La actriz, dramaturga y directora teatral Carla Rodríguez, de extensa trayectoria en Funes, dirige "Ota, teatro para bebés 2", que fue premiada en Mar del Plata
Miércoles 19 de Febrero de 2025
La actriz, dramaturga, directora y docente teatral rosarina Carla Rodríguez, de extensa trayectoria en Funes, dirige la obra “Ota, teatro para bebés 2”, que acaba de ganar un premio Estrella de Mar, en Mar del Plata.
La obra, una puesta del grupo de teatro, títeres y cuentos “Vamos que nos Vamos”, con idea, dramaturgia y dirección de Carla Rodríguez, y las actuaciones de María Soledad Galván y Santiago Pereiro, estuvo en cartelera toda la temporada en la Ciudad Feliz, donde fue a verlos el jurado y los eligió para la nominación, que tomó por sorpresa a su directora.
Flaca, de cabello rubio largo, vaqueros, remera blanca, saco negro, sandalias blancas, dos aros violeta tejidos y un enorme anillo de plata con el primer dibujo de su hijo Teo grabado y calado por su hermana, la orfebre y artista plástica Laura, Carla Rodríguez disfruta de la sesión de fotos con Virginia Benedetto, en la enorme sala del Teatro La Orilla Infinita, en el corazón del barrio República de la Sexta.
Nacida el 5 de septiembre 1975 en Rosario, Carla vivió “primero en el centro, pero después casi toda mi infancia en una casa de la calle 32 Carmignani al 2.500 -el pintor italiano que pintó la cúpula de (el Teatro) El Círculo”-, en el barrio Parquefield”, y es hija de la extinta escritora y enfermera Raquel Magdalena Mangialardi y del guitarrista y profesor Víctor Hugo Rodríguez.
“Tuve la suerte de criarme en una casa rodeada de arte: mi mamá era del campo, de San Jorge, como toda mi familia materna, y pidió venir a estudiar Enfermería a Rosario, que era una carrera nueva entonces, pero nunca se dedicó porque siempre le gustó el arte, la literatura, y mi papá es guitarrista, un maestro de la guitarra. Así me crié escuchando música latinoamericana que tocaba y ensayaba mi viejo: Núñez, Falú, Pepe Ferrer, los valses de Solano, todo eso estuvo impregnado en mi infancia. Así que los tres hermanos salimos artistas: yo soy la mayor, mi hermano Pablo es percusionista y mi hermana más chiquita, Laura Ro (por Laura Rodríguez), es artista plástica y orfebre, hace joyería de autor en Buenos Aires, y me hizo este anillo. Así que los tres, por diferentes caminos, nos fuimos inclinando por el arte”, recuerda la actriz y directora teatral.
-¿Qué hacía tu mamá?
-Era enfermera retirada, pero en nuestra infancia había mucha literatura. Yo crecí escuchando y leyendo a María Elena Walsh, fundamentalmente, a Elsa Borneman, y con un gran valor por las artes plásticas, iba al Coro Ars Nova cuando era chica. Siempre le dimos mucho valor a la literatura, a la música y al teatro también. Me acuerdo que todos los años con mis viejos íbamos a ver a Piripincho, de Héctor Ansaldi, que para mí era mágico, ese escenario con esa perpectiva...
-¿Cuándo supiste que el teatro era tu camino?
-A los 12 años conocí unas chicas en el Club Parquefield, vecinas del barrio Rucci, una de ellas se llamaba Mayra, y me contaron que iban a hacer arte escénico. Tuve la suerte de ir a una escuela como la (Eudoro) Carrasco, en el corazón de Alberdi, en Larrechea y Agrelo, con mi maestra de Lengua, Alicia Bernal, con la que todavía nos escribimos y me preguntaba si me acordaba de las obras de teatro que hacíamos. Aprendimos mucho de ella. Alicia Bernal era una gran maestra, que tuve la suerte de tener, nos daba lecturas de autores latinoamericanos e influyó mucho en mi vida. Encontré mis cuadernos de cuarto y quinto grado, compartíamos muchas lecturas y nos hacía leer poesía. Me acuerdo que a los 11 años, cuando estas chicas me contaron que hacían arte escénico, fui directamente corriendo a mi casa y cuando vi a mi mamá, que estaba en el hall, le dije: “Mami, hay una escuela de arte escénico. Yo quiero ir ahí. ¿Me llevás? ¿Puedo?”.
-¿Ahí te diste cuenta de que era lo tuyo?
-Yo era estudiante y ya lo sentía desde años atrás. Desde muy chica actuábamos en el patio de mi casa, en la calle. A mis viejos no les quedó más remedio que llevarme porque yo estaba muy insistente. Tuve que rendir un examen para entrar, tuve que aprender un poema de memoria, presentar la carpeta de Lengua de sexto grado y ahí entré ingresé a la Escuela Municipal de Danzas y Arte Escénico Ernesto de Larrechea. Era la década del 80, no había la cantidad de talleres y escuelas de teatro que hay ahora. Ahí empecé en una escuela pública una carrera infanto juvenil, después seguí en los talleres de adolescentes y estuve cerca de 10 años. Ahí hicimos obras de teatro, como una en la que sacamos todos los símbolos de casa, como un cartelito que indicaba la entrada. Sacamos todo eso y transformamos la sala en una casa para ver la obra, que se llamaba “Esta casa”, que hacíamos en la escuela. Había un espectador que me metía en el baño y había una escena en el baño, otro en el salón con el piano, otro en el patio y el público lo miraba desde arriba, en la terraza. Fueron muchas experiencias muy ricas y maravillosas.
"Animábamos fiestas infantiles en un Fonavi o en un country"
-¿A los 14 años con una amiga recorrían los barrios en bicicleta para llevar obras de teatro?
-Gisela Ball es mi amiga de la Larrechea que empezó animando fiestas infantiles conmigo cuando teníamos 14 años, en el 92. Vive en Madrid, anda triste por la pérdida del papá y hoy tuvimos la posibilidad de tomar un café. Y María José Sesma, mi primera maestra de expresión corporal en la Larrechea, me abrió las puertas para empezar a animar fiestas infantiles. Un día en la Escuela de Teatro Infanitil ella preguntó: “¿Quién quiere animar fiestas?”. “Yo”, le dije y levanté la mano. Yo ya tenía la idea de hacer teatro, como cuando te empezás a imaginar algo. Ellla me abrió una puerta y lo pude concretar. Yo iba a la escuela a la mañana y a la tarde iba a animar fiestas infantiles y a la Escuela Municipal de Teatro. Primero mi viejo me llevaba a animar fiestas infantiles en su Citroën cremita y ahí empecé a conocer toda la ciudad, íbamos a todos lados: desde un Fonavi al Centro al Country de Funes o del Jockey, eran de distintos sectores sociales y económicos.
-¿Cómo surgió la idea de hacer “Ota”, la obra de teatro para bebés?
-En un taller de teatro surgió la pregunta de cómo transmitir determinados temas tabú a los niños, que en realidad son temas tabú y por lo tanto difíciles de transmitir a los adultos. Y ahí me empecé a enterar de la nueva dramaturgia que se estaba desarrollando en el mundo, como el teatro para bebés. Yo dije: “¡Esto es lo mío!” “¡Quiero hacer esto acá!” Entonces lo conversé con Laura (Carassai) y con Sole (María Soledad Galván), mis amigas y fieles compañeras de quipo que me dijeron: “Dale, sí”. Y empezamos a ensayar a partir de un texto que escribí cuando estaba embarazada de mi hijo Teo, que fue “Ito, teatro para bebés”, que ensayamos durante un año y medio con la presencia de Teo, que estaba en su mesita de comer o en su lugarcito mirando.
-¿Fue el primer espectador?
-Claro, decimos que fue el termómetro porque nos pasábamos mirando cuándo él se dispersaba o se le iba la atención, hasta dónde podían durar las escenas, qué estímulo se necesitaba para reanudar la atención del bebé, y la estrenamos el 18 de junio de 2011 en el Teatro de la Manzana, pero esto empezó con la idea en 2008, la gestación en 2009 con el trabajo de la escritura y más de un año y medio de ensayos hasta llegar a un estreno revelador.
-¿Y por qué “Ito”'?
-“Ito” porque era un gusanito, un gusano pequeño, que se hacía mariposa. En realidad este gusanito quería conocer el mundo y en esta idea de conocerlo se hace mariposa y todos los otros bichitos del jardín lo buscan.
-¿“Ito” estuvo nueve años en el Teatro de la Manzana?
-Sí, estuvo nueve años de temporada ininterrumpida. Estamos hablando de una temporada anual: una misma obra en cartel durante nueve años todo el año, de marzo a noviembre. Y el décimo fue en pandemia, así que hicimos streaming: filmamos la obra y la pasamos por streaming.
"Ota es una tortuga de mar grandota"
-¿Por qué la segunda obra se llama “Ota”?
-“Ota” es la historia de una tortuga de mar grandota, por eso “Ota”, por el aumentativo. Dijimos: “Esta vez se vienen el aumentativo y el femenino”. Es una tortuga de mar que busca su casa, que no la encuentra y en ese camino, que es un viaje de iniciación, un viaje fantástico, se va a encontrar con el pulpo “Upo”, con “Ayo” el payaso, con “Ico” el caballito de mar, y con cada uno de ellos establece un vínculo de amistad y de cada uno de ellos aprende algo. Tiene todo un sentido de encontrar otras capacidades, de qué significa encontrar la casa, que eso que buscamos siempre afuera pueda estar en uno mismo, adentro, muy cerca, tiene que ver con esas otras lecturas a las que el espectador le pone un nombre. Para “Ota” es la casa, algo concreto, para los niños hay que contar algo concreto, que es la casa, pero también tiene otras capas de lectura metafóricas, que tienen que ver con esa iluminación de “Ota” en el final.
--¿Cómo surgió la idea de hacer “Ota”?
-“Ota” es un proyecto soñado e imaginado por años junto a Esteban Sesso, con quien trabajamos en la composición de la música original. Luego se sumó Santiago Pereiro al grupo, algo que fue un hallazgo y un paso importante en la decisión de continuar. Desde entonces, llevamos más de 80 funciones en (el Teatro) La Orilla Infinita.
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-¿Qué significa ganar este premio con “Ota”?
-Este premio significa reconocimiento, valoración y apreciación de nuestro trabajo. “Ota” es una obra que llevo más de dos años de ensayo de creación, pensando en cada uno de los detalles para la infancia de los primeros años, desde el texto, la música original, la plástica escénica, los muñecos, una estética y ética de trabajo. “Ota” es un trabajo que se propone abrazar a las infancias por medio del arte y agregando el condimento esencial que es el afecto. También el premio es un reconocimiento a esta postura. Fue muy emocionante cuando la conductora abrió el sobre y leyó el nombre de nuestra obra. La alegría no cabe en el cuerpo, en esos segundos se te viene toda la historia que hay atrás. Son 24 años de militancia por un teatro para las infancias.
-¿Qué le dirías a la mamá o al papá que dudan si llevan al bebé a ver “Ota”?
-Que “Ota” es para los bebés y para quienes alguna vez lo fueron. Invitamos a confiar porque esta experiencia artística también aporta a ese niño-niña a darle sensibilidad porque ese ser que se siente hablado y comunicado siente autoestima y puede ser muy valioso. Quienes quieran verla con sus hijos podrán hacerlo desde el 15 de marzo en La Orilla Infinita, en Colón 2148. Las funciones son a las 16 y se pueden conseguir en la página web de la sala.
-¿Por qué te fuiste a vivir a Funes?
-Me fui a vivir a Funes porque con la maternidad mi sueño era ir a vivir a una casa. Tuve la suerte de vivir en una casa en un barrio, en contacto con la naturaleza, pajaritos, jugar en la calle, nosotros salíamos a jugar en la vereda, andábamos en bicicleta, y sabemos que eso no es fácil hoy en día en los barrios de la ciudad, y en Funes encontramos la posibilidad de hacernos nuestra casa.
-¿Se hicieron la casa con el Procrear?
-Claro, con el Procrear y con esa primera gira que hicimos y fuimos juntando puchitos, todo eso se sumó al Procrear y el Procrear fue la posibilidad. Buscamos primero en Rosario porque Pablo Solari, mi compañero de vida, es productor de “Ota” y está en todos los detalles y pendiente de todo lo que estoy haciendo. Yo venía del norte de Rosario, él de Echesortu y Pichincha, y dijimos: “Vamos a buscar nuestro lugar”.
-¿Dónde están?
-Estamos en Los Solares, antes del pueblo, entre la ruta 9 y la (avenida) Illia, donde los chicos pueden jugar y andar en bici en la calle.
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-¿Estudiaste teatro en Rosario y Buenos Aires?
-Sí. Yo estudié primero Letras en Rosario, soy egresada de la universidad pública, y me formé en teatro en la Escuela Municipal Larrechea, junto a la carrera de actriz nacional, que ahora es la Escuela Provincial Superior de Teatro y Títeres, después estudié en Buenos Aires con Roly Serrano, estudios de clown con Ansaldi y su teatro jocoso, uno va sumando formación porque creemos que el actor tiene que ser una persona integral, así que tengo ese beneficio de haber estudiado en la escuela pública donde también me desarrollo porque soy docente en la escuela de teatro y cine, y en el Normal 3, que es un gran centro pedagógico y artístico de la ciudad, donde hay una carrera de Formación Docente en el Nivel Inicial.
-¿“Ota” se puede replicar en Funes?
-Por supuesto. Este teatro, que es itinerante, se puede llevar a todos lados. El sueño de poder tener un teatro, una sede, una casa en Funes siempre está. Por ahora visitamos escuelas, visitamos espacios como Casa Zulú, pero la idea siempre es tener un teatro en Funes es un sueño.
-¿Hubo un proyecto de hacer un colectivo entre actores de Funes y Roldán?
-Sí, pero quedó en una idea que se desarrolló en algunos eventos que pudimos hacer. Consideramos que lo colectivo es una herramienta fundamental para crear, salir adelante y encontrar nuevos caminos. Fue un lindo tiempo cuando nos conocimos con colegas de teatro y de títeres, pero siempre nos reenontramos en las marchas.
-¿Qué es el Circuito Interbarrial de Teatro?
-El Circuito Interbarrial de Teatro es un programa de vecinos y actores de Rosario, fundado en 2004 por Gustavo Guirado, en el que comencé a trabajar desde el inicio en el Distrito Norte, donde dirijo a vecinos y vecinas del barrio. El grupo de llama “Locos de la jaula” porque ensayábamos en una biblioteca de la Escuela 1º, del barrio Rucci, frente al padre Ignacio, en un espacio muy reducido: imaginate a más de 20 vecinos llenos de adrenalina, euforia y una gran necesidad de expresarse, y por eso el nombre. Una nena de la Escuela Lerrechea participó de un pesebre viviente del barrio Rucci y allí conocí al productor cultural José Tinelli, quien me alentó a presentarme a dar talleres de teatro en Villa Hortensia. Ahí arranqué da dar los talleres para niños y jóvenes en el año 2000 porque tenía que ser vecina del barrio y gracia a eso y un poco de prepotencia de trabajo porque había presentado una carta en la municipalidad, me convocaron al Circuito Interbarrial y desde 2022 estoy coordinando el programa, que tiene una ordenanza que hace que pueda continuar a lo largo de las gestiones y los años. Y hoy funciona en todos los distritos de la ciudad, con un grupo de actores y docentes, que hace que en cada distrito haya una grupo de vecinos que prestan un servicio a la comunidad: es un teatro hecho por vecinos para vecinos, llevando el teato a rincones donde no tienen acceso.
-¿Hacer teatro es terapéutico?
-El teatro transforma la vida de las personas y del entorno porque la persona siente que tiene un lugar y un espacio para contar, para contarse porque a través de un texto teatral, que puede ser un clásico de Shackespear o de Moliere, el vecino o la vecina se cuenta a sí mismo también, narra su propia historia, su geografía. Y eso lo vemos todos los días en los distritos. Hay una persona de 88 años que dice: “El teatro me regaló años de vida”.
-Sos actriz, dramaturga, docente, gestora cultural. ¿Cómo te definirías?
-Siempre fui actriz, pero en los últimos años me estoy volcando más a la dirección, a la dramaturgia y a la gestión cultural. Esto apareció en mí desde muy pequeña, no podría hacer otra cosa, y amo el teatro tanto como los pájaros aman volar.