Médica egresada en la UNR, se especializó en atención primaria, transitó tanto modestos centros de salud como despachos oficiales. Tras su prematuro fallecimiento, su nombre está en aulas y calles de la ciudad
Sábado 13 de Abril de 2024
Débora Ferrandini tenía el pelo largo, los ojos redondos y una sonrisa amplia, casi de niña, que aparecía incluso en los momentos más difíciles. Médica egresada en la Universidad Nacional de Rosario, especializada en atención primaria, transitó tanto modestos centros de salud, como despachos de las oficinas donde se definen las políticas sanitarias. Tras su prematuro fallecimiento, hace doce años, se bautizó con su nombre el anfiteatro de la facultad de Medicina, el centro de salud del Distrito Sudeste y un pasaje del barrio Santa Lucia.
Débora Ferrandini nació en 1962 y falleció a poco de cumplir 50 años. Fue una actora clave del sistema de atención primaria de la salud de Rosario y, cuando Hermes Binner llegó a la gobernación, en 2007, la convocó como viceministra de Salud, un cargo que ejerció hasta 2011. Desde ese lugar, organizó los servicios para garantizar el derecho de las mujeres a la interrupción legal del embarazo y cumplir con la resolución ministerial de 2009 que garantizaba estas prácticas. Faltaban aún once años para que el Congreso nacional legalizara el aborto.
Ferrandini definía el ejercicio de la medicina como una artesaría. "Es necesario que revisemos nuestra organización. Es imprescindible pensarnos como artesanos del cuidado, del acompañamiento de la salud de sujetos concretos, con quien es necesario que revisemos cuál es nuestro vínculo y cuáles son los efectos de nuestras prácticas", dice en un video de la Secretaría de Salud Pública municipal que recopila algunas de sus intervenciones en las Jornadas de Intercambio de experiencias de los Centros de Salud.
En ese mismo material, la pediatra Enna Richiger, otra incansable de la salud pública, la define con la frase que da título a esa nota. "Debora era muy creativa y además se hacía cargo de todos los pacientes, del sufrimiento y creo que abrazaba más a la gente que lo que recetaba. Esa era un poco su modalidad de trabajo".
Ese espíritu imprimió como bandera de los equipos de los centros de salud.
Las preguntas incómodas
Débora Ferrandini falleció en 2012. Casi diez años después, el Concejo Municipal aprobó un proyecto para denominar con nombres de mujeres las calles del barrio Santa Lucía. Fue el resultado de un trabajo colectivo realizado por los vecinos para rescatar los nombres “Mujeres que marcaron historia”, como se llamó a la iniciativa.
En 2021, el reconocimiento llegó de parte de sus colegas de la facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario cuando decidieron poner su nombre el el auditorio donde se forman los profesionales de la salud. En el ingreso al aula hay un código QR donde sus colegas dejaron relatos sobre sus días en el hospital, en el centro de salud o en la facultad.
Allí, el ex secretario de salud municipal y actual concejal, Leonardo Caruana (Frente amplio por la soberanía) la recordó como médica y como funcionaria. "Tuve el privilegio de poder aprender de y con ella y el indescriptible desafío que significó ocupar lugares por los que Débora había pasado dejando esas marcas indelebles que sólo dejan los grandes. Tomar sus pacientes en un centro de salud que tuvo que dejar fue el primero y tal vez el más difícil de esos desafíos, porque el vínculo que establecía con ellos era tan fuerte como rigurosa su clínica", dijo.
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Habló de los pases de guardia que compartieron en el Hospital Provincial, "prolongados, profundos que siempre contenían reflexiones respecto a nuestro rol como generalistas" y las luchas compartidas "soñamos con revoluciones y construimos utopías tanto para el sistema de salud municipal de Rosario, la seguridad social en Argentina y hasta Latinoamérica toda", narró y destacó sus valores: su mente brillante, su coraje, una inagotable capacidad de trabajo y una "reflexividad que le permitía aprender del error, transformar a partir del conflicto y ver las luces en la neblina".
El médico Gerardo Payer la recordó como formadora de la especialización en medicina generalista. "Muchas cosas que Débora nos ayudaba a pensar parecían más un anhelo que una posibilidad, eran tiempos parecidos a estos, salíamos del neoliberalismo y había alguien que nos pedía andar con la mirada atenta al sufrimiento del otro y me consuela saber que quien me ayudó a pensar no solo en las múltiples dimensiones que influyen en la salud de la gente sino también en el rol que debe tener el Estado", sostuvo y amosorsamente recordó las preguntas a las que sometía a sus alumnos: ¿Por qué le pedís uremia? ¿Qué es la cultura? ¿Quién leyó a Chesterton? ¿Qué es un problema complejo de salud?, entre muchas otras.
Su colega Mónica Mutti la recordó entre congresos, jornadas, cumpleaños y guitarreadas. "Tuve el honor, el privilegio, la fortuna de trabajar con ella durante los 3 años de mi formación como residente en el Hospital Provincial de Rosario y después compartir más aventuras como jefas de guardia los días domingos. Para muchos era raro que alguien que ya a esas alturas de su carrera laboral había llegado a altos cargos y a un gran reconocimiento nacional e internacional, siguiera trabajando en una guardia de hospital. Lo entendí mucho tiempo después", confesó y subrayó que justamente ese trato "hizo de muchísimas generaciones de médicos jóvenes instrumentos para buscar y crear un mundo un poquito mejor".
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Y siguieron Matías Vidal, Silvia Faraone, Ana Valero, Eugenia Bianchi, Flavia Torricelli, Milagros Oberti, Paula Cantor y Mariano Poblet Machado, Raquel Musso, Gustavo Castaño, Alejo Herrera, Antonio Tesolini, Lucrecia Faccioli, Mario Drisun, Miguel Rabbia, Diego Ainsuain, José María Escalante, entre muchos otros colegas.
Recopilar sus anécdotas, sus elogiso y su cariño excede este artículo periodístico. Pero en todos, sobró el espíritu de haber conocido a una mujer imprescindible, capaz de curar con un abrazo.
Esta nota forma parte del trabajo multimedia "Ahora que si nos ven", que busca recuperar una a una, las intensas y multifacéticas vidas de las mujeres rosarinas que son parte de la ciudad en el nombre de sus calles.