primer desafío fue conseguir un proveedor que adaptara los jacuzzis comerciales a las funcionalidades necesarias. Importar el producto ya armado era demasiado costoso, así que Carina dio con un especialista en Argentina que ya trabajaba con centros de Buenos Aires. Respecto a la descripción conceptual, Carina explica que la modificó para una mayor aceptación: “Decidí llamarlo ‘terapia de flotación’ que es un poco más amable que la idea de ‘aislamiento sensorial’ que es un concepto que las personas no manejan y podría tener una connotación negativa”.

Hoy en día los clientes de Carina llegan por el boca en boca o regalan la sesión de flotación como quien regala un masaje para un cumpleaños. A futuro Carina busca generar acciones con distintos centros médicos para empezar a hacer estudios en conjunto sobre la eficiencia del tratamiento en determinadas patologías: “Queremos hacer nuestros propios protocolos de estudio para poder demostrar los resultados que se pueden lograr”.