Un estudio analizó datos de casi 6.500 mujeres de nueve localidades santafesinas relevados durante los Campamentos Sanitarios de la UNR entre 2008 y 2018
10:05 hs - Domingo 02 de Agosto de 2026
Durante años fueron relatos dispersos. Historias escuchadas en consultorios, conversaciones repetidas en pequeños pueblos agrícolas y registros que se acumulaban silenciosamente en encuestas sanitarias realizadas por estudiantes de medicina. Con el tiempo, esos datos comenzaron a mostrar una tendencia. Ahora, un estudio publicado en la Revista de Salud Pública de la Universidad Nacional de Córdoba reunió esa información y encontró una asociación que enciende nuevas alertas sobre la salud de las poblaciones rurales expuestas a pulverizaciones agrícolas.
La investigación fue realizada por integrantes del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y analizó la evolución de los abortos espontáneos y del hipotiroidismo en nueve localidades santafesinas rodeadas por extensas áreas de agricultura intensiva. El trabajo examinó información correspondiente al período 2008-2018 y alcanzó a 6.497 mujeres de entre 18 y 70 años.
Los investigadores trabajaron con datos obtenidos durante los denominados Campamentos Sanitarios, una experiencia desarrollada por la UNR en distintas comunidades de las provincias de Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos. A través de relevamientos casa por casa, en este caso de localidades santafesinas, estudiantes avanzados de medicina recopilaron información sobre enfermedades, condiciones de vida y antecedentes de salud de los habitantes.
Los pueblo fumigados
Las localidades incluidas en el estudio fueron Acebal, Arteaga, Chabás, Luis Palacios, San Genaro, San Jorge, Sastre, Timbúes y Villa Eloísa. Todas tienen una característica en común: están insertas en una región donde la agricultura industrial ocupa una porción predominante del territorio y donde los cultivos son sometidos regularmente a aplicaciones de agrotóxicos. Según los autores, en algunos casos hasta el 80 por ciento de la superficie local está destinada a producciones pulverizadas con agroquímicos.
El estudio fue realizado por Damián Verzeñassi, Facundo Fernández, Daniela Madanes, María Agustina Etchegoyen, Guillermo Hough y Alejandro Vallini, investigadores vinculados al Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNR, la Universidad Nacional de Mar del Plata, la Universidad del Chaco Austral, la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires y otras instituciones académicas y científicas del país.
Más abortos espontáneos
Uno de los principales hallazgos fue el aumento de los abortos espontáneos ocurridos durante el primer trimestre del embarazo. El trabajo registró 2.870 embarazos entre 2008 y 2018. De ese total, 369 terminaron en pérdidas gestacionales y 285 de ellas se produjeron durante las primeras semanas de gestación. Al analizar la evolución temporal de esos episodios, los investigadores detectaron un crecimiento sostenido.
Entre las mujeres de hasta 30 años la proporción de pérdidas en el primer trimestre pasó de 4,1 a 12,8 por ciento. Entre las mayores de 31 años el aumento fue de 11,1 a 19,8 por ciento. En términos generales, el estudio concluye que la frecuencia de abortos espontáneos tempranos se incrementó 2,4 veces durante la década observada.
También más hipotiroidismo
La segunda variable examinada fue el hipotiroidismo, una enfermedad producida por una disminución de la actividad de la glándula tiroides y que puede afectar múltiples funciones del organismo, incluida la salud reproductiva. La investigación determinó que la prevalencia de esa patología alcanzó al 11,9 por ciento de las mujeres relevadas y que la incidencia de nuevos casos creció 2,5 veces entre 2008 y 2018.
Pero el dato que despertó mayor interés entre los autores no fue solamente el incremento de ambas condiciones, sino la coincidencia temporal entre ellas. Los registros muestran que, a medida que aumentaban los diagnósticos de hipotiroidismo, también crecían las pérdidas gestacionales tempranas.
Tras ajustar estadísticamente los resultados por edad, los investigadores concluyeron que las mujeres con hipotiroidismo presentaban un riesgo significativamente mayor de sufrir abortos espontáneos. En concreto, la probabilidad de atravesar una pérdida gestacional fue un 40 por ciento más alta en comparación con aquellas que no registraban esa enfermedad.
Los agrotóxicos como factor común
El trabajo sitúa estos resultados dentro de una amplia discusión científica internacional sobre los efectos de determinados compuestos químicos sobre el sistema endocrino y recuerda que diferentes investigaciones señalaron que algunos plaguicidas pueden actuar como disruptores endocrinos, alterando mecanismos hormonales esenciales para el desarrollo fetal y el mantenimiento del embarazo.
También mencionan antecedentes regulatorios. Entre ellos aparece un informe de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (Efsa) que identificó decenas de ingredientes activos utilizados en agroquímicos con potencial capacidad para afectar la función tiroidea. Ese antecedente es citado como uno de los elementos que respaldan la necesidad de profundizar las investigaciones sobre los posibles impactos sanitarios de las exposiciones ambientales crónicas.
Señal de alarma
Los autores sostienen que la magnitud de los incrementos observados y la coincidencia de los patrones detectados constituyen señales de advertencia que merecen atención sanitaria y científica.
La publicación se inscribe además en un debate que desde hace más de dos décadas atraviesa a buena parte de la geografía santafesina. En numerosos pueblos y ciudades, vecinos afectados por las fumigaciones se organizaron en asambleas, impulsaron reclamos ante concejos municipales y recurrieron a la Justicia en busca de medidas de protección para la salud de comunidades expuestas.
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Uno de los casos más emblemáticos fue el de San Jorge, donde habitantes del barrio Urquiza promovieron un amparo que en 2009 derivó en una resolución judicial que restringió las fumigaciones cercanas al área urbana. Posteriormente, la Cámara de Apelaciones confirmó el criterio precautorio y estableció distancias mínimas, en un fallo que marcó jurisprudencia a nivel nacional.
Años más tarde, otros conflictos en localidades del centro-oeste santafesino también llegaron a los tribunales, mientras que recientemente la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe confirmó restricciones de hasta 1.000 metros para fumigaciones en zonas periurbanas en causas originadas en Sastre, Zenón Pereyra y Piamonte, al considerar acreditada la existencia de riesgos para la salud y el ambiente.
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De ese proceso surgieron además ordenanzas municipales que ampliaron las zonas de resguardo alrededor de áreas pobladas. Mientras organizaciones sociales, profesionales de la salud y académicos reclaman mayores controles y estudios epidemiológicos de largo plazo, entidades vinculadas al sector agropecuario sostienen que los productos autorizados son seguros si se aplican conforme a la normativa vigente. La controversia, lejos de resolverse, continúa abierta.
Más allá del debate social y científico, el valor principal del estudio radica en la escala de información analizada. Son casi 6.500 mujeres observadas a lo largo de una década en comunidades concretas de la región agroindustrial santafesina. Para los investigadores, esos registros aportan evidencia epidemiológica de base territorial, una herramienta poco frecuente en un campo donde muchas veces predominan los estudios experimentales o los análisis de laboratorio.
Las conclusiones plantean que el aumento simultáneo de abortos espontáneos e hipotiroidismo debería ser considerado una señal de vulnerabilidad sanitaria en poblaciones rurales expuestas a pulverizaciones agrícolas. También reclaman profundizar las investigaciones y fortalecer políticas públicas orientadas a la prevención de riesgos ambientales para la salud de las mujeres.
A casi tres décadas de la expansión del modelo agrícola basado en cultivos extensivos y uso intensivo de plaguicidas, el trabajo aporta nuevos datos a una discusión que lejos está de cerrarse. Lo que comenzó como una acumulación de testimonios recogidos en pueblos del interior hoy se transformó en una investigación científica que vuelve a interrogar la relación entre ambiente, producción y salud.
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