Tras una corta dolencia, a los 89 años, el destacado arquitecto que ostentaba el título Doctor Honoris Causa de la UNR, falleció en un centro médico de la ciudad
22:13 hs - Lunes 04 de Mayo de 2026
Alrededor de las 2 de la mañana de este lunes, a los 89 años, murió Augusto Gugui Pantarotto, uno de los arquitectos rosarinos más destacados y queridos, a quien el año pasado la Universidad Nacional de Rosario (UNR) le otorgó el doctorado honoris causa. Luego de una breve dolencia, pasó sus últimas horas rodeado de familiares y amigos en un instituto médico del macrocentro de la ciudad.
Por méritos más que merecidos en su extenso recorrido profesional, reconocidos a nivel local, nacional e internacional, Pantarotto se elevó a la condición de referente de los referentes. Por su conducta y por el valor de sus obras se convirtió en un manual de acceso obligatorio para comprender el caudal y la profundidad de la arquitectura rosarina contemporánea.
Fue un hombre siempre comprometido, con sentido y vocación urbana, por eso llegó a ser secretario de Planeamiento de la Municipalidad y en su amplio trayecto profesional se destacan, entre muchas otras obras, la construcción del Centro de Especialidades Médicas Ambulatorias de Rosario (Cema) en Moreno y San Luis, las torres Dolfines Guaraní en Rosario, el Hotel Panamericano de Buenos Aires y el Hotel Panamericano de Bariloche.
También se destacó con los edificios Banco Israelita Filial II (Córdoba 1825), Bauen Río (Chacabuco 1320), Miracosta Plaza (avenida del Huerto 1253), Quinquela Plaza (avenida del Huerto y Mitre), Deco (Urquiza 1950), Sindicato Luz y Fuerza (Paraguay 1050), Edificio Solar III (Colón y Zeballos), Rochdale IV (Entre Ríos 445) y Rochdale VI (Salta al 1200).
Y con las viviendas Casa Frida Kanter (pasaje Saguier) y Casa Guillén (Colón al 1300), entre otras
Por sus múltiples aportes a la cultura arquitectónica y urbanística y, por lo tanto, al bienestar de la comunidad, la UNR, a través en la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño (FAPyD), lo distinguió el 27 de marzo de 2025. Fue un acto de estricta y merecida justicia, en reconocimiento a su amplia trayectoria profesional, que incluyó lo público, lo privado, y una labor académica de excelencia en la región.
Integró, además, junto a Rafael Iglesia, Gerardo Caballero, Marcelo Villafañe, Gonzalo Sánchez Hermelo, Rubén "Pitu" Fernández, José María D’Angelo y Rubén Palumbo, el mítico Grupo R, que realizó el Congreso en el antiguo Centro de Convenciones del Patio de la Madera, en mayo de 1991, "La Construcción del Pensamiento", que marcó y aleccionó a varias generaciones de arquitectos rosarinos.
En ese evento histórico estuvieron, entre otros, Enric Miralles, Mario Gandelsonas, Mario Corea, Clorindo Testa y Justo Solsona, para reflexionar sobre el ejercicio profesional.
Su paso por la función pública, la influencia de su obra, su coherencia y su innegociable respeto con los hechos urbanos, lo situaron en los escalones más altos de los grandes maestros, de los que dejan huellas, para siempre.
Frente al parque Urquiza, por calle Chacabuco, a metros de 9 de Julio, Pantarotto ubicó hace más de 35 años su estudio profesional en un edificio de su autoría, junto a su hija, Gabriela, su yerno Guillermo, y otros colaboradores.
En cada charla donde era invitado, en cada proyecto, en cada obra, este destacado profesional, siempre levantó las banderas de las virtudes éticas, formales y de posicionamiento, con un vocabulario con características propias. Y desde ese proceso, siempre riguroso, desde su estado de permanente predisposición, su racionalidad, y su frontalidad, sus conceptos representan válidos indicadores disciplinares, que perdurarán en el tiempo.
Pantarotto recordaba, como frase que siempre lo acompañaba: “Como decía Vitruvio, la obra debe servir, gustar y durar”. Claramente, durante cada paso de su extenso y laureado recorrido, respetó, honró y nunca traicionó esa postura. Dejó un legado inequívoco, el más valioso: su vida y una ligazón irrenunciable con el hacer arquitectónico.