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"Antes no quería ni salir en las fotos"

Julia, de 21 años, fue operada varias veces por haber nacido con una afección conocida como labio leporino. Luego de las cirugías, una médica especialista en estética utilizó ácido hialurónico y otros recursos para darle un aspecto mucho más armónico a su boca. El uso de esta técnica —novedosa para este problema— fue presentado en un congreso internacional hace pocos meses. Cómo cambia la vida de estos chicos y chicas tras la intervención.

Domingo 22 de Diciembre de 2019

Un tratamiento de estética que se utiliza para rellenar arrugas o dar volumen a los labios para que parezcan más “carnosos” o grandes, también permite generar importantes cambios en chicos y chicas que nacieron con labio leporino, una afección congénita frecuente que tiene un alto impacto visual y emocional ya que provoca una hendidura o separación en el labio y en ocasiones en el paladar.

Una médica rosarina, Ayelén Brarda, presentó en un congreso latinoamericano de medicina estética, realizado en Medellín, los alentadores resultados del uso de ácido hialurónico (una sustancia clave en el rejuvenecimiento facial), además de otros recursos como el peeling o el láser, para mejorar los labios afectados de estos pacientes.

La especialista en estética decidió hace unos años apostar a este tratamiento (que suele hacerse en varias etapas) y lo ofreció de manera gratuita a una decena de chicos y chicas con este problema que tanto afecta su autoestima y su vida social.

“Antes no quería ni salir en las fotos”, dice Julia, una paciente cordobesa que desde 2017 viene a Rosario a hacerse tratar por Brarda. Con 21 años, la joven siente que después de las intervenciones (mínimamente invasivas y no dolorosas) su vida dio un vuelco positivo. Su mamá, Sandra, también da cuenta de eso: “Mi hija tuvo una primera operación cuando nació, pero no con buenos resultados. Es una historia larga. Lo cierto es que a los 9 años volvieron a operarla. Ahí empezó lo que nosotros llamamos una segunda etapa de reconstrucción, que no fue nada sencilla. Durante toda su escuela primaria Julia sufrió muchísimo: no quería exponerse, se tapaba. En la escuela le hacían bullying. En ese tiempo entró a cirugía seis veces”.

Emocionada, Sandra habla del impacto que tuvo en la vida de su hija el trabajo que hizo Brarda: “Gracias a familiares que están en Rosario conocimos esta posibilidad, que alguien que trabajaba en estética podía ofrecerle a mi hija una nueva oportunidad. Y por suerte el cambio llegó antes de que terminara la secundaria. La noche de su fiesta de graduación Julia ya era otra. Estaba feliz, plena, radiante. Tenía su labio recuperado. Pudo maquillarse... ¡estaba tan linda!”.

Las fotos de Julia que aparecen en las redes sociales lo dicen todo. En las primeras, un objeto, su mano o el celular le sirven para taparse, para ocultar aquello que la avergonzaba, que tanto le dolía. En las últimas imágenes Julia sonríe sin temor. Los labios rojos, los labios en primer plano. La sonrisa interminable. La alegría compartida con las amigas.

Los actuales son tiempos de exposición. Y aunque en la “vida real” Julia también sufrió los embates de ser “diferente”, con la explosión de las redes todo se potenció. Los chicos y las chicas viven en ese mundo virtual de manera cotidiana. Si eso es bueno o malo ya es harina de otro costal. Pero la mayoría de los adolescentes y jóvenes quieren estar ahí, quieren poder subir sus fotos, sus historias, y esperan que nadie los lastime por mostrarse.

"La noche de su graduación mi hija pudo maquillarse, Estaba feliz, plena, radiante. tenía su labio recuperado"

Experiencias

“Tengo 25 años y tengo labio leporino. A los 6 meses fui operada por primera vez. A los 20, de nuevo. En esta oportunidad, aunque la operación fue traumática los resultados fueron buenos. Consiguieron darle una forma más armónica a mi rostro. Fue luego de esa intervención que me nombraron a la doctora Brarda. Ella podía darle a mi boca un toque más estético. Me inyectó ácido hialurónico, algo que estaba fuera de mi alcance por su alto valor económico. Así que siempre estaré agradecida porque lo hizo en forma desinteresada y de modo gratuito”, comenta Victoria, una chica que se siente feliz por los resultados obtenidos después de tantos padecimientos.

Respecto de la intervención con ácido hialurónico, Victoria menciona que no sintió molestias gracias a la anestesia y que fue “muy simple”. Lo que ocurrió después fue lo mejor: “Fue muy lindo verme. Me gusta mucho como quedó. Me siento muy conforme con lo que hizo la médica”.

Ayelén Brarda comenta que el relleno de cicatrices de labio leporino es algo que comenzó a llamarle la atención al advertir cuántos jóvenes ni siquiera querían poner su foto en las redes sociales por miedo al bullying, por la vergüenza que les generaba mostrar su rostro. “Es notable como lo primero que hacen, después del tratamiento es subir sus fotos, cambiar la que tenían en el perfil. No estamos hablando de un tema superficial sino muy serio. Este tipo de cicatrices genera una repercusión muy negativa en la autoestima y por lo tanto en su calidad de vida. Cualquier cicatriz en la cara desencadena baja autoestima y hasta puede provocar depresión. En el caso de las fisuras labiales, una vez que los primeros tratamientos quirúrgicos dejaron sus secuelas o marcas (que hoy son mucho menos notorias que hace años atrás ) existen procedimientos mínimamente invasivos que pueden mejorar el aspecto. Se puede hacer láser, peelings para mejorar la piel, y dependiendo del tipo de cicatriz, se puede rellenar con ácido hialurónico. Este producto revolucionó la medicina estética ya que antes había sustancias no reabsorbibles que el organismo no podía desintegrar, con malas consecuencias. El ácido hialurónico se va desintegrando con el tiempo, por lo cual no causa problemas en la salud ni provoca deformidades como otros productos lo hacían. Se utiliza frecuentemente para rellenar arrugas, dar volumen a los labios, y ahora lo utilizamos para este fin tan trascendente: devolverles la sonrisa a un montón de chicos y chicas afectados por el labio leporino”.

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Un largo camino

La doctora Yanina Marcelloni, especialista en Cirugía y traumatología Buco Máxilo Facial, es una experta en el tema. Trabaja en el ámbito privado de la salud y también en el público. Comenta que en realidad ya no se habla de labio leporino (aunque popularmente se lo siga denominado de ese modo) sino que estos problemas se identifican como fisuras labiales congénitas. “Se trata de una malformación congénita que afecta estructuras faciales a partir del desarrollo de la cara durante la embrogénesis. Pueden ser sólo labiales o comprometer otras estructuras como el reborde alveolar y el piso nasal, además del paladar. Lo más frecuente es encontrar fisuras labio alveolo palatinas. También, con menor frecuencia, podemos ver fisuras palatinas aisladas, que a su vez pueden ser: paladar duro y blando, o sólo paladar blando”.

La médica menciona que no se sabe con exactitud cuál es la causa pero sí existe un componente genético y otro ambiental. Por eso, en familias con antecedentes de fisuras labiales o palatinas es más probable que un niño pueda nacer con este problema. “Respecto a lo ambiental existen diversos agentes que pueden actuar en etapas tempranas de la vida intrauterina (a partir de la cuarta semana ), como diversas medicaciones, déficit nutricional, agentes infecciosos, radiaciones y otros”.

La incidencia de esta patología varía, según la región geográfica y la raza. Suele darse en 1 de cada 700 a 1 de cada 1200 nacimientos. Y aunque los números no cambiaron mucho en los últimos años se observan menos chicos con esta característica porque mejoraron mucho los tratamientos. “Vemos menos rostros con asimetrías o con cicatrices evidentes y menos secuelas a nivel de los maxilares y dientes. Hoy no concebimos realizar una cirugía de labio sin antes haber tratado al paciente con ortopedia prenatal. Esto funciona así en todo el mundo, es la única manera de lograr buenos resultados. Por eso, nosotros, preferimos hacer todo dentro del mismo equipo interdisciplinario, formado por odontólogos, cirujanos maxilofaciales, fonoaudiólogos y no sólo nos encargamos de operar al paciente”, enfatiza.

Marcelloni destaca que esta malformación tiene un alto impacto en los padres del niño, que son los primeros que conviven con el problema. “Tiene un peso enorme, quizá más que en otras patologías. La cara es lo que más comunica, y la boca, sobre todo, ocupa un lugar relevante en las funciones del bebé: succión, deglución, habla, llanto, risa. Por eso los padres se preocupan un montón. La información siempre los tranquiliza y quita la ansiedad sobre lo que vendrá. Es fundamental dar charlas informativas a las familias e integrarlos con padres de otros niños ya tratados con la misma patología”.

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La doctora Yanina Marcelloni.
La doctora Yanina Marcelloni.

La médica, que trabaja en el Hospital Español, el Sanatorio de la Mujer y el Hospital Centenario, hace referencia a que todos los niños con este problema pueden ser intervenidos y que es posible que a lo largo de la vida necesiten otras intervenciones para lograr mayor armonía facial.

Respecto al acceso que existe para que puedan ser operados por un equipo de especialistas, dice que “en algunos hospitales públicos se opera. En nuestro caso, en el Hospital Provincial de Rosario, se atienden niños con esta patología desde que nacen, pasando por las diferentes etapas hasta que son adultos. Posicionarnos como lo hicimos en la atención de pacientes con fisuras faciales significó un largo camino, comenzando en el hospital público, y formándonos en diferentes servicios quirúrgicos de varios centros tanto nacionales como de otros países. No es fácil de abordar, pero la satisfacción que se siente al ver la evolución de los niños tratados es inmensa”.

La misma satisfacción que sienten los protagonistas y sus familias. La misma alegría que expresa Sandra, la mamá de Julia: “Es maravilloso que pueda hablarse de esto, que se pueda difundir. Para nuestros hijos y para nosotros es un antes y un después. Ruego que todos los chicos tengan la misma posibilidad que tuvo Julia”.

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