Martes 21 de Noviembre de 2023
La casona de San Luis 448 construida en 1924 que fuera casa familiar y estudio del arquitecto Hilarión Hernández Larguía fue noticia esta semana por el robo de las rejas de bronce de sus ventanas de la planta baja: dos piezas únicas y de alto valor patrimonial que se presume pudo haberlas confeccionado el escultor y cuñado del arquitecto, Rogelio Yrurtia, el mismo que los dos guardianes de más de seis metros que tiene en su explanada el Museo Castagnino.
Sin embargo, en medio del "duelo" de la desaparición de las obras, quienes desde hace dos meses alquilan a la familia Hernández Larguía el inmueble de tres pisos no dan marcha atrás con un proyecto que va más allá de recuperar y habitar la casa. La propuesta es rearmar el espacio de trabajo de Don Hilarión como lo que fue, un estudio de arquitectura, ya que uno de ellos es estudiante avanzado de la carrera, y además convertirlo en un centro cultural abierto al público donde, justamente, se rescate la vida y la obra del mítico arquitecto que sembró decenas de obras en la ciudad.
El inmueble, catalogado de valor patrimonial de la ciudad en la categoría 2b, lo que significa que no se puede demoler y se deben conservar las fachadas y las partes interiores de valor, estuvo desocupado por muchos años e incluso a la venta. Recién hace dos meses fue alquilado por dos jóvenes, uno de ellos estudiante de los últimos años de carrera de Arquitectura de la UNR, Valentino Colovini.
"Cuando lo vi se me abrieron los ojos, sé del valor que tiene y por eso hicimos todo lo posible para llegar a un acuerdo con la familia que aún es propietaria de la casa de modo de poder ponerla en condiciones", contó a La Capital.
Su búsqueda apuntaba a un espacio de vivienda y trabajo, pero llegar a alquilar la casa y estudio de Hilarión Hernández Larguía cambió un poco los planes y amplió el proyecto con la idea no sólo de que su propio espacio de trabajo funcione allí. Quieren "recuperar el estudio de Don Hilarión y que sea un espacio abierto al público, donde se pueda dar cuenta de su obra en la ciudad", contó Colovini.
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Una red que avale el proyecto
De hecho, para poner en valor la propiedad, Colovini recurrió a los archivos del Museo de Bellas Artes Juan B. Castagnino, quizá la obra más emblemática de Hernández Larguía en Rosario, y de la Casa Vanzo recuperada como sede de la Biblioteca y Archivo del Museo, que funciona a pocas cuadras en el parque Independencia, y la Secretaría de Cultura de la Municipalidad.
"Nosotros ya comenzamos con el trabajo en la casa y le estamos dando uso", indicó Colovini, pero señaló que la intención justamente es mover estas redes en la ciudad, que además del Estado municipal incluyen a familiares, otros arquitectos y discípulos del propio Hernández Larguía como Aníbal Moliné, para que de esa manera lograr avales en el proyecto.
"El corazón de la propuesta es lograr que, además del uso privado que tenga la casa, la planta baja donde funcionó el estudio de Don Hilarión pueda también quedar abierta en parte al público -insistió Colovini-. Y que en esa planta baja coexistan el estudio de arquitectura y un espacio cultural que dé cuenta de su vida y de su obra".
Si bien el trabajo recién comienza, la intención y, sobre todo el deseo, de Colovini es que el espacio esté funcionando en marzo del año próximo. Incluso, no descarta trabajar junto a los arquitectos del Open House Rosario para que, así como la edición 2023 estuvo dedicada a Ermete De Lorenzi, en 2024 el eje sea Hernández Larguía.
Además, el enclave de la casona en la ciudad no es tampoco menor. Se levanta en la última cuadra de San Luis, cuando la calle termina sobre la barranca. Ese sector que uno de los dos hijos de Hilarión, el también reconocido músico Cristián Hernández Larguía, recordó en los tiempos de su infancia como "un descampado". En la misma cuadra, lindera a la casa familiar y estudio, se levanta otra de las casas construidas por Don Hilarión y, en la esquina, el Club de Pelota Paleta, otro edificio patrimonial de la ciudad.
Desde siempre, una casa museo
El edificio de tres plantas se construyó en 1924, cuando apenas Hernández Larguía se había instalado en la ciudad tras haber pasado primero su infancia en el campo y, más tarde, cursado la carrera de Arquitectura en la Universidad de Buenos Aires, la única que por entonces funcionaba en el país.
En ese momento, el arquitecto ya trabajaba junto a su socio Juan Manuel Newton, con quien tuvo una prolífica relación laboral durante varias décadas. Sin embargo, en paralelo, Hernández Larguía se convertía en la ciudad en uno de sus gestores y referentes culturales, y la casa en una caja de resonancia de esa labor.
Quien mejor describe esos años fue justamente su hijo Cristián y refiere justamente a su infancia en la vivienda de calle San Luis. "Todas las paredes, hasta los mínimos huecos, salvo la cocina y los baños, estaban tapizadas de obras de pintores argentinos, además, una importante colección de obras coloniales de la Escuela Cuzqueña. Pero quizá lo que más nos marcó, fueron los almuerzos y cenas en mi casa paterna", escribió en 2016 en una columna de opinión que tituló "Cómo y dónde viví mi infancia".
El músico recordaba además a las figuras que transitaron el inmueble ahora en recuperación y contaba: "Allí podíamos, con mi hermano Iván, encontrarnos, con Jorge Luis Borges, Roberto Giusti, Francisco Romero, el pintor japonés Tsuguhauri Foujita, el grabador húngaro Sergio Sergi, las hermanas Cossettini, Julio Payró, Jorge Romero Brest, músicos, artistas plásticos, escritores, poetas, filósofos. En fin, como solía decir mi hermano Iván (también reconocido arquitecto), con esos antecedentes y con un entorno cultural como ése, salvo que fuéramos unos paquidermos, algo debió quedarnos”.