Un informe de la Bolsa de Comercio planteó una posible moderación del fenómeno, aunque la OMM mantiene en "muy fuerte" la categorización del evento que se extenderá, al menos, hasta febrero
18:13 hs - Martes 06 de Octubre de 2026
En un contexto en el que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) ubicó al trimestre octubre-noviembre-diciembre como el más crítico en relación al desarrollo de El Niño, un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) anticipó de manera potencial que la intensidad del fenómeno podría disminuir en el mismo período mencionado.
En un artículo titulado "La intensidad prevista del «Niño» podría bajar de muy fuerte a fuerte", desde la BCR afirmaron sobre un posible cambio en la manera en la que impactará el fenómeno en la región este trimestre.
A principios de septiembre y con un pronóstico consolidado, desde la Organización Meteorológica Mundial (OMM) anunciaron oficialmente que El Niño se desarrollará en su fase "muy fuerte" hasta fin de año, la escala más alta prevista por el organismo para este fenómeno. Además, aseveraron que se extenderá, al menos, hasta febrero del 2027.
Desde el organismo internacional que conduce la argentina Celeste Saulo afirmaron que "es la primera vez que una actualización de la OMM sobre El Niño/La Niña es tan inequívoca, lo que refleja el fuerte consenso dentro de la extensa red" de la entidad, conformada por agencias, institutos y servicios meteorológicos de más de decenas de países.
El Niño ocurre cuando la temperatura superficial del océano Pacífico ecuatorial supera 0,5º en promedio de manera persistente durante cinco trimestres móviles (que se actualizan cada mes) y esto, a su vez, se acopla con el fortalecimiento o debilitamiento de los vientos alisios (vientos tropicales que soplan regularmente de este a oeste). En un año sin desequilibrios, esos vientos mueven las aguas cálidas hacia la zona del sudeste asiático y Oceanía para darle espacio al surgimiento de aguas frías y ricas en nutrientes desde las profundidades de las costas de Sudamérica. Basta apenas con que alguna de las variables cambie su regularidad para que ese equilibrio se rompa naturalmente, algo que pasa cada dos a siete años y que dé paso a un fenómeno que suele durar entre 9 y 12 meses.
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Si bien El Niño ocurre hace miles de años bajo esa dinámica, este episodio llega acompañado de un contexto particular: un planeta que supera sus marcas anuales de temperaturas máximas producto del cambio climático provocado por las actividades humanas y océanos que rompieron sus récords de temperaturas entre 2023 y 2025 de forma consecutiva.
Posibilidades en torno a El Niño
La revisión del desarrollo del fenómeno es algo cotidiano, sobre todo en el marco de registros con una marcada anomalía en la temperatura superficial del oceáno Pacífico, uno de los indicadores que expresan, junto a otras variables, el desarrollo o no de El Niño.
La meteoróloga Vanessa Balchunas planteó, en diálogo con La Capital, que este eventual cambio en la intensidad marcado por el informe de la BCR es apenas "una posibilidad que está apareciendo en determinadas proyecciones y mediciones, y que debe confirmarse con las próximas actualizaciones" de las mediciones de la temperatura superficial del océano Pacífico.
"La situación no puede presentarse ya como el descenso de «muy fuerte» a «fuerte». Hoy no sólo hay un calentamiento de las aguas del Pacífico, sino que el fenómeno está activo. Se destaca que a pesar del alto calentamiento oceánico, el impacto sobre las lluvias en Argentina no es todavía tan generalizado como se estaba esperando y en la zona núcleo las precipitaciones de septiembre fueron inferiores a las esperadas", explicó, para agregar que "El Niño es un condicionante muy importante, pero no el único forzante del clima local".
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En ese grupo de forzantes, detalló, también entran en juego tanto el aire frío proveniente del sur como las corrientes atlánticas frías y secas, que impiden un sostenimiento de la humedad que llega desde el norte que podría derivar en un aumento de precipitaciones.
Revisión del fenómeno
La especialista planteó no hablar de situaciones determinantes sino encuadrarse en una "revisión permanente" de El Niño, sobre todo de su intensidad debido a los múltiples forzantes naturales que pueden incidir en cómo se comporta el fenómeno: "Las persistentes nevadas en la cordillera o la corriente de Malvinas siguen aportando aire frío y restan humedad desde el Atlántico. Pero sería muy anticipado decir que El Niño definitivamente bajó de categoría".
"La proyección que anteriormente ubicaba el máximo (de temperatura superficial del oceáno Pacífico) alrededor de 2,4° para diciembre, fue corregida hacia aproximadamente 2°. Y si sigue así en las próximas actualizaciones, podríamos pasar de un escenario «muy fuerte» a uno «fuerte». Hoy no todos los organismos e índices muestran una misma evolución. Algunas mediciones internacionales continúan mostrando anomalías muy elevadas en el Pacífico y mantienen la posibilidad de un evento «muy fuerte» y por eso, más que debilitarse, deberíamos hablar de revisiones", profundizó.
Por eso, Balchunas remarcó que no hay un debilitamiento confirmado del fenómeno, dato que debe ser validado a largo plazo a través de las revisiones y teniendo en cuenta qué factores pueden modificar la situación.
El Niño fuerte sigue siendo riesgoso
La eventual disminución en la categoría de la intensidad no es sinónimo de normalidad ni de la desaparición de riesgos de lluvias importantes, indicó la meteoróloga: "Podría modificarse la magnitud y la frecuencia de los excesos hidricos que se proyectaban originalmente, y tambien podría reducirse el riesgo de precipitaciones extremadamente abundantes. Pero también podrían haber una distribución mucho más irregular: períodos con pocas lluvias intercalados con eventos intensos".
"Con un Niño fuerte no necesariamente todos los sectores recibirán lluvias superiores a lo normal ni las recibirán de manera uniforme. Además, lo ocurrido durante septiembre muestra claramente que intensidad oceánica no equivale automáticamente a cantidad de lluvia sobre Argentina", añadió.
Posible repunte a final del verano
En la totalidad de variables del desarrollo de El Niño también aparece la posibilidad de que, en caso de que el cambio en la intensidad se materialice este mismo trimeste, hacia final del verano también se dé un nuevo repunte.
Al respecto, Balchunas mencionó que las nuevas observaciones que se hacen sobre las condiciones atmosféricas y oceánicas permiten actualizar los resultados que arrojan los modelos predictivos de las principales agencias y servicios meteorológicos del mundo. "Una proyección que hoy baja el pico (de intensidad) previsto, podría volver a corregirse hacia arriba, o descender o establecerse. Existe la posibilidad de que el fenómeno alcance su máximo, comience a debilitarse y luego experimente un segundo fortalecimiento importante hacia marzo, junto con nuestra temporada otoñal que siempre nos trae humedad residual, frentes cálidos y lluvias", apuntó la meteoróloga, aunque recalcó que es sólo una posibilidad y que "hoy no es ese el escenario principal que muestran las proyecciones" ya que los esfuerzos están concentrados en anticipar qué pasará durante estos meses y hacia el verano.
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"El comportamiento de El Niño alcanza su mayor intensidad entre fines de primavera y el verano del hemisferio sur, y posteriormente comienza un debilitamiento progresivo. Incide regularmente en nosotros, por experiencias pasadas, en primavera o fines de verano. Las proyecciones actuales de la Noaa (Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos) apuntan a un debilitamiento significativo hacia marzo-abril-mayo de 2027, aproximándose a condiciones neutrales", concluyó.
Cabe recordar que el único pronóstico oficial para conocer el estado del tiempo es el que emite continuamente el Servicio Meteorológico Nacional (SMN). Si bien existen muchas aplicaciones, incluso algunas que vienen preinstaladas en los celulares, la información que brinda el organismo oficial proviene de meteorólogos y estaciones meteorológicas instaladas y calibradas según estándares de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), ubicadas en los territorios sobre los que se desea conocer el estado del tiempo.