Yoga y pilates: cada vez son más los adeptos a las disciplinas calmas
El fenómeno no es nuevo, pero crece y se masifica. Muchos de aquellos que hasta hace poco se mataban con clases aeróbicas, pesas y frenéticos pedaleos comenzaron a optar por disciplinas más tranquilas y descontracturantes. Una slow life, vida lenta y desacelerada, por la que los gimnasios se llenaron de adeptos al yoga...

Domingo 24 de Enero de 2010

El fenómeno no es nuevo, pero crece y se masifica. Muchos de aquellos que hasta hace poco se mataban con clases aeróbicas, pesas y frenéticos pedaleos comenzaron a optar por disciplinas más tranquilas y descontracturantes. Una slow life, vida lenta y desacelerada, por la que los gimnasios se llenaron de adeptos al yoga, el pilates, los masajes relajantes y otras actividades que invitan a la calma, la “alineación”, la “armonización” y hasta “la búsqueda del yo interior”, tal cual dicen los propios
instructores.
  A la vez, la ahora calma comunidad cambia hábitos de alimentación, medita y hasta abandona la medicina tradicional por otras alternativas como la india “ayurveda” (que en idioma sánscrito significa “duración de la vida” y “verdad”).
  El Estudio de Gabriela Morales ya tiene 23 años en la ciudad. Morales, discípula de las bailarinas Patricia Stokoe y Marta Subiela, fue pionera en materia de gimnasia “suave” y sensopercepción (un trabajo que desarrolla la conciencia corporal y ayuda a hacer cambios profundos para dar respuestas a los malestares físicos). A su instituto va gente de 3 a 80 años, de ambos sexos, para también practicar —entre otras cosas— esferodinamia, tai chi chuan, expresión corporal, danza contemporánea y alineamiento.
  Morales reconoce que en 1991 intentó dar clases de yoga, pero la propuesta “no funcionó”. En cambio ahora la disciplina es “muy buscada”, al igual que el pilates.
  “Aquí tenemos cuatro estilos de yoga: el hatha (básico), iyengar (con elementos que profundiza la actividad del hata), ashtanga (más dinámico, casi aeróbico) y kundalini (un trabajo donde también se canta y medita). El yoga ayuda a los cuerpos, a las posturas”, explica Morales quien advierte que “no se pueden extrapolar las culturas”. Y da un ejemplo. “Los hindúes viven sentados en el piso, pero acá donde nos pasamos toda la vida en sillas algunos ejercicios se nos complican, además la cultura hindú busca el acercamiento a Dios y mantener el cuerpo más conectado con el espíritu, pero en occidente tenemos otras creencias, otros hábitos. Hay gente que viene sólo con el deseo de relajarse y el yoga no es tan relajado como se cree, es potente, pero es un trabajo lento, de autoconciencia corporal que, sumado a una buena respiración, puede producir cambios profundos”, subraya Morales.
  Y en cuanto a pilates, menos aceptado por los varones todavía, también marca diferencias de estilos y niveles. “Lo hacemos en piso y también sobre las camas de acuerdo a las posibilidades de cada uno. Lo importante para mí es entender que hasta 20 años el discurso era «si la actividad física no duele, no hiciste nada». Ahora se busca estar en movimiento, pero más relajado y en equilibrio; el alerta del siglo XXI es ir contra el
sedentarismo”.

  Con una visión más ligada a la mítica oriental, Miguel Llull —de nombre espiritual Mohan— también reconoce el crecimiento del caudal de fans que se inclinan por el yoga. “Antes venía sólo gente grande, ahora se incorporaron muchos jóvenes que manifiestan estar muy estresados. Para mí, el yoga es algo total, que incluye conciencia del ser que es uno mismo y absoluto, la meditación, higiene, una buena alimentación, cantar mantras; no es sólo ejercicio físico ”, asegura.
  Llull brinda clases desde hace 15 años en el gimnasio de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y también en el complejo municipal Belgrano Centro. Y con practicantes de ambos espacios, con más de un año de experiencia, realizó una estadística que retrata los beneficios que aporta el yoga. Según confirma el trabajo, al 94,54 por ciento le aportó más serenidad, al 87,50 por ciento le brindó mayor relajación, el 80,36 por ciento expresó mejor sus emociones y el 58,93 por ciento aprovechó mejor su tiempo.

Pilates y masaje. La cadena de gimnasios Euro tiene 9 eslabones. En sus orígenes, la gimnasia aeróbica, esa que hace moverse y transpirar como loco era todo un sello. Pero con el tiempo, en cada espacio se fue incorporando yoga y pilates, dos actividades que se ambientan especialmente con un “clima tranquilo” en el Euro Salud de barrio Martin. Así lo describe Sabrina Ferrara, titular de este gimnasio que ofrece pilates mat (con colchoneta), reformer (en camillas y con más dificultad) y circuitos (combina camillas con otros implementos como trapecio, chair y ladder barrel), actividades que tonifican y elongan y que son propicias también para gente que debe rehabilitarse de una lesión o posoperatorio.
  “Con el pilates además podés modelar el cuerpo pero con luces tenues y música suave. Depende de la personalidad de cada uno, hay gente que descarga tensiones corriendo, haciendo una coreografía a buen ritmo y alto impacto, otros expresan que así se tensionan. Quieren quemar calorías, pero sintiendo cierta armonía entre el movimiento y el ambiente. Por eso acá vienen también muchas embarazadas, en realidad el 90 por ciento son mujeres, entre 18 y 80 años”, dice Ferrara.
  Otra variante serena son los masajes. La oferta es amplísima: descontracturantes, linfáticos, reductores, tántricos, tailandeses, reflexología (en los pies) o la combinación de varios de ellos. Andrea Boffa, docente de expresión corporal y actriz, los realiza desde hace dos años y los define como masajes ayurveda, basados en técnicas de Kerala, sur de la India. Dice que la demanda crece porque también “crece el desequilibrio personal y la gente busca armonía holística y unidad entre el cuerpo, el espíritu y la mente”. Para ella, si hay desequilibrio en una de esas partes, todo se desequilibra y remarca: “El masaje no es mágico, si no se lo complementa con una alimentación natural, con meditación, adecuada respiración, ejercicio y medicina alternativa. Las enfermedades y contracturas están muy ligadas a los deseos insatisfechos de cada persona, por eso es muy importante lo espiritual, el deseo pesonal y el amor”.
  Boffa realiza los masajes a domicilio, lleva consigo una futoneta (futón-colchoneta rellena de algodón), esencias naturales y música espiritual meditativa y mantras (oraciones). También tiene una propuesta descontracturante y colectiva para personal de empresas y jerárquicos, una variante muy desarrollada desde hace años en el exterior. l