Miércoles 20 de Diciembre de 2023
Hace unas semanas, dos mujeres se acercaron a la parroquia Santa Agripina, en la zona norte de Rosario, para pedir una bendición para su unión. No era la primera vez que el sacerdote Jorge Aloi recibía ese tipo de solicitudes, tan importantes para las personas cristianas. "Si bendecimos armas, cómo no lo vamos a hacer con uniones por fuera del matrimonio", reflexionó en diálogo con La Capital, días después de que se conociera la declaración del Vaticano, que por primera vez habilitó la posibilidad de consagrar a parejas compuestas por personas del mismo sexo o las integradas por quienes hayan tenido una unión anterior.
A través de un documento, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe aprobado por la autoridad papal precisó que existe "la posibilidad de bendiciones de parejas en situaciones irregulares y de parejas del mismo sexo", aunque aclaró que su forma "no debe encontrar ninguna fijación ritual por parte de las autoridades eclesiásticas, para no producir confusión con la bendición propia del sacramento del matrimonio".
La decisión tuvo varias lecturas dentro de la iglesia Católica. Están quienes consideran que la medida en realidad habilita una práctica que de hecho ya realizaban muchos sacerdotes, en distintos países incluida Argentina. Sin embargo, señalan también que abona el enfrentamiento entre la cúpula más conservadora, siempre contraria a los gestos de acercamiento a la comunidad LGTBI+.
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Para el sacerdote que cumplió 18 años de trabajo en el barrio La Florida, la resolución se inscribe "en lo que uno intuye que es el pensamiento del Papa".
Entonces, dice, "cuándo uno se preocupa por las personas entiende que los sacramentos son para las personas y empieza a facilitar, a no entorpecer y a allanar caminos". Los fieles, en definitiva, tienen que "encontrar en la Iglesia gestos que faciliten el acceso, no una aduana que les exige papeles".
Para Aloi, "el hecho de tener un gesto de cercanía, de misericordia, poder entender la realidad de la gente es muy positivo", por lo cual estima que la declaración del Vaticano "va a ser bien asumida por muchos fieles", aunque no descarta que tendrá también "fuertes rechazos por parte de un sector de la Iglesia, muy obedientes de lo que decían otros Papas".
En Argentina la ley de matrimonio igualitario se sancionó el 15 de julio de 2010, fue el primer país de América Latina en reconocer este derecho a las parejas del mismo género, ubicando a la agenda de la diversidad sexual en el centro de la esfera política, estatal y pública.
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Rosario fue una ciudad pionera en dar curso a la ley. El 31 de julio de ese año se casaron Martín Peretti Scioli y Oscar Marvich, una de las primeras parejas del mismo sexo que pudo legalizar su situación en el país. Desde entonces, cada año representan un mayor porcentaje sobre el total de uniones asentadas en el Registro Civil.
Cuando la ley cumplió diez años, se estimó que existían unos 24 mil matrimonios igualitarios en todo el país, mientras que en Rosario existían unas 1.800 parejas del mismo sexo unidas por la ley.
Abrazados
El sacerdote de zona norte asegura que la nueva medida de la Iglesia, en realidad avala una práctica que existe desde hace años.
"Si en algunas épocas se bendijeron las armas, como no vamos a bendecir a dos personas que te lo piden, bendecir el amor de dos personas es absolutamente coherente con lo que nos enseña Jesús", afirma y explica que "todos los sacerdotes nos hemos encontrado con situaciones de parejas que se nos acercaron a pedir una bendición".
En este sentido, la resolución "respalda esas prácticas", más allá de que considera "mucha gente se pueda mantener en sus trece y no aceptarlas", porque "dentro de la Iglesia hay disparidad de pensamientos, ideologías y opciones".
"Creo que el Papa Francisco, tan discutido en Argentina, tan amado en otros lugares, y tan odiado en sectores de poder de la Iglesia ha recuperado un aire del Evangelio que nos había dado el Concilio Vaticano II", es "como una pequeña primavera en el invierno de la Iglesia", concluye.