Jueves 16 de Abril de 2020
La disminución del ritmo de contagios de coronavirus no es la única consecuencia del aislamiento social, preventivo y obligatorio. Los 27 días de confinamiento también dejan su huella en la calidad del aire. De acuerdo a un estudio de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), las grandes ciudades argentinas muestran una importante disminución de la contaminación atmosférica. Rosario no es la excepción: los valores del dióxido de nitrógeno, uno de las especies gaseosas elegidas para monitorear la calidad del aire, cayeron en promedio a más de la mitad durante las primeras semanas de la cuarentena. Para los especialistas, es un "dato de fondo" para desarrollar monitoreos, prolongados en el tiempo, que sirvan de materia prima para políticas públicas para mejorar la calidad ambiental.
La reducción del nivel sonoro fue el primer impacto del confinamiento. Rosario se había quedado sin ruido y el canto de los pájaros o las sirenas de los buques se podían escuchar en pleno centro. Después llegaron las imágenes de los arroyos Saladillo y Ludueña, con aguas más claras y también más peces, producto de la retirada de la actividad productiva, recreativa y de la circulación de personas. Ahora, las imágenes satelitales muestran también un aire más puro.
El trabajo divulgado ayer por la Conae forma parte de un estudio sobre calidad del aire en los grandes aglomerados urbanos. Durante seis semanas, las tres anteriores y las tres posteriores al inicio de la cuarentena, el satélite de la agencia espacial europea Sentinel-5p midió los aerosoles atmosféricos y otros contaminantes presentes en la atmósfera de las ciudades de Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mendoza y San Miguel de Tucumán.
En la comparación de los mapas, "los promedios de las tres semanas previas y posteriores obtenidos de las observaciones diarias muestran que el dióxido de nitrógeno (NO?) presente en la atmósfera se ha reducido significativamente tras la definición del aislamiento obligatorio", afirmó María Fernanda García Ferreyra, experta en temas de calidad de aire de la Unidad de Emergencias y Alertas Tempranas de la gerencia de Vinculación Tecnológica de la Conae, quien realizó los mapas.
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El NO? es uno de las especies gaseosas elegidas para monitorear la calidad del aire, debido a que su abundancia está muy relacionada al tránsito vehicular y aéreo, también a la actividad de algunas industrias. Tiene efectos nocivos en la salud humana y además participa en la formación de otros contaminantes atmosféricos.
Cielito azul
En todas las ciudades estudiadas, el mejoramiento de la calidad del aire es notable. "Antes de la cuarentena, en Rosario los valores máximos de dióxido de nitrógeno llegaban a 35 micromol por metro cúbico. En las mediciones posteriores los valores fueron menores a 20, lo que muestra una reducción de más del 50 por ciento", explicó Lara Della Ceca, consultora de proyectos de investigación del Conae, formada en el Instituto de Física de Rosario (Conicet/UNR).
Los mapas, advirtió, permiten observar las consecuencias del uso del transporte en la ciudad y de la actividad portuaria a lo largo del río Paraná. "A partir del decreto de aislamiento obligatorio, estos niveles disminuyeron considerablemente, principalmente por una reducción en el tránsito vehicular", detalló.
La especialista en calidad del aire remarcó que estas mediciones obedecen a una "situación excepcional", producto de la pandemia y advirtió sobre la necesidad de que la ciudad ponga en marcha un monitoreo continuo sobre la calidad del aire.
"El trabajo del Conae se realizó en base a datos de satélites que tienen un margen de error y miden los contaminantes en la atmósfera. No sabemos qué concentraciones existen en el suelo y el aire que respiramos, es necesario realizar un monitoreo continuo de contaminantes, porque además varían en función del clima, el viento o las lluvias", apuntó.
Las altas concentraciones de contaminantes son responsables de numerosos problemas relacionados con la salud pública, no sólo afecciones respiratorias sino también cardiopatías. Además, el dióxido de nitrógeno es el tercer gas que más contribuye al cambio climático, por lo cual los investigadores advierten que es imprescindible reducir sus niveles.
"El incentivo del uso del transporte público o su reemplazo por unidades eléctricas pueden ser medidas efectivas. Pero es necesario tener monitoreos y estudios continuos que nos permitan saber de dónde partimos", concluyó Della Ceca.