Pese al congelamiento, creció el costo de vida en los barrios
La crisis sanitaria golpeó los ingresos en las viviendas populares, en su mayoría correspondientes a trabajadores informales.

Sábado 25 de Julio de 2020

La Sexta, La Lagunita y Mangrullo son tres de los barrios más pobres de la ciudad. La crisis sanitaria golpeó fuerte en los ingresos de esos hogares, en su mayoría de trabajadores informales. Aun así, el mes pasado, una familia necesitó para vivir 56.172 pesos y con 22.778 pesos apenas pudo sostener las necesidades básicas del hogar. Entre marzo y junio, y pese al congelamiento de precios y la disminución de la actividad económica, el costo de vida en los barrios populares de la ciudad se incrementó un 14 por ciento.

Los datos surgen del relevamiento realizado por la diputada provincial Lucila De Ponti y el Centro de Estudios Scalabrini Ortiz, donde se registra y compara regularmente el consumo en barrios representativos como Casiano Casas, La Sexta, La Lagunita y Mangrullo.

La muestra toma como referencia una canasta de alimentos pensada para este sector y releva los precios de esos productos en barrios representativos de la ciudad. Esa particularidad territorial, explican, es lo que diferencia el trabajo del realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) que toma una canasta pensada para una clase media y releva precios en el Gran Buenos Aires.

El indicador del costo de vida de sectores populares corresponde a la medición y seguimiento de una canasta de 37 alimentos, entre los que se incluyen productos de almacén, carnes y verduras. Para el resto de los componentes del consumo de las familias, como el costo de indumentaria y servicios, se efectúa un cálculo indirecto mediante el coeficientes de Engel (que relaciona los gastos alimentarios y gastos totales de un hogar).

De acuerdo al trabajo, durante el mes pasado una familia del sector popular de Rosario necesitó para vivir $56.172. Mientras que para cubrir solamente las necesidades básicas alimentarias, un hogar necesitó en ese mes $22.778.

En marzo, sobre el inicio de la pandemia, una familia promedio de estos barrios había necesitado $49.131, un 14 por ciento más. Según advierte el estudio, a pesar de las medidas de congelamiento de precios y la disminución de la actividad económica y las ventas, el costo de vida en los hogares populares tuvo un incremento del 55 por ciento interanual.

Presente

Para la diputada De Ponti, los números exponen la necesidad de políticas públicas de asistencia alimentaria."Esta situación inédita que nos toca vivir puso de manifiesto algo que veníamos sosteniendo desde hace mucho: la necesidad de tener un Estado presente con políticas públicas y recursos que garanticen el derecho a acceder a una alimentación suficiente y condiciones de vida dignas", explicó.

Y destacó que al comparar estas mediciones con diferentes ingresos de referencia, se evidencia el fuerte golpe al poder adquisitivo. Por ejemplo, el salario mínimo, vital y móvil (SMVyM) de $ 16.875, apenas cubre el 30 por ciento. También quedan cortos el salario promedio de un obrero de la construcción ($ 48.141), de un empleado de comercio ($ 36.385), y de trabajadores de casas particulares ($ 22.777).

De Ponti señaló que los diferentes instrumentos destinados a la población más vulnerable aliviaron en parte la situación de los sectores de menores ingresos. Entre los meses de abril y junio hubo refuerzos en la AUH y la Tarjeta Alimentar, cuyos beneficiarios accedieron además al Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) que permitió incrementar sus ingresos y garantizar la alimentación de menores de 17 años.

Asimismo, los jubilados que cobran el haber mínimo recibieron un bono de $ 3.000 al inicio de la pandemia y el acceso gratuito a medicamentos generalizados, mejorando en parte el poder adquisitivo de un ingreso que actualmente se ubica en $ 16.868.

La legisladora del Movimiento Evita consideró indispensable que los estados provincial y nacional continúen trabajando en conjunto con herramientas para asistir a los sectores más vulnerables de la población y combatir los efectos negativos de la Pandemia en la producción, el consumo y la economía a corto y mediano plazo.

"Es fundamental sumar herramientas que permitan un acompañamiento de los sectores más frágiles de la economía, garantizando cubrir las necesidades básicas y desarrollando nuevas formas de integración, tal y como se lleva adelante por ejemplo con el Registro Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular", finalizó.

En la zona oeste, el Covid-19 profundizó la crisis que se venía sintiendo con fuerza

“Acá la pandemia vino a noquear a quienes ya estaban golpeados. En los barrios de la zona oeste de la ciudad, el coronavirus profundizó una crisis que ya estaba”, señala Nelson Mansilla, referente de el Centro Cultural La Gloriosa, de La Lagunita, en la zona de Seguí y Provincias Unidas. El centro cultural alberga a unos 200 jóvenes que participan de talleres y, además, sostiene diariamente un merendero que pasó de asistir cien chicos a unos 300 niños, jóvenes y adultos del barrio.

El centro cultural funciona desde hace ocho años en el oeste de la ciudad, casi sobre el límite de la avenida Circunvalación. El nombre de La Gloriosa lo eligieron sus impulsores, jóvenes militantes de la JP Evita; después el barrio lo significó. La Gloriosa es el nombre del equipo de fútbol femenino que representa a La Lagunita, que son las mismas mujeres que sostienen la mayoría de las actividades del centro cultural, los talleres de panificación, apoyo escolar, boxeo, entre otras, y el merendero para los más chicos.

Y lo hicieron incluso en los días de más estricto aislamiento obligatorio. “No dejamos ni un día de repartir la merienda”, cuenta Nelson y advierte que desde el inicio de la pandemia se triplicó la demanda del servicio.