Mujeres en la calle: Graciela Lo Tufo, entre el aula y la militancia

Recordada siempre por su alegría, la maestra rosarina impulsó la agremiación de docentes privados y Sadop propuso que una calle lleve su nombre. Fue desaparecida en abril de 1977

Sábado 30 de Marzo de 2024

"Abandono del cargo", dice la resolución del Servicio Provincial de Enseñanza Privada (Spep) del Ministerio de Educación de Santa Fe que en septiembre de 1977 dejó cesante a Graciela Lo Tufo. La maestra no se había presentado a trabajar desde el 14 de abril de ese año y así consta en el documento relevado años más tarde en el libro “Trabajadoras/es de la educación privada desaparecidos y asesinados por la dictadura cívico militar en la provincia de Santa Fe”. Lo Tufo fue una de las 600 maestras y maestros de todo el país que fueron víctimas de la dictadura cívico militar; fue desaparecida de su casa en la misma fecha que consta que dejó de asistir al Colegio Nuestra Señora de la Asunción, en la zona sur de Rosario.

Con 26 años al momento de ser secuestrada, Graciela había sido maestra de 1º, 5º, 6º y 7º grados. Desde ese espacio batalló junto con compañeras de ese y otros establecimientos para concretar la agremiación de los docentes privados. Por eso, por su constante alegría, por su preocupación por el trabajo pedagógico en las aulas es recordada por quienes exigen memoria, verdad y Justicia por ella y por los 30 mil.

Embed

Una placa en la escuela donde dio clases, en San Martín al 1700, una calle con su nombre propuesta por el Sindicato Argentino de Docentes Particulares (Sadop) en el Concejo Municipal; e incluso un mural con su rostro en el Palacio Sarmiento, la sede del Ministerio de Educación de la Nación colocado a 30 años del retorno de la democracia, son algunos de los homenajes que le hacen memoria.

La calle Graciela Lo Tufo, ex calle 1345, está ubicada a la altura de la avenida Casiano Casas al 2200, en el barrio Casiano Casas.

>>Leer más: Mujeres en la calle: Emma de la Barra y el derecho de las mujeres a escribir

Los derechos de los maestros

Graciela Elina Teresa había nacido el 12 de enero de 1951. Nacida y criada en Rosario, se había graduado en el secundario en la Escuela Normal Nº 2 con las mejores notas. Quienes la conocieron recuerdan que siempre ocupaba un lugar en el cuadro de honor del colegio, antes de elegir el magisterio como su carrera por vocación y por oficio.

"Fue una maestra en las aulas y una maestra en la lucha", dijeron para recordarla en uno de los tantos homenajes que se le hicieron en los últimos años. Es que desde el día uno, Graciela dio pelea por los derechos de los maestros, en su caso del sector privado, pero incluso para lograr en esa pelea la integración de los docentes privados y públicos.

image - 2024-03-29T143838.544.png

Ya a inicio de los 70, siendo muy joven, Graciela comenzó su participación como militante de los espacios gremiales que agrupaban a los docentes de las escuelas privadas.

Por esos años, cuando Sadop aún no existía, se habían conformado el Sindicato de Trabajadores de la Educación de Rosario (Sinter) y la Asociación de Educadores de Enseñanza Privada (Aeedep), y en ambos la joven había tenido amplia participación.

>>Leer más: Mujeres en la calle: Jolly Land, la sonrisa de la Nueva Ola

Graciela fue Secretaria Gremial de Aeedep y, además, integró la Central Única de Enseñanza Privada (Cute). En ese tiempo y durante su gestión, los docentes de escuelas privadas obtuvieron la equiparación salarial con los docentes de las escuelas públicas, así como el derecho a reunión en los establecimientos escolares de gestión privada.

Sin embargo, no sólo las cuestiones gremiales la preocupaban. Sus colegas de aquellos años, como la profesora Cristina De Pauli que debió exiliarse en España donde aún reside, contó que Graciela, como tantas maestras, participaba también de los debates y discusiones que se organizaban en la Casa del Maestro, donde incluso integró el grupo "Contenidos" que se dedicaba a la discusión teórica sobre la enseñanza en el aulas.

image - 2024-03-29T143139.796.png

Huerta Grande, 1973, previo a la conformación de lo que luego sería, la actual Ctera. Graciela Lo Tufo es la primera de la izquierda, está agachada.

Alegre y participativa

"Graciela era alegre. Siempre pensaba más en los demás que en ella. Trató de ayudar a los maestros todo lo que pudo, en todos los sentidos y también hizo lo mismo acá, en la escuela", recordó su hermana Marina durante el homenaje que Sadop, sus colegas y su escuela, el Colegio Asunción, le hicieron en 2016 con el descubrimiento de una placa en su memoria.

Fernando Mut, quien integró el Equipo de Investigaciones Históricas Memoria Maestra de Amsafé Rosario, la describió en los tiempos de la militancia gremial. "Graciela participaba en todo y estaba siempre dispuesta, tenía un humor contagioso, hacía el chiste oportuno cuando estábamos agotados, y era la que daba la orden de parar un rato a comer un sándwich o una porción de pizza, era el rato de las anécdotas", recordó.

>>Leer más: La maestra que se llevó la dictadura por contagiar la alegría

Además, tras los años de trabajo en el rescate de las historias de maestros y maestras desaparecidos en la ciudad, recalcó que "lo particular de Graciela, entre todos los compañeros asesinados y desaparecidos, es que ella trabajaba en la enseñanza privada". Y agregó: "Era docente y sindicalista, y trató de lograr la unificación con los maestros de la pública".

image - 2024-03-29T143519.839.png

Mural homenaje.

A Graciela la secuestraron de su casa el 14 de abril de 1977, pero a muchos, incluso en la escuela donde trabajaba, les llevó mucho tiempo comprender lo que había sucedido. "Todos los días preguntábamos si la señorita Graciela se había muerto porque no venía más a la escuela. Hasta que una de las maestras nos respondió: «Ojalá». Recién con el tiempo pudimos comprender el sentido de aquella respuesta tan dura", dijo Mirta Srahulek, ex alumna de Gracieladurante el homenaje histórico que su propia comunidad le rindió en 2016.

Esta nota forma parte del trabajo multimedia "Ahora que si nos ven", que busca recuperar una a una, las intensas y multifacéticas vidas de las mujeres rosarinas que son parte de la ciudad en el nombre de sus calles.