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"Hoy los padres exigen al pediatra soluciones rápidas"

El médico rosarino Omar Tabacco fue electo como nuevo presidente de la Sociedad Argentina de Pediatría. En una charla con Más analiza el vínculo del pediatra con los pacientes y sus familias. Cómo enfrentan los profesionales los cambios trascendentes que se dieron en la especialidad en los últimos años. En el congreso nacional que comienza el martes en Rosario se podrá el acento en la prevención y en pediatría social.

Domingo 22 de Septiembre de 2019

El próximo 21 de octubre, el rosarino Omar Tabacco asumirá como presidente de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). Se convertirá en el primer médico de la ciudad en estar al frente de esta entidad centenaria que tiene 18 mil afiliados en todo el país.

Con 35 años de experiencia, Tabacco admite que el ejercicio de la pediatría está en un momento muy particular en el cual los cambios socioculturales marcan el pulso de la actividad. La información —o la sobreinformación— con la que cuentan los padres, el acceso a los foros donde las familias comparten y discuten con pares problemas de salud de sus hijos, la necesidad de respuestas urgentes, son temas que ocupan hoy a los pediatras, quienes intentan encontrar "el mejor camino" para optimizar la relación médico—paciente, admite Tabacco.

"Hoy los padres exigen al pediatra soluciones rápidas, inmediatas, cuando muchas veces el tiempo es el único aliado para resolver ciertos problemas", dice el profesional.

Lo que pasa en el contexto de cada niño, niña o adolescente, impacta de manera directa en su salud pero mucho más en tiempos de vulnerabilidad social, más violencia, mayor consumo de drogas ilegales e inicio precoz de las relaciones sexuales. Por eso, en el próximo Congreso Argentino de Pediatría que se inicia el martes, en Rosario (en los salones de Metropolitano), la pediatría social ocupará un lugar central. Las infancias en el contexto, es el tema fundamental.

—¿Por dónde pasa hoy la preocupación de los pediatras en relación a las problemáticas de las niñas, niños y adolescentes?

—Sin dudas, por la pediatría social. La violencia es un tema que nos ocupa muchísimo. En definitiva, todo lo que hace a la defensa de los derechos del niño, en todos sus aspectos.

—Comenzó su carrera hace más de 35 años, en ese entonces estos no eran temas centrales...

—No, teníamos una mirada más biologicista, puesta en las enfermedades que pueden aparecer en la infancia. Probablemente porque la condición social general era distinta. Y si bien nunca fue un país fácil, hoy es un momento en el que afloran con mucha fuerza las problemáticas sociales. Y nuestra Sociedad de Pediatría ha cambiado mucho también. Tenemos una mirada más ligada a la pediatría social, ya no enfocada sólo al crecimiento y desarrollo o la neuromaduración, que siguen siendo temas clave, pero vamos más allá de la patología para profundizar en las condiciones de vida de los niños y niñas.

—Es que de hecho el pediatra abarca muchos otros aspectos, no sólo la enfermedad... o al menos debería ser de ese modo.

—El pediatra no sólo mide, pesa o indica un medicamento. Es así. En general el abordaje de todo tema de pediatría necesita de una mirada biopsicosocial. Lo emocional y lo social, el rol de la familia, el lugar que ese niño o niña ocupa en la familia, es algo que nunca podemos dejar de lado. Nuestro quehacer implica esa mirada. Y tiene sus particularidades, desde ya, porque el chico no es un adulto chiquito, como algunos pueden pensar. Nuestra tarea como pediatras es muy diferente a la del médico del adulto que sigue más enfocado a la patología, a la súper especialización, sin poner tanto el acento en lo emocional. Nosotros nos sentimos más cercanos al médico de familia.

—Es más difícil en este momento ejercer la pediatría. ¿Cambió mucho el rol de los padres en el consultorio?

—¡Muchísimo! Lo cotidiano del pediatra es la relación con la familia. Además de cambiar las conformaciones familiares —porque hoy recibimos en forma permanente familias ensambladas, monoparentales, familias con dos mamás o dos papás— también el rol de la mujer es completamente diferente al que yo veía cuando inicié mi profesión. Hoy la gran mayoría de las madres trabajan fuera de su casa o tienen que sostener varios trabajos para poder cubrir las necesidades económicas familiares. No es más aquella madre que se quedaba en la casa las 24 horas, que estaba totalmente presente. Y acá no hago juicio de valor, en absoluto, sino que describo una realidad. Y aunque sería recomendable que los niños y niñas pasaran más tiempo con sus madres y padres, porque sabemos que la exigencia laboral conspira contra el apego, entendemos que eso no siempre es posible. Incluso las abuelas colaboraban mucho más con la crianza, algo que ya no se ve tanto porque tiene sus actividades o con más de 60, 70 años siguen trabajando. Pero lo que más se ha modificado, a mi entender, es que los padres, o quienes tienen ese rol, exigen soluciones rápidas. Todo tiene que ser inmediato y nos piden que resolvamos cualquier situación rápidamente...El tema de la consulta por celular, por whatsapp, es complicado también. Si uno responde todo el tiempo no puede atender al paciente que tiene en el consultorio, pero ¿no le das el celular a los padres? Yo soy de los que lo ofrecen, lo mismo que el mail, pero hay que ordenarse. Entonces, por ejemplo, le pido a los papás que me envíen un correo electrónico, y me tomo determinada hora al día para contestar, con la historia clínica a mano. Si no, de verdad es imposible. Y además te apabulla... Hay gente que puede hacerte una consulta por whatsapp sobre algo que le está pasando a su hijo cuando jamás atendiste a ese paciente. Como se ve, los riesgos pueden ser muy altos si uno no lo maneja con responsabilidad total. La consulta médica es un acto presencial. Yo puedo responder vía online alguna cuestión de un paciente al que conozco bien, o al que trato hace un tiempo, ni hablar si son pacientes de muchos años, pero nunca se puede dar un diagnóstico o medicación a las apuradas y presionados porque los padres no pueden canalizar la ansiedad.

—¿Y las redes sociales, qué modificaciones introdujeron?

—Es otra realidad que imprimió cuestiones especiales al ejercicio de la medicina pediátrica. Los padres vienen con información ya leída, en algunos casos analizada, pero es información que proviene de distintas fuentes y por lo tanto tiene distintas calidades. De ninguna manera cuestiono el acceso a internet pero sí les advierto que no todo lo que allí circula es válido, ni lo que aparece en ciertas páginas por más confiables que parezcan ni lo que se comparte en los foros por determinado tema de salud, por ejemplo. Muchas veces llegan conociendo algunos aspectos de la patología, si ese chico tiene finalmente un problema de salud, sino que también vemos mucha distorsión porque se leyó cualquier cosa. Y ese es un problema que complejiza la tarea.

—¿Los obliga esto a replantearse modos de comunicación médico-paciente?

—Todo el tiempo. Por un lado no es malo que se baje de cierto pedestal al médico, porque décadas atrás era todo indiscutible lo que planteábamos, pero por otro a veces los padres olvidan que enfrente tienen a alguien que cumplió con todos los pasos de una carrera universitaria, la formación de la especialidad, la formación contínua. No es sencillo esto. Entonces se cuestiona todo el tiempo lo que el médico dice o propone. El Dr. Google parece tener muchas veces más razón o más certezas que el especialista que está allí analizando la historia clínica, que conoce el paciente, que lo está revisando... Este es un tema de debate en los congresos de pediatría. Los foros vinculados a ciertas enfermedades o síndromes también, son cosas que evaluamos y revisamos en forma permanente para saber cómo llegar mejor a esa mamá, ese papá, esa abuela, que ya vienen con la seguridad de saber qué le pasa al chico o qué tratamiento tiene que encarar porque lo discutieron en un foro o creen haber encontrado allí las respuestas.

—El hecho de que haya más acceso a la información, ¿complica entonces el vínculo médico paciente y familia?

—No creo, en todo caso el acceso a la información facilita, el tema es qué tipo de información se consume. Ahí hay que trabajar mucho más, nosotros como médicos, y también en la educación del paciente, que en este caso es la educación de la familia en cuanto al manejo de la información en las redes. Porque a veces, y eso pasa y todos lo conocemos porque hay muchas noticias al respecto, se plantea algo de tono desafiante entre lo que el médico sugirió, indicó o lo que el médico hizo, y lo que la familia cree que debería haber hecho, al punto de que se generan situaciones de violencia, extrema en ciertos casos. Este es otro tema que como Sociedad de Pediatría nos ocupa. La violencia en el ámbito laboral es hoy un aspecto candente y en este congreso habrá una mesa sobre esta temática; en el último año hablamos mucho de cómo transmitir las malas noticias, como mejorar la empatía con los pacientes y sus padres, cómo encontrar mejores canales de comunicación. Acá me detengo unos minutos para recordar algo que describió muy bien Fernando Savater (filósofo, escritor, intelectual español) y es que hay tres niveles en cuanto a lo que sabemos: información, conocimiento y sabiduría. La información está disponible en cualquier lado; el conocimiento es integrar esa información, pasarla por algún tamiz para poder definir qué está bien, que está mal, que es confiable, qué no; y sabiduría es saber aplicar esos conocimientos. Por ejemplo, hay médicos que recuerdan los nombres más raros de los síndromes menos frecuentes pero resulta que son más enciclopedistas y al momento de la atención no logran ese nivel de sabiduría, de empatía, y no resuelven el problema. Hoy hay que entender que el chico llega con su padre o madre a la consulta y ese adulto ya viene con un nivel de información que antes no tenía, décadas atrás no existía. Y en el consultorio lo que tenemos que tratar es de integrar esa información con toda la experiencia teórica y práctica del médico y lograr así el conocimiento. El arte de la medicina es llegar a esto y aplicarlo con sabiduría para colaborar con el tratamiento o lo que sea necesario.

—Otro cambio, y usted deslizaba esto, es que hay muchos varones que levan a sus hijos al pediatra.

—En muchos casos conozco más al papá que a la mamá. El varón se ha involucrado un montón.

—¿Cuáles son los mayores temores de los padres y madres hoy?

—Las preocupaciones quizá no cambiaron tanto. Sí esto que mencioné sobre la urgencia, el querer todo rápido, todo ya. Los adultos deben saber, ante todo, que la enorme mayoría de los niños y niñas son sanos. Las patologías son pocas. Tienen un alto impacto, sobre todo aquellas crónicas o más complejas, pero son pocas. Lo que intento dejar en claro es que las situaciones graves no son las habituales. Pero en ocasiones parece que una fiebre debe bajar en dos horas o se termina el mundo. Que si el niño o niña no puede ir al jardín por una semana porque el médico lo indicó, está loco. Uno comprende las realidades, sabemos lo complicado que puede ser para una madre o padre no tener con quién dejar a su hijo o hija, pero en ocasiones no queda otra. Muchas situaciones vinculadas a la salud de un niño requieren solo de tiempo para mejorar.

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>> El martes comienza el 39º Congreso Argentino de Pediatría, en Rosario

El médico Omar Tabacco, que en el Congreso Argentino de Pediatría seguirá siendo vicepresidente primero de la sociedad ya que asume como presidente en octubre, comentó que trabaja desde hace 15 años en el seno de esta sociedad que alberga a 18 mil socios y cuenta con 44 filiales, divididas en 9 regiones y 5 delegaciones, a lo largo y ancho de la Argentina.

 Rosario tiene más de mil profesionales asociados.

 “Contamos con mumerosos comités de las distintas especialidades. Unos 25 grupos de trabajo diferentes que incluyen desde pediatría social hasta subcomisiones como Lactancia Materna que por su relevancia pasará en breve a ser un comité y Derechos del Niño, un área que cada vez cobra mayor protagonismo. Todos esos equipos asesoran a la comisión directiva", explica.

 El congreso se realiza cada dos años. En esta oportunidad “se va a trabajar mucho en prevención, desde todo punto de vista”, menciona Tabacco y agrega que habrá muchísimos temas vinculados a la pediatría general y a todas las especialidades. “Es importantísimo el nivel y la cantidad de información. Hay temas que por ejemplo abordaremos junto a Unicef, con el Ministerio de Salud de la provincia de Santa Fe, con la Secretaría de Salud de la Nación. La problemática de la adolescencia estará muy presente, porque es básicamente social. En esa etapa de la vida no existe mucha patología biológica sino que sus problemas están vinculados, sobre todo con la sexualidad, con el embarazo no buscado, el aborto, las adicciones, los accidentes. No queremos dejar de revisar ninguno de esos aspectos”, afirma el médico. Hay mesas previstas con invitados extranjeros “donde abordaremos la coordinación entre distintos estamentos preocupados por la salud de los chicos como son las sociedades científicas, las escuelas, los ministerios. Tenemos hasta 14 sesiones simultáneas. El martes se darán los talleres, donde por ejemplo, habrá uno destinado a mejorar la comunicación de los pediatras con los medios de comunicación. Miércoles, jueves y viernes abarcaremos todo Metropolitano más los nueve cines, con conferencias y presentaciones de trabajos”, señala el pediatra para dar cuenta de la magnitud del evento.   

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