Atrasos en pagos estatales pusieron en tensión el funcionamiento de la institución que brinda atención permanente a personas con discapacidad
09:32 hs - Domingo 15 de Marzo de 2026
En Capitán Bermúdez, el Hogar San Roque brinda la atención integral y permanente a personas con discapacidad en un tiempo de atrasos y trámites que no siempre coinciden con los ritmos de la vida. Aquí, la voz de Rosita Boquete —referente e interna— y el trabajo silencioso de quienes hacen posible, día y noche, que esta casa siga siendo un hogar.
Las puertas del Hogar San Roque se abren con el rumor de una cocina encendida desde temprano y el paso suave de las nocheras que apagan las últimas luces. Es la escena más simple y, quizá, la más precisa para entender de qué hablamos cuando hablamos de cuidar: acá las horas no se cortan en turnos administrativos, sino que se encadenan. Hay que bañar, cambiar, dar de comer, registrar medicaciones, ajustar los equipos, escuchar.
La vida en San Roque no entiende de cierres de jornada: sigue. “Acá la vida no se interrumpe de noche”, dice Rosita, que vive en el hogar y al mismo tiempo lo representa en la función de tesorera de la fundación que lo administra. Su voz arma un inventario concreto: nocheras, enfermeras, personal de cocina y mantenimiento, profesionales que organizan guardias para que todo esté donde debe estar cuando alguien lo necesita.
En el tablero de fondo, el problema tiene nombres fríos: atrasos en pagos de prestaciones nacionales y provinciales, expedientes que demoran, cambios de estructuras administrativas que estiran los plazos más allá de lo razonable. Mientras tanto, el impacto es humano y aritmético a la vez: salarios que llegan en partes, honorarios de profesionales demorados, servicios que no esperan —luz, gas, agua— y una farmacia que concentra uno de los gastos más altos.
Los últimos meses fueron una coreografía forzada de llamados, notas y reuniones para evitar que la rueda se detuviera. “Con lo que ingresó pudimos completar sueldos atrasados, pero el cuadro sigue frágil”, sintetizó Rosita.
Pasillos con historia
Quien visita San Roque entiende rápido la escala de la tarea. Los pasillos cuentan historias de cincuenta años y, sin embargo, lo que conmueve no es el pasado, sino el presente en marcha: un equipo que pone el cuerpo aunque los números digan otra cosa; vecinos, parroquias y escuelas que vuelven con una mano tendida; un grupo de personas que encuentra, en este lugar, una casa.
“Conocer el lugar te da la dimensión exacta de la necesidad”, repiten en la institución. Por eso, en estas semanas también se multiplicaron los gestos: ventas solidarias, acercamiento de voluntarios, donaciones específicas para farmacia y servicios, todo aquello que convierte la empatía en insumo cotidiano.
El financiamiento del hogar se apoya en convenios nacionales y provinciales. Parece una obviedad, pero conviene decirlo: cuando un expediente se traba en Buenos Aires o en Santa Fe, el efecto dominó no se queda en un renglón contable. Primero toca los sueldos y los honorarios; después, los servicios; más tarde, los insumos que nadie ve hasta que faltan: pañales, gasas, sondas, alimentos especiales, los pequeños dispositivos que garantizan que una rutina sea posible.
Cada transferencia que se acredita es una decisión al vuelo: qué pagar primero, cómo evitar un corte, de qué forma no resentir la atención. Y cada demora es un dilema ético en la mesa de quienes administran: a quién se le pide que espere un día más cuando aquí, literalmente, no se puede esperar.
Garantizar la dignidad
Es imposible separar ese mapa económico de la textura humana que sostiene el hogar. Rosita lo dice sin grandilocuencia: “El hogar no es solo de los residentes; también es de las autoridades, los empleados y los profesionales que sostienen la obra”. Detrás de esa definición hay rostros: cocineras que conocen de memoria las dietas de cada uno; asistentes que llevan en el cuerpo el peso de los traslados y la paciencia entrenada de las tardes difíciles; enfermeras que ajustan medicaciones en horarios que no miran el reloj. También hay un sistema de afectos, esa red blanda que no figura en ninguna planilla y, sin embargo, es la primera garantía de dignidad.
La comunidad lo sabe y responde como puede. A veces con dinero, a veces con tiempo, a veces con aquello que se vuelve urgente por fuera de la contabilidad: estar. En paralelo, la institución sigue golpeando puertas donde corresponde. Funcionarios provinciales se acercaron en los últimos días y prometieron acelerar partidas; en Nación, el cambio de organigramas estiró una conversación que, por distancia y por escala, cuesta encauzar. La expectativa es sencilla: previsibilidad. Que los plazos administrativos vuelvan a la normalidad para quitar del medio una angustia que no le hace bien a nadie.
Hogar San Roque: Una casa en la que se vive
En ese horizonte, San Roque no pide excepciones, pide lo básico. Que los recursos comprometidos lleguen a tiempo para sostener lo que jamás debería ponerse en discusión, que es la continuidad de una atención que se brinda las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Porque este no es un edificio donde se prestan servicios, es una casa donde se vive.
Y en las casas los días malos se atraviesan con más trabajo, no con menos. Por eso la palabra que más se escucha es gracias: a quienes siguen yendo a trabajar sin certezas; a quienes compran un número para una rifa o un plato de comida en una venta solidaria; a quienes, cada tanto, transforman una visita en un compromiso.
Urgencias de la discapacidad
Cualquier crónica sobre San Roque corre el riesgo de volverse una lista de urgencias. Y, sin embargo, lo que queda después de recorrerlo es otra cosa. Queda el ejemplo de una institución que, durante medio siglo, fue respuesta concreta donde otros veían una imposibilidad. Queda una pedagogía humilde: la dignidad es cotidiana. No se declama: se cocina, se higieniza, se medica, se escucha. Y se hace también cuando la aritmética no cierra. En ese hacer se juega, todos los días, el sentido de una comunidad que no deja a nadie atrás. Tal vez por eso, incluso cuando la conversación pública se puebla de siglas y expedientes, aquí la consigna es otra: que los tiempos de la administración se acerquen de una vez a los tiempos de la vida.
Mientras tanto, la rueda sigue: hay que encender los mecheros para la próxima comida y chequear las mochilas de noche en cada sector. Hay que acomodar la farmacia, esperar un envío, anotar lo que llega, rendir lo que se usó. Hay que registrar lo que no puede fallar. Y también hay que abrir, como cada día, la puerta de entrada. Porque la ayuda más valiosa siempre empieza por conocer: ver, escuchar, preguntar. La casa está abierta. Lo estuvo siempre. Y, con el esfuerzo de todos, va a seguir estándolo.
Participación comunitaria
El Hogar San Roque, organiza actividades y ventas solidarias en el predio que ocupa que ayudan a sobrellevar la marcha. Estos emprendimientos se suman a los aportes económicos que se utilizan para pagar, entre otros gastos generales, los de farmacia y servicios.
En este último punto, los administradores sumaron un dato que roza la incongruencia. En el hogar viven varias personas que son electrodependientes quienes, están protegidas por la ley nacional 27351 (y su adhesión provincial), que garantiza el suministro eléctrico permanente y gratuito, incluyendo la provisión de un grupo electrógeno sin cargo. Sin embargo, el consumo eléctrico de la entidad no goza de ese beneficio porque la ley no prevé ese tipo de bonificaciones para instituciones.
La ayuda que siempre llega
Al finalizar el recorrido, desde el Hogar San Roque insisten en algo sencillo y urgente: cada aporte, por pequeño que sea, ayuda a sostener la rueda cotidiana que nunca se detiene. Por eso ponen a disposición una vía directa para colaborar aportando a la cuenta institucional de la Fundación Providencia Divina (alias: fundacion.pd) que la entidad habilitó especialmente para la continuidad de los servicios esenciales. Es un gesto concreto que se transforma, de inmediato, en medicamentos, insumos y horas de trabajo que garantizan la atención diaria.
Además, quienes deseen acompañar de otras maneras pueden hacerlo a través de los canales oficiales del hogar, en la web: hogarsanroque.org.ar; a través del email: hogarcomunicacion@gmail.com o en sus redes sociales.
En estos canales se actualizan campañas, actividades solidarias y necesidades puntuales. Para el próximo domingo 22 de marzo organizan una venta de arroz amarillo con menudos y salchicha parrillera, cuyas tarjetas ya se encuentran a la venta.
Cada mensaje, cada visita y cada aporte suman a un esfuerzo colectivo que, desde hace más de medio siglo, sostiene una casa que sigue abierta porque la comunidad decide acompañar.
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